Respondiendo a Futbolín

Para leer las contestaciones a mi carta abierta a Futbolín y a Patrick Bateman acudir a los comentarios de mi ultimo post con dicho título.

Carlos, pero qué buen “discutidor” eres, capaz de encontrar razones que la razón no entiende.

Verás, hasta ahora, yo sólo había utilizado argumentos prestados por esos 2 aprendices que son Aristóteles y Marx, pero ahora, estimulado por tu brillante ejemplo, voy a tratar de utilizar algunos propios.

El hombre, el cochino, el indecente hombre no es sino lo que quiere ser. Por supuesto que hay culés que son tan de ultraderechas como el más feroz de los nazifascistas madridistas, creo que el cuñado de Laporta era uno de ellos, presidente, ni más ni menos que de la Fundación Francisco Franco lo que compartía con un puesto directivo en el Barça.

El problema, la cuestión a resolver es: ¿cuál de las 2 personalidades del cuñado laportiano era realmente la suya propia, la franquista o la barcelonista?

Que Franco y el barcelonismo son antagónicos es otro de esos axiomas que no necesitan demostración y, sin embargo, la historia lo ha demostrado hasta la más perfecta saciedad.
O sea que, en el fondo del alma del cuñado de Laporta y de ese tal señor Carlos de Zaragoza, se debate una feroz lucha interna, entre su simpatía por unos colores, provocada por la excelencia del juego del equipo y por su comportamiento histórico, y su identificación sociopolítica con el canallesco franquismo.

Por eso te hablaba yo de los compartimentos estancos de los submarinos. Éstos, para tener más defensa en casos de la apertura de vías de agua, tienen todos sus compartimento absolutamente estancos, sin ninguna clase de comunicación entre sí, de modo que la corriente de agua nunca podría producirse entre ellos.

En el hombre, sí, en el hombre todas las corrientes, todos los fluidos pueden, ¿y deben? pasar de una a otra parte de su estructura sin demasiadas dificultades, incluso cuando las corrientes son en sí mismas esencialmente contradictorias.

Verás, Carlos, si un tipo es, como yo era ya entonces, esencialmente progresista porque lo había mamado en mi experiencia vital, habiendo sufrido que cuando, a mi padre lo juzgaba un consejo de guerra, casi nada al aparato, y el fiscal le pedía pena de muerte por haber dirigido una función teatral a favor del Socorro Rojo Internacional, algo así como la Cruz Roja española, pero en comunista, a mí, que apenas si tenía 10 años, mis queridos compañeros de juegos fueron a buscarme a mi casa, me ataron las manos a la espalda con una se esas cadenas de persianas enrrollables y me juzgaron y me condenaron y me escupieron muchas veces en la cara una cantinela: “1, 2, 3 y 4, ya tienes Franco ‘pa’ rato.”

De modo que, luego, estudiante en Madrid, amigo íntimo de un madridista acérrimo que, una vez, me salvó la vida, viendo jugar con muchísima frecuencia a aquel Real Madrid de Di Stéfano, uno de los más grandes equipos de la historia, si no el más grande, a un alma juvenil como la mía que, además, quería ser futbolista, la fascinación la indujo a un madridismo exacerbado.

Pero aquella misma alma fascinada fue madurando sociopolíticamente, de manera que un día me encontré analizando, casi sin darme cuenta, que aquel maravilloso equipo ganaba siempre los partidos no sólo porque era muy bueno técnicamente sino también porque, cuando lo necesitaba, los árbitros, como ahora, hacían todo lo necesario para que ganara.

Y mi simpatía, el cariño que yo les tenía a aquellos formidables jugadores, entre los
cuales llegaron a estar, en la media, 2 murcianos, uno, Narro, y otro, jovencísimo de cuyo nombre no me acuerdo, no resistió los durísimos embates de aquella incipiente ideología mía a la que repugnaba decisivamente los continuos abusos que se grababan en mi corazón con la misma lacerante sangre con que lo hizo la cadena de la persiana.

Y grité: “No, no le prestaré mi afecto a un club ladrón y prepotente que no tiene sentido ni de la verdad ni de la justicia” y, dentro, muy dentro de mí, comenzó a incubarse un odio irresistible hacia aquel equipo que a lo peor técnicamente era insuperable, que seguramente lo era, pero que ética y moralmente era absolutamente despreciable y que encarnaba todo lo que aquel franquismo político representaba, la opresión, la prepotencia intolerable, la más feroz de las tiranías.

Dentro de mí, como dentro de cualquier otro hombre, no había, no hay compartimentos estancos, seguramente porque no estamos construidos como los submarinos, dentro de mí había algo que me hacía aborrecer a muerte la mentira y la injusticia que cometía casi continuamente aquel deslumbrante equipo, al que yo seguía yendo a ver en medio de las mayores dificultades, bajo la lluvia torrencial el día que jugaron en Elche y Puskas metió el que seguramente es el mejor gol que yo he visto en mi vida, recibiendo el balón de Di Stéfano, en el saque de centro y regateando uno tras otro a todos los jugadores contrarios hasta meterse con el balón en la portería.

Y, un día, no sé cuándo, cómo ni por qué, dejé de ver aquella insuperable belleza técnica que animaba a aquellos jugadores y comencé a ver únicamente las canalladas, las tropelías que cometía diariamente aquel equipo que protegía con todas sus fuerzas el tirano execrable, ésas que dieron origen a que en todos los campos de España le cantaran aquello de “así, así, así gana el Madrid”.

O sea que aquella adoración irreprimible se había convertido como por arte de magia en un odio todavía más irreprimible aún porque la actuación de dicho club encarnaba, representaba, constituía, promovía, propalaba, contribuía a que todo lo que yo odiaba en el mundo, como progresista, la mentira y la injusticia, siguieran rigiendo en este desdichado país.

Y esto no es un hecho aislado que se ha producido en mi pobre corazoncito sino en el de todas aquellas personas que sientan tan profundamente como yo un ansia irreprimible de verdad y de justicia, que no otra cosa es ser progresista, ser de izquierdas.

De manera que a mí no me entra en la cabeza que Rubalcaba, por ejemplo, acuda al Bernabéu, un día, vea como le roban el partido a la víctima de turno, y no sienta en lo más profundo de su alma progresista una indignación tal que le haga abominar para siempre de un club que practica esta política como estrategia habitual, no sólo con la aprobación sino con el entusiasmo de las gradas.

La solución al dilema no es, no puede ser otra que la de que Rubalcaba no siente realmente en lo más profundo de su corazón ese ansia infinita de verdad y de justicia en que consiste la auténtica pasión de un hombre progresista, porque una de las características del auténtico progresismo es su imposiblidad de contemporizar con la mentira y la injusticia, sin hacer lo que acabé haciendo yo, abjurando para siempre de mi madridismo.

Y todo esto puede predicarse, sólo que al revés, del barcelonismo, la verdad y la justicia. Un nazifascista vocacional, integral, no puede convivir pacíficamente con una posición deportiva que aspira a la verdad y la justicia por encima de sus propios intereses. De modo que el cuñado de Laporta y este tal Sr. Carlos o no son nazifascistas convencidos sino simplemente circunstanciales, o no son barcelonistas de verdad porque deberían de sentir entonces una repugnancia visceral por todo lo que tal sentimiento significa.

Como tú has citado de pasada, Vázquez Montalbán dijo una verdad como un castillo: el Barça es el ejército desarmado de Catalunya, el que defiende pacíficamente las ansias de libertad de un pueblo que se siente esencialmente oprimido, de muchas maneras, una de ellas la futbolística, con toda la razón del mundo.

También has citado a Julián Marías, hijo del discípulo predilecto de Ortega y dicen que buen escritor, yo no lo sé porque no lo he leído nunca porque me constaba su condición madridista. Bien, el tal Marías ha escrito por ahí abominando de Mourinho, pero es un error porque Mou personifica el auténtico espíritu del madridismo, mentiroso, tramposo, ventajista, chulesco, macarra, matón, no puede ser que un hijo de filósofo y escritor haya tardado tanto en descubrir la esencia del madridismo y, sobre todo, qué coño va a hacer ahora un tipo que escribió un libro que tituló “Corazón tan blanco”.

En cuanto a lo que va a suceder con otro desencantado accidental del RM, Carlos Boyero, crítico de cine de El País, no lo sé pero ya hay por ahí miles de fervorosos madridistas que piden su cabeza y no es una metáfora.

Carta abierta a mis grandes amigos Futbolín y Patrick Bateman:

 Ante todo reiterar mi más profunda convicción de que sois 2 auténticos genios.

 El genio no es sino un tipo que ve cosas que a los otros se les esconden y vosotros venís por aquí todos los días a mostrarnos cosas que sin vuestro dedo indicador nosotros no hubiéramos visto nunca.

 Y toda las gracias que os demos por ello serán insuficientes.

 Pero los genios no lo son en todo momento, sobre todo si se olvidan de los clásicos.

 Un clásico es un genio que, además, tuvo la fortuna de acertar con un concepto axiomático. Y el más clásico de todos es un tipo que nació en Estagira hace ya un montón de años y que se llamaba Aristóteles.

 Aristóteles, como Marx, es autor de una máxima absolutamente indiscutible: el hombre es un zoon politikon y todo hombre que no es politico o es un dios o es una bestia. Y el judío alemán nos dijo que todo es economía de manera que cualquier manifestación humana, en el fondo, no es sino una superestructura económica.

 Yo os aconsejo, humildemente, mis queridos amigos, que siempre que os enfrentéis con cualquier problema enfoquéis la cuestión contemplándola desde estos parámetros, sea la que sea.

 Y todo esto a propósito de unas afirmaciones vuestras sobre un tal Carlos de Zaragoza que escribe profusamente sobre el Barça y que políticamente parece que es de extrema derecha.

 Como yo creo que el hombre no es como los submarinos, es decir, que no tiene compartimentos estancos, os digo que este señor o no es culé o no es de extrema derecha porque el principio de contradicción prohíbe ser y no ser al propio tiempo y sobre la misma cosa.

 Miles, millones de personas, piensan, como este señor, que el fútbol y la política no tienen nada que ver. Craso error, ellos también han hecho caso omiso de los clásicos Aristóteles y Marx.

 Quizá el más famoso de todos los que opinan, u opinaban porque el jodido tipo ya está muerto, g.s.d. a D., es o era Franco, el tío, cuando nombró un día ministro a uno de aquellos canallas que colaboraron activamente a la tarea de machacar durante 40 años a nuestro sufrido pueblo, le aconsejó: “y Fulanito, v. haga como yo, no se meta nunca en política”.

 Es lo más paradigmático que he leído en mi vida y debería de explicarse en la 1ª de las clases en todas las cátedras de ciencia política: el tío que por motivos políticos, dijo él, se sublevó contra el régimen político democrática y legitimamente establecido en su país causándole ni más ni menos que un millón de muertos y exprimiéndole políticamente hasta la saciedad durante 40 terribles e interminables años, el tío jodido decía que él nunca había hecho política. 

 Ojo, amigos, todo aquel que diga lo mismo que dijo este abominable individuo está cometiendo el mismo pecado ya que como afirmó Aristóteles ningún puñetero hombre, por más que lo intente, puede dejar de ser político porque contraría su propia naturaleza y se convierte en un dios o una bestia.

 De modo que todos esos que dicen “oiga, a mí no me hable v. de eso que yo no soy político ni quiero” no es más que un jodido hipócrita que está parodiando a Franco y con los mismos motivos: hacer la peor de todas las políticas, aquélla que trata de cegar al ser humano el camino de su propia redención, hacer política, claro, pero de la buena.

 Y esta como dirían los Marx, los famosos hermanos, no es sino la parte contratante de la 1ª parte porque la 2ª es aquella de los que dicen que el deporte no tiene nada que ver con la política.

 Qué hipócritas, que asquerosos, qué repugnantes hipócritas porque los que dicen esto son precisamente unos políticos lo suficientemente rastreros para tratar de sustraer a la política uno de sus más claros instrumentos. Y, después de todo esto que hemos escrito, comenzamos realmente a entrar en el tema: ¿cómo se puede afirmar seriamente que los espectáculos que más masas arrastran hoy día deben de quedar fuera de la actividad y el pensamiento políticos cuando lo 1º que hacen tipos tan distintos como Merkel y el Baboso es abandonar su cotidiana actividad al frente de sus respectivos gobiernos para irse a la tribuna presidencial de los partidos en los que intervienen sus respectivas selecciones nacionales?

 Que tíos tan repugnantemente cínicos como el tal Lisavestky, creo que así se llama, o el Rubalcaba digan que son al propio tiempo socialistas y madridistas no es de recibo sino en un país tan risible como éste nuestro.

 Y aquí es cuando recurrimos definitivamente a Marx:

 Todo no es más que puñetera economía, política, por supuesto. Desde Nerón, nada menos, sabemos que el pueblo, esa masa informe que gusta sobre todo de lo más infame, vive para satisfacer sus peores instintos, ésos que le impulsan a hacer punto mientras espera que funcione la guillotina en París, o que el Real Madrid, RM, humille a esos canallescos independentistas catalanes que están cometiendo el imperdonable crimen de querer excluirse del sagrado privilegio de ser españoles, “anatema sit”, abajo con ellos, muerte y oprobio a todos los catalanes, lo que quiere es pan y circo para olvidar las penas que debería de producirle vivir en perpetuo estado de opresión, de política esclavitud.

 ¿Es o no es político hacer que uno de los equipos que intervienen en la Liga española represente a los españolitos buenos, subordinados, conformes con el “statuo quo” imperante, frente a ese otro aborrecible y asqueroso que entraña la rebeldía ante los más sagrados deberes de la madre patria, con el noble propósito, entre otros nada desdeñables, de embaucarlos para que no piensen ni por un instante en todas las canalladas políticas que se están haciendo con todos ellos, incluso, claro está, con los propios supermadridistas?

 Me ahorro a mí mismo el trabajo de demostrar que el RM es el equipo del Régimen sea éste el que sea porque es tan evidente que, como toda evidencia no necesita demostración, de modo que es metafísicamente imposible que un tipo sea al propio tiempo madridista y demócrata, o, al revés, ultraderechista y culé porque ser del Barça, parodiando a José Antonio, es una de las pocas cosas democráticas auténticas que se puede ser en el mundo, porque siempre ha sido el refugio de todos los perseguidos por el centralismo excluyente superfascista de la capital de las Españas, tal como tan bien expuso el añorado Vázquez Montalbán.

  Y vista la extensión de lo escrito, tenemos que dejarlo aquí. Un abrazo,

Del asesinato como una de las bellas artes o de como es absolutamente legítimo matar a los tiranos.

 Sé que voy a escribir hoy varias blasfemias y que algunos pedirán por ello mi cabeza clavada en una punta de sus lanzas y no protesto porque de eso es precisamente de lo que se trata esta vez, de una auténtica guerra, de una lucha a muerte por sobrevivir y lo he escrito apenas sin ningún trabajo.

 Lo he dicho ya varias veces por aquí, mi pensión es de 1.485 euros, por ahora, y toco madera, y ayer, en la farmacia, me dieron 2 perversas noticias: una que el tanakene ya no lo paga la seguridad social y otra: que de las que sí incluye en su vademecum como fármacos cuasi gratuitos para los anciano y crónicos, nosotros, mi mujer y yo, ambos enfermos crónicos, ella de suma gravedad, un alzheimer avanzado y yo, hipertensión y falta de masa muscular en las piernas lo que me mantiene casi inválido, hemos de pagar el 10% de todas las medicinas y como el Exelon que ella consume diariamente cuesta 200 euros, sólo por esta medicina, de las 15 o 20 que consumimos diariamente, nosotros hemos de sufrir una pérdida de 20 euros mensuales en nuestro poder adquisitivo mientra que Ana “Jaguar” Mato, la autora de esta fechoría, percibirá sólo 1.800 euros diarios, s. e. u o., en concepto de dieta indemnizatoria por prestar su servicio al Estado “fuera de su residencia”, siendo así que ella vive y tiene casa en Madrid y de tal naturaleza que ni siquiera es capaz de saber el número y la marca de los coches que cada día pernoctarn en su poblado garaje, mientras ella se somete a su cotidiana sesión de rayos Uva para estar incluso en pleno invierno tan morena por lo menos como su amigo Javier Arenas. No sé por qué me ha venido a la cabeza la frase de María Antonieta cuando le dijeron que el pueblo de París ya ni siquiera podía comer pan: “Pues que coman pasteles”.

 Pero yo no quería hablar de todas estas jilipolleces canallescas sino de la verdad absoluta, que muchos niegan que la haya, de ahí que antes hablara de blasfemia, pero que  claro que la hay, cuando Adam Smith decía que la riqueza de las naciones se fundamenta en la avaricia del hombre que, al perseguir inicuamente su enriquecimiento personal, provoca al propio tiempo el de todos aquellos a los que explota exprimiéndoles sus plusvalías, no hace con esta falsedad sino establecer una de las verdades más claras de este cochino mundo: cuando el avaricioso empresario esquilma a sus trabajadores la plusvalía que éstos aportan al producto de la empresa con su fructífero trabajo no está enriqueciendo de ninguna manera a éstos sino empobreciéndolos definitivamente: Karl Marx y ésta sí que es una verdad absoluta, la más absoluta de todas, demostrada hasta la saciedad.

 Porque, a partir de ese preciso momento y por mor de la  Ley de bronce del salario, el trabajador siempre percibirá un salario no sólo fijo sino también limitado, mientras el empresario se enrlquece exponencialmente, al propio tiempo sino que aquél se irá empobreciendo proporcionalmente con cada hijo que tiene, hasta llegar a su ruina total que se producirá cuando los cipayos de este canallesco régimen le desahucien de su legítima vivienda por no haber podido pagar la hipoteca o el alquiler y tenga que irse a vivir a la puñetera calle.

 Y, llegados a este punto, entra en acción lo que ayer apuntaba en mi blog de blogger un anónimo comentarista que citaba al egregio Locke, compañero de Berkeley y de Hume, que ya entonces exponían en su filosofía política el derecho a la guerra que asiste a los ciudadanos frente a sus gobernantes, cuando aquéllos son oprimidos de la peor manera por éstos, siguiendo consciente o inconscientemente la senda de nuestros sabios, los padres Vitoria y Suarez, cuando pergeñaron sus doctrinas que permitían incluso la muerte del tirano.

 Y esto no es un simple juego de palabras escrito una tarde de domingo del caluroso estío sino el más firme de los deseos de un ciudadano desesperado que contempla, con la sangre revuelta y encendida, como la tal Ana “Jaguar” Mato me ha condenado a la indigencia, a mí y a mi familia mientras ella se sube al jaguar de su marido y emprende el camino a su residencia veraniega

 Y esta no es sino la canallesca verdad la diga yo, el porquero, o ese jodido Agamenón que ahora es el Babas, o el Baboso, que en esto no hemos podido todavía ponernos de acuerdo mi mujer y yo.

Desvergüenza, desfachatez, canallería


 Dice la sinvergüenza mayor de Reino que hay que acabar con las mamandurrias y lo dice después de que se sepa que uno de sus hijos acaba de ser enchufado en la Administración Central del Estado por ser vos quien sois, hijo de conde o de marqués y de presidenta de la Comuinidad madrileña, de plantar ni más ni menos que una estación del Ave en una finca de su esposo y de haber sobornado a 2 diputados del Psoe para obtener dicha presidencia.

 Y lo dice cuando todos los periódicos decentes de la nación que son apenas 3, Público, El País y El Plural no se cansan de publicar todos los días que desde Rajoy, ignominioso presidente del Gobierno hasta el último de sus detestables ministros, cobran 1.800 euros como dietas por el ejercicio de su actividad fuera de su residencia habitual, siendo así que todos ellos no sólo viven en Madrid sino que tienen vivienda propia en la capital de estas asquerosas españas.

 Dietas, dice el DRAL, son 2. f. Honorarios que un juez u otro funcionario devengan cada día mientras dura la comisión que se le confía fuera de su residencia oficial. U. m. en pl.

 Dicho de otro modo, cada uno de todos estos señores, por llamarlos de alguna manera, encargados por los idiotas del pueblo de que les guarden sus dineros, estafa alevosamente a la comunidad ni más ni menos que 1.800 euros por dicho concepto, que sólo Dios sabe las mamandurrias que sacarán por otros muchos.

 He escrito “estafa” pero podría muy bien haber concurso con otros delitos: malversación de caudales públicos y qué sé yo, que mi cabeza desgraciadamente no está ya para muchas disquisiciones jurídicas.

 Es por eso que yo titulaba el otro día mi post haciendo referencia a que estos señores (¿), que dicen que nos gobiernan pero que hasta ahora sólo parece que nos estafan, no eran sino unos perfectos delincuentes.

 Pero no es esto lo que más me preocupa a mí en estos momentos, lo que verdaderamente me tiene aterrado es constatar la existencia de un pueblo tan lerdo, tan idiota, tan imbécil que es capaz de entregarle mansamente el supremo poder legislativo para que puedan legitimar sus fechorías promulgando, con su mayoría absoluta, las leyes que consideren necesarias, a unos individuos que tan acreditado tienen sus magnificas facultades para robar porque no de otro modo se pueden conseguir esas gigantescas fortunas que todos ellos tienen.

 O sea que estamos gobernados, dicen, por una inacabable serie de berlusconis, y así tenemos, como ministra vicepresidenta del gobierno a una tipa que, además de no tener reparo alguno en salir en la portada de El Mundo casi desnuda, en actitudes absolutamente provocativas como si se tratara de una vulgar prostituta, no sólo mete la mano en la caja de todos cobrando los referidos 1.800 euros de dietas, residiendo como lo hace en Madrid, sino que encima enchufa a su marido, abogado del Estado, como ella, en la Telefónica, empresa que, por 1ª vez en su larga vida ha suprimido el pago de dividendos a sus accionistas porque el parné se lo llevan crudo todos esos honrados personajes que se llaman Undargarín, Eduardo Zaplana y miles señores más de este misma ralea.

 Pero todavía es más llamativo aún el nombramiento que ese genio de la política que es el Babas hizo para ministro de Defensa: no se le ocurrió otra cosa, pero ¿es posible realmente?, que elegir al que era, y seguramente sigue siendo bajo capa, presidente de una compañía que se dedica a fabricar bombas de racimo, o sea, algo así como nombrar jefe de los bomberos al peor de los incendiarios que se conoce.

Y, así, sucesivamente: ministra de Sanidad, ¿a que no saben ustedes a quíén? La Sanidad es quizá el más grande de todos los problemas que tiene planteado este país, después del paro, que se lo ha encargado el Babas a una señora que para resolverlo no se le ha ocurrido otra cosa que irse de romería con una virgen y pedírselo por las buenas.

Pero hablábamos de la Sanidad, tal vez el ministerio que más dinero mueve en España, ¿quién podría administrarlo mejor que una señora cuya única preocupación real, como la de su amigo Arenas, es someterse intensamente a su diaria sesión de rayos Uva para estar siempre lo suficientemente morena y atractiva, o acaso no se trata de eso en Sanidad?

Pues bien, la ministra a la que algunos mal intencionados malhablados llaman Ana “Jaguar” Mato, es tan cuidadosa de los asuntos económicos que ni siquiera sabe el número y la marca de los numerosos automóviles que se encierran, cada día, en su propio garaje, tiene tantos, casi tantos como el de Agricultura, uno de los hombres, dicen, más ricos de España, muy preocupado porque los camareros sepan servir manteca roja cuando un buen gourmet como él se la pida.

 Como ya he superado los 2 folios, tengo que dejarlo pero este pequeño muestrario creo que es suficiente no sólo para saber el nivel moral y mental de la gente que nos gobierna sino para, lo que es mucho peor aún, el de la gente que los ha elegido ni más ni menos que con mayoría absoluta: “qué país, Miquelarena, qué país”, volvería exclamar el bueno de Unamuno y seguramente por eso lo volverían a desterrar a un sitio al que también me desterraron a mí, por cierto, y que él llamó “el culo del mundo”.

La aporía del comunista

 No sé lo que me aterra más de esta gente, su incompetencia profesional o su radical inmoralidad, su falta absoluta de ética.

 Quizá el más potente de todos los filósofos de la historia, el hombre que fue capaz de escribir la crítica de la razón pura y la crítica de la razón práctica, estableció lo que se denomina el imperativo categórico: obra de tal manera que puedas aspirar a que tu conducta sea universal, ese maravilloso acervo de sabiduría popular que es el refranero español lo condensa de esta manera: no quieras para otro lo que no quieras para ti.

 La profunda desintegración moral que se ha apoderado del género humano es lo que nos ha llevado adonde estamos, hemos permitido impertérritos que se hayan adueñado de la moralidad pública principios tales como que el egoísmo y la avaricia son impulsos legítimos en el desempeño de la actividad humana.

 No sólo hemos desoído el precepto kantiano que él expresó como absolutamente categórico sino que hemos hecho caso omiso de ese otro mucho más exigente aún: hay que dar a la sociedad según nuestras capacidades y obtener de ella según nuestra necesidad.

 Si hubiera que resumir en una sola palabra el espíritu que anima este último precepto, yo lo expresaría con el término solidaridad., que hace referencia al impulso de hacerse uno solo con el resto de la humanidad.

 Fue la suprema generosidad de este impulso el que hizo exclamar a  dos de los más señeros representantes de nuestro género aquello de proletarios de todos los países, uníos, quizá la frase mas ambiciosa que nunca se haya pronunciado y que, hoy, uno de esos descerebrados que por una inadmisible aberración de nuestra sociedad se dedica a la más noble de todas las actividades humanas, la política, ha dicho:

“Esta ley permite a todos los ciudadanos disfrutar de una vivienda digna. Y le pido a la señora Villares que retire eso de que el PP roba… ¡Lo que es un insulto es ser comunista hoy en día!”: JOSÉ MARCOS Madrid 25 JUL 2012 – 21:38 CET. El País, 25 de julio de 2012.

 Se discutía en la Asamblea de Madrid la aprobación de una ley que permite construir viviendas de 900 metros cuadrados en suelo privilegiado mientras se desahucia a miles de españoles por no poder pagar sus hipotecas y alquileres.

 Esta frase del diputado pepero Alvaro González es la que motiva mi comentario de hoy porque ya no es que me asuste, es que me aterra que haya una sola persona capaz de pensar que todos esos imperativos morales que antes transcribíamos no existen para él porque seguramente nunca los ha leído y esa es precisamente la tragedia de este pueblo mártir nuestro: que tengan la posibilidad de legislar en este país gentes a los que una ciudadanía engañada por la prensa más canallesca de la historia ha dado ese poder.

 Y este incidente me ha llevado a recordar lo que me sucedió hace aproximadamente un año cuando llevé a mi mujer a que le hicieran un  pet al único hospital que lo realiza por estas latitudes que se halla en Alicante.  En la sala de espera, dicha prueba médica tarda muchísimo en realizarse, yo me puse a leer Qué es la literatura, de Sartre, y una señora, muy distinguida, me dijo: “Así que leyendo a Sartre aquí. Es muy curioso, un comunista en un hospital sólo para millonarios”. El dichoso pet, que no ha servido para nada, me costó 150.000 pesetas.

 Lo que me indujo a formular la que llamo “aporía del comunista”, a imitación de la famosa de Aquiles y la tortuga que, ya saben, dice que, si el tiempo y el espacio son divisibles hasta el infinito, Aquiles no alcanzará nunca a la tortuga porque siempre habrá entre ellos un espacio infinitesimal que rebasar.

 Para la inmensa mayoría de la gente, un comunista está obligado por su credo a la absoluta pobreza porque siempre habrá de entregar a los demás hasta el último céntimo que pueda tener. Los no comunistas, por supuesto, pueden almacenar dinero hasta el infinito.

 Es esta cínica exigencia de los políticos no comunistas lo que pone de manifiesto su absoluta incapacidad no sólo profesional sino también ética.



Liberalismo, capitalismo, su fracaso

Decía el jodido Adam Smith que si dejábamos que el hombre buscara libremente su propio interés, la larga mano del mercado lo arreglaría todo y el mundo entero se convertiría en la Arcadia más feliz.

 Y en eso estamos, como fácilmente se comprueba.

 Decía el no menos jodido Marx que hay que obtener de cada uno según su capacidad y darle a cada uno según su necesidad, y en eso estamos también.

 ¿Qué ocurre entonces, que tanto el liberalismo como el marxismo, son unas grandes falacias?

 Que un emprendedor que quiere montar una empresa para hacerse, si puede, millonario, crea puestos de trabajo que contribuyen a  resolver el problema vital de aquellos a los que coloca, es evidente.

 Que cegado por su natural avaricia tratará de pagar a sus asalariados mucho menos de lo que producen, las famosas plus valías, también es evidente, por desgracia, de manera que aquella Arcadia que preveía Adam Smith se convierte poco a poco en este desastre económico que tenemos ahora.

 De modo que resulta evidente también la necesaria intervención del Estado que trate de cumplir aquella máxima marxiana de dar a cada uno según su necesidad, habiendo logrado extraer de cada uno según su capacidad.

 Si ambas máximas se hubieran aplicado siempre a lo largo y lo ancho de la historia, el mundo hoy yo no sé si sería esa Arcadia feliz a la que todos aspiramos, pero algo mucho mejor que esta mierda de sociedades absolutamente podridas que tenemos seguro que era.

 El problema es que, desde el principio de los tiempos, el egoísmo humano se ha impuesto a la solidaridad y la tendencia general ha sido incrementar el egoísmo y combatir a muerte toda tendencia a esa solidaridad sin cuyo imperio el porvenir del hombre cada día aparece más negro.

 Los hombres más preclaros de la historia, teóricamente, se han esforzado bravamente, yo no sé si con plena consciencia de ello, en que el egoísmo prevaleciera claramente sobre el impulso solidario, con el resultado que ahora estamos disfrutando.

 Tipos de la categoría intelectual de Hayek, Popper, Friedman, lucharon con todas sus fuerzas por dejar libres los instintos más primarios del hombre sin tener en cuenta aquella pequeña verdad que afloraron tipos tan ingenuos y tan distintos entre sí como Hobbes y Tomás de Aquino: El hombre es un ser desfalleciente nos dijo el Doctor Angélico y el autor de Leviatán fue mucho más duro: el hombre es un lobo para el hombre y la vida una guerra de todos contra todos.

 Y parece que la vida se ha encargado de poner a cada uno en su sitio.

Que el de Aquino no era sino un ángel quedó demostrado cuando aquel puñetero ser desfalleciente que era el hombre se convirtió en lo que yo y otros millones hemos dado en decir que es una puñetera mierda seca pinchada en un palo ya que no sólo no se preocupa de aliviar las penas, miserias y necesidades de los otros hombres sino todo lo contrario, se esfuerza bravamente, como un Rajoy cualquiera, en agravar hasta el máximo límite la miseria de sus semejantes, o sea que quien de verdad tenía razón era el jodido Hobbes, el hombre no hace sino devorar hasta dejarlo en los puros huesos a los otros hombres en una fratricida lucha de todos contra todos, como si en vez de un ser humano fuera realmente un lobo.

 Y el canallesco Popper escribiendo  La sociedad abierta y sus enemigos y demonizando a tipos como Platon, Hegel y Marx, y los siniestros Reagan y Thatcher llevando sus doctrinas hasta el máximo extremo: El Estado no es la solución sino precisamente el problema, y no se les cae la cara de vergüenza a ninguno de ellos, que todavía siguen ahí, los jodidos, los canallescos, lo puñeteros, Merkel, Lagarde y toda esa jodida patrulla que los corifea, cuando tienen que recurrir urgente y plenamente a ese demonizado Estado para que les resuelva los problemas que ellos con sus insensatas políticas liberal capitalistas han desatado como un tsunami gigantesco que amenaza con barrerlo todo.

 Y plenos de cinismo y descaro no sólo no se avergüenzan sino que gritan a los 4 vientos que son ellos los que nos han llevado adonde estamos los que tienen precisamente la solución, y no sólo eso sino que persisten en su loca idea de imponérnosla.

Desnudo y solitario

Desnudo y solitario
Por: Lluís Bassets | 23 de julio de 2012.-El PAÍS.-
Lucía su mayoría absoluta ante esos gobiernos débiles obligados a consensuar cualquier legislación. Exhibía sus cuatro años por delante para ir aplicando su programa sin respiro. Se regocijaba con la oposición ausente, calcinada tras sus siete años de gestión caótica y de incapacidad para verlas venir. Señalaba la calle, plácida y tranquila todavía, a pesar de los recortes desgranados lentamente desde el primer día. Merkel le sonreía. Aun. Por eso se atrevía a mantener su agenda demagógica, esperar al resultado de unas elecciones, alimentar la fiera populista dentro de su partido. No digamos ya de su desprecio hacia las manos tendidas, las ofertas de pactos y alianzas. Dejadme solo: Rubalcaba lo clava. Así es Rajoy: una vocación de soledad y desnudez frente a un vendaval.
Hay una verdad profunda en esta psicología que le lleva a la autodestrucción. El gobernante, por bien asesorado que esté, es un individuo a la intemperie, finalmente enfrentado con sus solas fuerzas a todo el peso de la decisión. Requiere la máxima concentración y responsabilidad, sin que sirvan excusas de mal pagador. Es una soberbia imprudencia confiar en la suerte, creer en la fuerza que otorgará la sola asunción del poder. Muchos son los que piensan que tienen el poder porque lo merecen, sin darse cuenta de que, una vez obtenido, solo se mantendrán si lo merecen. Llegar a obtenerlo es una oportunidad, un medio; no un mérito que proporcione carisma, un fin. La condena que cae sobre quien confunde los términos es terrible. Su carisma se convierte en maldición, que troca el poder en destrucción, un carisma inverso.
Rajoy se dibujó a sí mismo como mano de santo. Sería llegar y triunfar. Desmentida la superstición popular, los nervios desatados exigen la búsqueda de culpables exteriores y anteriores. Tres son los chivos designados, a utilizar según convenga. Uno es Angela Merkel: gracias a la imprudencia de esta exhibición se atascan muchos canales de comunicación con Berlín y declinan las simpatías de los alemanes hacia los populares españoles. Otro, naturalmente, es el PSOE, origen y señor de la intervención europea ahora, como lo fue antaño de la corrupción, el paro y el crimen de Estado: error prospectivo también, porque necesitará su auxilio, ya lo necesita en realidad, y le conviene más una oposición fiable que las fuerzas desatadas del populismo; al menos a Rajoy, aunque quizás no a otros populares menos responsables y más extremistas. Y el tercero, el Estado autonómico y, digámoslo claramente, los catalanes, que son los que reclamaron y obtuvieron esta fiesta declarada ahora insostenible: pero este es un error tan irresponsable o más que los anteriores.
Nada completa mejor una mayoría absoluta ante la crisis que una fuerza de signo similar aunque distinta. Eso es CiU, el partido al que tenía cogido por su mayoría precaria en el parlamento catalán y al que está castigando más de la cuenta para seguir alimentando la fiera centralista y anticatalana que tiene en su seno. Ahora el PP lo ha despreciado y perdido. Cierto es que CiU confiaba en que fueran sus votos los que completaran una mayoría popular insuficiente, y se encontraron con que toda su estrategia de reivindicación fiscal se venía abajo.
Las inercias producen desperfectos irreparables. La arrogancia con que Rajoy obtuvo la victoria corroe ahora su carácter. Zapatero no fue finalmente intervenido. Sabe que la miseria del hundimiento quedará entera para él y por eso todos se alejan. Pronto prenderá la repulsa dentro del partido. En vez de agarrarse a quienes todavía pueden ayudarle, utiliza repelentes como Montoro para seguir disgregando su base. Se ha convertido en el presidente centrífugo. Aprovecha la crisis para recentralizar y dividir, separar, en vez de unir y pactar, que es lo que se hizo en nuestra anterior gran crisis política, en la transición. Nadie trabaja tanto y tan bien para los intereses de los independentistas, los catalanes sobre todo. El soberanismo tiene mérito. Lo tiene también Artur Mas, que se ha procurado con el pacto fiscal un escudo anticrisis ante la opinión catalana. Pero el mérito mayor de esta deriva es entero de Rajoy. Solo y desnudo, su poder destructivo amenaza incluso a esa unidad española que la Constitución sacraliza.

Delincuentes políticos, su total impunidad: todo está atado y bien atado

El Tribunal de Orden Público en acción
Decía aquel inicuo hombrecillo absolutamente desalmado, que no veía otro mundo que no fuera el suyo, que no iba a dejar a sus herederos inermes frente a su posterioridad por lo que pensaba dejarlo todo atado y bien atado.

Y muy bien que el tío ha cumplido su propósito.

Ha habido, hay y seguramente habrá quien ha despreciado la inteligencia natural de este singularísimo canalla, yo, no.

Era un tío muy listo, asombrosamente listo porque, para seguir ese camino que supuso la peor de las esclavitudes para un pueblo durante ni más ni menos que 40 años, tonto no se podía ser, porque a su lado tenia a una serie de lobos que lo hubieran deshecho a dentelladas secas y calientes en el momento en que su dominio absoluto de la situación se relajara.

Pero es que, además, sociológicamente fue capaz de comprender una verdad que todavía hay muchos superintelectuales que no han asimilado: los militares son, o pueden ser, la bota claveteada que mantenga a un pueblo en la peor de las esclavitudes, pero los encargados realmente de domeñar a un pueblo para siempre son los jueces porque tienen a su cargo ni más ni menos que proclamar ante todos, incluso fuera del propio país, lo que es justo o injusto.

Se trataba, pues, de pudrir hasta lo más profundo a la institución que es básica en el funcionamiento de cualquier sociedad que se pretenda civilizada, hasta tal punto que puede afirmarse que, sin imperio del Derecho no hay posibilidad de civilización, o dicho de otro modo, una sociedad que no se rija por el imperio inatacable del Derecho no puede ser civilizada.

De modo que una vez asentada suficientemente la victoria: “En el día de hoy cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han conquistado las Tropas Nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado. Burgos, 1 de Abril de 1. 939. Firmado: Francisco Franco”, se trataba sobre todo de hacerla irreversible porque, de lo contrario, pensaba aquel jinete del Apocalipsis, tanta sangre, ni más ni menos que un millón de muertos, habría sido inútil y en su cerebro, no ya conservador sino absolutamente retrógrado como correspondía a un militar de aquella terrible época, se forjó la idea de que su Movimiento nacional que le había llevado a la victoria y a aquella tiranía de más de  40 años perdurara a través de los siglos, y la única manera de conseguirlo era hacer un ordenamiento jurídico que comprendiera no sólo todo lo necesario para que las leyes fueran esencialmente retrógradas sino establecer las bases para que los hombres encargados de llevar a cabo dicha tarea fueran por siempre y para siempre los adecuados.

Y seguramente alguno de sus consejeros jurídicos le dio a leer la doctrina insuperable del que es, sin duda, el más retrógrado de todos los humanos habidos y por haber, Joseph de Maistre, que se inmortalizó para siempre escribiendo aquello de que no hay nada en el mundo más justo que  los jueces españoles y si a ello añadimos la mentalidad de la Iglesia Católica, hallamos lo más justo que ha existido nunca en el mundo, el Tribunal de la Inquisición.

No he entrecomillado la cita porque no estoy en mi casa y no tengo a mano el Ensayo sobre el pensamiento reaccionario, de Cioran, pero si hay alguna diferencia entre lo que dijo aquel loco y lo que yo he escrito no será digna de consideración.

De modo que aquel genio absolutamente maléfico se puso a la tarea y sentó las bases para que durante muchos, muchísimos años, si no para la eternidad, la justicia española esté en manos de quienes debe de estar, y lo hizo tan a conciencia que se murió tranquilo diciendo aquello de “lo he dejado todo atado y bien atado”.

Y a las pruebas nos remitimos: en Islandia la sociedad ha procesado y sometido a juicio al Presidente de su gobierno durante la época en que la economía del país se hundió hasta donde se hundirá la nuestra.

En España, las faenas de aliño protagonizadas por los Camps y sus esbirros económicos financieros, la Aguirre y los suyos, Blesa, Rato et alteri, y así dándole la vuelta a todo el Estado con especial relevancia de los ministros del Gobierno encargados de la cosa económica y, como es lógico, los presidentes de éstos, hubieran sido, aún estando todavía en sus tareas políticas, acusados por los fiscales que tienen a su cargo por la Ley de enjuiciamiento criminal la persecución de oficio de todos los delitos y juzgados y sentenciados por los correspondientes magistrados, y la clase política española hubiera aprendido para siempre que los llamados delincuentes de cuello blanco no tendrían licencia para matar en este asqueroso país de todos nuestros pecados.

Pero no lo hicieron porque el Caudillo proveyó lo necesario para que todo el organigrama judicial se hallara dominado para siempre por los hijos de aquellos magistrados que él puso al frente de uno de los tribunales más famosos de la historia universal de la infamia, el TOP, el tristemente famosisimo Tribunal de Orden Público, que perseguía delitos tan terribles como pertenecer al partido socialista o al comunista o mostrar sus discrepancias con el Régimen.

En el gobierno de Aznar, la ministra de justicia que redactó la nueva Ley de Enjuiciamiento Civil, fue la Excma. Sra. Margarita Mariscal de Gante, hija predilecta de uno de aquellos magistrados que formó parte de aquel tribunal ignominioso.

Etcétera, etc. Y así nos va. Los presidentes de Consejo de Administración de la empresas públicas y privadas pueden robar todo lo que quieran porque nadie se ha preocupado de tipificar en nuestros códigos penales los delitos correspondientes al hecho de llevarse por delante cientos de miles de millones de euros que no son suyos mientras que al pobre robaperas que coge una manzana porque tiene hambre si se descuida va a la cárcel para toda la vida.

Si, señor, ésta es la explicación por la que en este país de ladrones sinvergüenzas los delincuentes de cuello blanco se rían todos los días de todos nosotros.

Y esta gente se va de fin de semana, dejando al país al borde del abismo.

 Lo que no acabo de entender es como esto no salta de una puñetera vez por los aires.

 Se nos ha estado diciendo hasta la saciedad que la prima de riesgo no podía superar, 1º, los 400, 2º, los 500 y, por último, los 600 puntos, pero la jodida prima está ya en los 612 y pagamos por el bono a 10 años más del 7%, entonces, ¿qué, era, es todo mentira y de lo que se trata es de asustarnos continuamente para que vivamos totalmente acojonados y ni siquiera nos atrevamos a respirar por si la cosa acaba ya de joderse de una puñetera vez?

 Pero, otra pregunta, ¿es que realmente la cosa puede joderse aún más?

 Creo que es el principio de Peter el que dice que todo lo que puede empeorar, empeora, pero lo que nos está pasando, a todos menos a ellos, naturalmente, ¿puede empeorar aún?

 Sí, sí, yo que tengo 83 años, los cumplo el próximo 24 de este mes, aunque lo celebré ayer, aprovechando la visita de Futbolín, afirmo que se puede vivir mucho peor aún materialmente, yo lo he hecho durante muchos, muchísimos años, pero moralmente, no.

 Yo no quiero imaginar siquiera lo que pasaría, moralmente, si yo tuviera que decirles, a mis hijos y a mi mujer, que no hay dinero para hacer la compra, es ahora, que todos los días, se come, se bebe, agua mineral por supuesto, se guarece uno del frío o del calor según la época, y se duerme en una buena cama cada uno y me machacan continuamente de la peor de las maneras, ¿qué harían conmigo esta buena gente que me rodea y que dice que es mi propia familia?

 A lo peor, ustedes, que me leen dicen: “pero este tío ¿de qué coño habla?, el muy jodido, pues no va ahora y se preocupa por problemas morales, será canalla el tío, que venga a aquí, ahora, y se enfrente a ver a mi mujer o a mi hija, muriéndose de cáncer en medio de los peores dolores y no pueda, como no puedo yo, hacer absolutamente nada, comer, dormir, joder, pero ¿de qué coño, repito, habla este jodido tío de mierda, qué haría, qué diría si viera a alguien a quien quisiera mucho más que a su propia vida, mordiéndose los dedos hasta hacerse sangre, tratando de combatir un dolor con otro dolor más fuerte e inmediato?”.

 Como dice hoy, en un comentario, Futbolín, yo no tengo motivos para quejarme que no sean los de las penosas enfermedades de mi mujer y mis 2 hijos mayores que son graves, muy difíciles de sobrellevar e incurables, que exigen una continua entrega para atenderlos aunque nunca puedo hacerlo como se merecen, y éstos, creo yo que no son problemas sólo morales, pero que se hacen aún más graves e insoportables cuando ellos, los 3, se me quejan de falta de atención no sólo médica sino también mía.

 Todo esto seria menos grave, o menos difícil de sobrellevar, si se le aplicaran medidas que estaban previstas hasta hace muy poco: mi mujer acababa de recibir la declaración de incapacidad suficiente para que el Issorm, Instituto de servicios sociales de la Región de Murcia, le aplicara la Ley de Dependencia, lo que supondría no sólo una subvención de 400 euros mensuales para un asistente, sino también la posibilidad de su internamiento, durante casi 12 horas diarias en el llamado Centro de Dia para enfermos de alzheimer, pero el tiempo pasa desde la notificación de aquella declaración, noviembre último, y no sucede nada, todo lo contrario, mucho me temo que si se están cargando servicios sociales plenamente establecidos, consolidados ya por su puesta en acción, todo éstos, que estaban en fase de establecimiento, sean suprimidos de un plumazo por uno de esos canallescos especímenes que ahora dicen ellos que nos gobiernan, lo que es la más grosera de las mentiras, si gobernar es algo distinto a suprimir los servicios más esenciales para una llevadera supervivencia.

 Y esto me conduce de la mano a una idea que ya ha sido expresada, por otros, muchas veces: todo esto que de tan grave manera nos aflige no son sino las últimas consecuencias de aquel siniestro plan que pergeñaron el jodido canalla exhoollywoodense Reagan y la siniestra marimacho de la Thatcher, cuando se atrevieron a afirmar categóricamente que el Estado, aquel Estado del bienestar que nos defendía de sus furibundos ataques, no sólo no era la solución sino precisamente el problema.

 Aunque parezca increíble, este hatajo de castrados en que nos hemos convertido todos, después del más adecuado de los tratamientos “ad hoc”, hemos consentido que, sin prisa pero sin pausa, esta gentuza neoliberal que atenta contra todo lo que huele a beneficio social, haya ido suprimiendo, una a una todas, esas conquistas sociales que tanto sudor, sangre y lágrimas, costaron conseguir y ahora estemos absolutamente desnudos antes sus criminales ataques, de manera que o tienes el dinero suficiente para pagar por la atención médica privada que ellos detentan, lo que supone tu ruina y su enriquecimiento, como siempre ha sucedido en la puñetera metrópoli del imperio, o te mueres de asco en el más puñetero de los rincones de la historia, que diría el siniestro y canallesco Aznar.

A propósito del Cuaderno Audiovisual de Adrián Massanet, de los filósofos existencialistas a algunos premios Nobel

Decía aquella maravillosa generación de filósofos que hemos dado en llamar existencialistas, no sé si por contraposición a los tradicionales que podríamos llamar ahora esencialistas, que lo que caracteriza al hombre como tal es su conocimiento, su percepción de la angustia, la náusea, según la maravillosa expresión del que, para mí, es el mejor de todos ellos, Sartre, coño, el tío que tuvo los santos cojones para mandar a la mierda ni más ni menos que a la Academia Sueca, cuando le concedieron el Nobel, eso que le han dado también a tíos tan repugnantes como Camilo José Cela y Mario Vargas Llosa, ninguno de los cuales, estoy seguro sintió jamás aquella angustia existencialista de que hablábamos antes, como también le dieron el dichoso premio, sólo que en el apartado de la paz, ni más ni menos que a tan pacíficos ciudadanos como Henry Kisinger y, ahora, coño, pero qué valor que tienen a veces los seres inhumanos, a Barack Obama, un poco antes de que diera la orden de asesinar alevosamente a Bin Laden .
Y llegaban los jodidos tipos a la angustia, a la puñetera náusea, cuando se enfrentaban a ese insondable abismo que es la nada. 
El ser y la nada, se titula la obra cumbre filosófica de Sartre, seguida a muy poca distancia por esa otra de Ser y tiempo, de Heidegger.
A cientos de años de luz de ellos, yo me autoflagelaba llamándome a mí mismo hijo de puta, en un intento de desnudez que llenó de alegría a mis encarnizados enemigos, que los tengo.
Pero también tengo mis amigos. Dos de ellos me hicieron especialmente feliz ayer, Futbolín porque se desplazó a verme desde El Pilar de la Horadada, donde pasa unos días de descanso con su mujer y mantuvo conmigo una amplísima charla en que me demostró que es tan maravillosamente entrañable como aparece en la Red cuando escribe: inteligente, pero muy humano, ácido contra las injusticia sociales ahora, con la crisis, tan evidentes pero, sobre todo, con ese ejercicio tan sensato que hace del humor y de la ironía; el otro es seguramente el tío más raro que yo me he encontrado en toda mi puñetera vida, Adrián Massanet.
El tío es tan absolutamente raro que siente la vocación irreflenable de ser director de cine y, para ello, está tan dispuesto a todo que incluso fue a Madrid e hizo de camarero en un bar en donde tuvo la desgracia de servirle un tentempié ni más ni menos que a José Luis Garci, ese tipo que sí que supo lo que tenía que hacer para triunfar en el cine.
 Yo, al cine, hace ya miles de años que no voy, no tengo tiempo, como no lo tengo tampoco para ver la tv, ayer Futbolín me hablaba de series popularísimas de ella de las que yo no he visto un sólo capítulo, no sé, es por una extraña mezcla de hastío y desprecio, me hastía hasta ese infinito ataque de la náusea de que nos hablaba Sartre y me infunde el mayor de los desprecios por esa función que todos los que por ella pululan han asumido con plena complacencia de hundir al pueblo, a  la hermosa gente de Saroyan, hasta unos niveles realmente inauditos.
En este punto casi llego al radicalismo de Adrián Massanet, que escribe contra esta sociedad en la que tan asquerosamente malvivimos con la insuperable ferocidad de un Leautromont, sus textos me recuerdan, como una gota de agua a otro, los famosos de los insuperables Cantos de Maldoror, tienen la misma intención malevolente y el mismo sentido de la vida.
Bien, pues este genio indudable de la literatura al que esta asquerosa, degradante y podrida sociedad en la que vivimos ha condenado seguramente al cuasi silencio, escribía de mi humilde persona lo siguiente:
“Me he dado cuenta de que a veces escribo en este blog sobre la sociedad, sobre la deriva del mundo, sobre cuestiones reales que son muy jodidas, pero que luego suelo ser bastante esperanzador en mis conclusiones finales. De que puedo ser muy cañero con la gente, de que puedo destilar mucha mala hostia, pero que al final me “ablando” un poco y dejo patente una cierta esperanza, un cierto ánimo. Es así, ciertamente. Al contrario que uno de mis escritores más admirados de la actualidad, el terrible Palazón con su blog Arcángeles, puedo ser muy pesimista pero luego me relajo un poco. Esto puede parecer una forma de bipolaridad intelectual, o incluso una contradicción insuperable. Pero no lo es. Palazón cree que el hombre es una puta mierda pinchada en un palo. Yo también. Palazón cree que no hay posibilidad de redención. Yo tampoco”.
Todo el que escribe y se toma la molestia de publicar lo que hace, de alguna manera, intenta que los demás lo lean. Cuando alguien no sólo te lee sino que, además, sintoniza casi plenamente con lo que tú piensas, con lo que tú dices, la felicidad que te proporciona es casi perfecta. El “casi” se debe a que yo creo que el hombre no tiene posibilidad de redención, mientras que él, Adrián, sí que admite, seguramente porque todavía es muy joven, esa posibilidad.