Foucault y el poder (I)

 “¿Qué no se ha dicho sobre esta sociedad burguesa, hipòcrita, pudibunda, avara de sus placeres, empeñada en no conocerlos ni nombrarlos? ¿Qué no se ha dicho sobre la pesada herencia que ha recibido del cristianismo el sexo-pecado?¿Y sobre la manera como el siglo XIX ha utilizado esta herencia con fines económicos: el trabajo antes que el placer, la reproducción de las fuerzas antes que el puro gasto de energías? ¿Y si todo esto no fuera lo esencial? ¿Y si hubiere en el centro de la polìtica del sexo unos mecanismos muy diferentes, no de rechazo y ocultación sino de incitación? ¿Y si el poder no tuviera como función esencial decir no, prohibir y castigar, sino ligar según una espiral indefinida la coerción, el placer y la verdad?”: “Occidente y la verdad del sexo”, Le Monde, 05/XI/76.

 La filosofía ¿es una ciencia inútil?

 Es la suprema búsqueda de la verdad.

 Hallar la verdad ¿es una actividad inútil?

 ¿Qué se puede hacer cuando se ha descubierto la verdad?

 Enseñarla.

 Por eso resultan tan peligrosos los auténticos filósofos.

 Heidegger, Sartre, FoucaultDeleuze, Derrida, Habermas….

 Se dice que la valía de un hombre la establece la entidad de sus enemigos y el ardor con el que éstos lo combaten.

 Jean Baudrillard no pudo resistir el empuje de aquella ola gigantesca que enaltecía a su enemigo y escribió “Olvidad a Foucault”, pero ¿se puede olvidar realmente al hombre que mejor ha reflexionado sobre la esencia de la política?

 Si v., amigo lector/a, se dedicara a pensar un momento sobre cuál es la esencia de la actividad política, ¿qué entidad situaría en el fondo de la misma?

 Yo no tengo ninguna duda: el poder.

 La política no es sino el arte de conseguir, conservar y ejercer el poder.

 Pero ¿qué es el poder?

 La propia entraña de  la palabra nos muestra su puñetera esencia, poder, la facultad, la posibilidad, la potestad de hacer algo, y, por eso, el genio nos dijo, entre otras muchas cosas de las que hoy vamos a charlar un rato, que hay muchas clases de poder, e incluso que también hay un poder bueno. Y, aquí, reside la única discrepancia profunda que yo mantengo con el genio.  Pero, hoy, en contra de mi costumbre, no quiero en modo algunao hablar de mí.

 El genio prematuramente malogrado por culpa del sida, era homosexual y, a lo que se ve, promiscuo, contrajo la enfermedad demasiado pronto y nos abandonó en la plenitud de su edad, cuando el hombre extrae lo mejor de sí mismo.

 A lo peor hay alguien tan estúpido para pensar que el poder, el auténtico poder, hoy, en España,lo tiene Rajoy y que, ayer, lo tenía Zapatero, o que, en Usa, lo tiene Obama y en Europa, Merkel, son mentes infantiles o estúpidas.

 Foucault y Deleuze, en sus diálogos con los estudiantes maoístas de mayo de 1968, recogidos en Un diálogo sobre el poder, Alianza Editorial, El libro de bolsillo, 1985, se preocupan, entre otras muchas cosas, de dejar sentado que el poder, el poder auténtico, el verdadero, nadie sabe dónde está ni quién lo tiene realmente, pero que desde luego nunca es ése que parece tenerlo porque la apariencia es la prueba absolutamente incontestable de su no existencia.

 Por supuesto que la apariencia del poder tiene que concretarse en alguien para que pueda actuar ejecutivamente y, en España, esa concreción tiene nombre y apellidos: Florentino, Florentino Pérez, al que unos con la torpeza infantil de una admiración sin límites han llamado el Ser Superior y otros, no tan torpes, El Conseguidor.

 Cuando el poder ve en peligro su estatus, actúa casi directamente.

 Así, cuando en España una ola de libertad parecía que lo iba a inundar todo, 1936, el poder se encarnó en un riquísimo contrabandista balear que se puso al hablar con el instrumento habitual con el que se ejerce el poder, el Ejército, el militar más representativo en aquellos momentos, Franco, que había sido desterrado a Canarias con la vana intención de neutralizarle, fletó un avión, el famoso Dragón Rapide, y lo trajo a la península para que diera aquel golpe de Estado que le costó al país un millón de muertos, según cálculos muy optimistas.

 Y el contrabandista desapareció. Volvió a esa oscuridad desde la que se ejerce el auténtico poder, aquel que es capaz de darle la vuelta a cualquier situación. Y murió, pero sus hijos y sus nietos y los hijos de éstos, no, no han muerto, no morirán nunca porque otro de los caracteres esenciales del auténtico poder es su puñetera inmortalidad. Y estos descendientes del contrabandista, presentaron su factura y la cobraron.

 Todo el país es suyo, de una o de otra manera, siguiendo al pie de la letra la canallesca consigna del odioso Lampedusa, es preciso que todo cambie, para que todo siga igual.

 Se mantuvo en el poder al carnicero mientras lo consideraron necesario. Y, luego, sus peores esbirros encabezados por ese tipo al que según Felipe González, le cabía todo el Estado en su monstruosa cabeza, se pusieron a la tarea de establecer una apariencia democrática lo suficientemente consistente para que pareciera a todo el mundo que todo había cambiado cuando, en realidad, todo seguía igual, de modo que nuestra Carta Magna nos constituyó como una monarquía parlamentaria, dominada por 2 partidos políticos, detrás de los cuales se esconden las mismas oligarquías que realmente nos gobiernan.

 Bueno, basta por hoy, mañana, si Dios quiere, un poquito más.

7 comentarios en “Foucault y el poder (I)

  1. http://www.publico.es/espana/437232/el-calvario-de-un-hombre-perplejoEl calvario de un hombre perplejoCarlos Dívar es un hombre derrotado y perplejo. Como los viejos actores del cine mudo a quienes la llegada del sonoro arrojó a las sombras del anonimato porque no llegaron a entender las reglas del nuevo arte cinematográfico ni supieron adaptar su talento a las exigencias del sonido, el todavía presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial será expulsado sin honores de la carrera judicial porque no ha llegado a entender las reglas de la nueva realidad política ni ha sabido acomodar su talento y su conducta a las exigencias éticas de la democracia.En su única comparecencia pública, afirmó que no veía razón alguna para dimitir porque hacerlo implicaría asumir algún tipo de culpabilidadCarlos Dívar, hombre profundamente católico, se resiste a dimitir porque su sentido común le dice una y otra vez que no hay motivo alguno para hacerlo. Por eso está perplejo. Por eso no entiende nada. Por eso el pasado 31 de mayo, en su primera y única comparecencia pública tras el escándalo, afirmó que no veía razón alguna para dimitir porque hacerlo implicaría asumir algún tipo de culpabilidad, lo cual estaba totalmente fuera de lugar. No es que Dívar no tenga sentido común, no, no es eso: es que su sentido común, como el talento de los viejos actores del cine mundo sorprendidos por la llegada del sonoro, es un sentido común que pertenece al pasado. Por su edad, por su formación, por su trayectoria y hasta por sus creencias Carlos Dívar considera un disparate incomprensible que se le exija la dimisión simplemente por haber endosado al presupuesto público unos pocos miserables miles de euros en alojamientos de carácter privado y cenas de naturaleza íntima. Ni q ue lo hubiera hecho él solo. Ay, si él hablara… ¿Acaso no puede el presidente del Consejo General del Poder Judicial tomarse un pequeño respiro a cuenta del Estado? Si la cuarta autoridad del Estado no puede hacer tal cosa, ¿para qué diablos, Dios me perdone, sirve ser la cuarta autoridad del Estado?Él es el pecador y él también el confesor. Extraño pecador que no tiene pecado alguno que confesarLa fotografía del redactor gráfico de EFE J. J. Guillén, a su salida de la reunión del pleno del CGPJ, es la imagen de un hombre abrumado por la derrota, pero también por la perplejidad. ……..continua…

  2. Abrumado por una derrota que no entiende ni entenderá nunca, entre otras cosas porque no le han ayudado en absoluto a entenderla quienes son los suyos: la prensa amiga, los jueces amigos, el ministro amigo, el escolta amigo. En esa fotografía Dívar está sentado en el asiento trasero del coche oficial apoyando levemente la cabeza en su mano abierta, con un gesto que recuerda al que adoptan los sacerdotes cuando van a escuchar a un pecador en confesión. Pero, en ese asiento, junto a Dívar no hay ninguna celosía de confesionario. Junto a él no hay ningún pecador dispuesto a confesarse. Está solo en su coche oficial. Él es el pecador y él también el confesor. Extraño pecador que no tiene pecado alguno que confesar. Extraño confesor que no cree necesario confesarse a sí mismo. Afuera, la nube de fotógrafos descreídos dispara sin piedad sus flashes como sacrílegos escupitajos, como hacía el populacho en las calles de Jerusalén cuando Nuestro Señor Jesucristo arrastraba su pesada cruz camino del monte Calvario.Como aquellos actores de antaño, Carlos Dívar creyó que la política era la de siempre y que las normas eran las de siempre. Sin embargo, la maldita política y las malditas normas habían cambiado y a él nadie le había avisado de ello. De pronto al país le había entrado un celo ético incomprensible, ajeno, extranjero. De pronto, este país se comportaba como un extraño con sus mejores hijos. Ni que fuéramos noruegos. Ni que fuéramos luteranos. Como si a uno de aquellos actores mudos lo convocan de pronto para una película y al llegar al estudio el director le exige que recite su papel. El pobre artista se queda perplejo. ¿Hablar? ¿Cómo que hablar? ¿Desde cuándo hay que hablar? ¡Esto se avisa antes, por Dios! ¿Que dé cuenta de mis viajes privados? ¿De mis cenas? ¿Que el cuarto poder del Estado no puede gastarse unos euros tras una dura jornada oficial? ¿Que no puede cenar a cuenta del Estado? El pobre Dívar está perplejo. ¡Esto se avisa antes, por Dios!

  3. Bueno como es Domingo un chiste de "El Mundo"Un alemán llega a un hotel rural en el oeste de Irlanda, en medio de la nada, junto al mar. Llueve y hace frío. El alemán sale de su Audi y entra en el hotel. Está vacío. Está claro que nadie ha dormido en él en meses. "Es por la crisis", le dice el dueño. "Pues yo estoy pensando pasar la noche aquí, pero quiero ver las habitaciones primero", dice el alemán. "De acuerdo, pero tiene que dejar un depósito de cien euros. Éste es un hotel 'boutique' y cada habitación es diferente", replica en irlandés. El alemán le da un billete de cien euros y sube al primer piso.El dueño del hotel entonces sale corriendo con el billete y va a ver al médico del pueblo. Le da cien euros que le debía de una consulta en la que le había curado una enfermedad venérea. El médico agarra el billete y se va corriendo al 'pub' y salda una cuenta que tiene allí de cien euros por unas copas que no había pagado.El dueño del 'pub' le paga a una prostituta que trabaja el local cien euros que le debía porque la chica atrae clientes y ésa es su comisión. La prostituta agarra los cien euros, se va corriendo al hotel y le paga al dueño cien euros que le debía por haber usado una habitación con un cliente.Cuando la chica acaba de marchar, el alemán baja por las escaleras y dice: "La verdad es que no me convencen las habitaciones". "Como usted quiera, señor", responde el hostelero, y le da los cien euros. La crisis se ha acabado en ese pueblo.

  4. EL BUENO, EL FEO Y ELALEMÁN¿SON TAN MALOS LOS ALEMANES COMO NOS QUIEREN HACER CREER? POR AARÓN REYES Hay quien asegura que ha visto a la señora Merkel mear de pie. Es posible, vaya usted a saber. Ahora nos gusta meternos mucho con ella y vanagloriarnos de que ellos nos rescatan y a cambio les ganamos al fútbol. La cuestión es que los pintamos, a los alemanes, como los malos de la película y llegamos a insinuar, yo el primero, que todo es una magnífica conspiración para instaurar el IV Reich económico. Los acusamos de practicar un nuevo fascismo encubierto que somete a los pueblos a través de la deuda, etc. Pero, ¿y si los alemanes no son los malos de la película? Vamos a remontarnos un poco y a adquirir algo de perspectiva. Alemania apostó siempre por la industria y cuando se dividieron la parte Occidental se convirtió en una formidable locomotora. La unificación significó el experimento que aceleró el propio proceso de unificación de Europa. El modelo era el de los ricos de un lado cuya industria necesita mano de obra barata y grandes mercados de consumo. A cambio, si no tienes marcos para pagarme yo te los presto para que compres mis productos. Cambiamos marco por euro y voilà, hemos descubierto Cuenca oiga. Ese es el sistema que se empleó con países como España, Portugal o Grecia; instalar fábricas extranjeras (bueno, quien dice extranjeras dice francesas y alemanas) con mano de obra barata que compra grandes productos, como los propios coches que fabrican con sueldos miserables hipotecados a préstamos y créditos otorgados por el mismo país que te contratan. Deuda, el gran sistema. AHORA NOS GUSTA METERNOS MUCHO CON MERKEL Y VANAGLORIARNOS DE QUE ELLOS NOS RESCATAN Y A CAMBIO LES GANAMOS AL FÚTBOL Sin embargo, les salió mal cuando dejaron de cobrar la deuda y todos esos permisos de maternidad de dos años, esas pagas por tener niños, esos subsidios y esos bancos financiando la usura de activos tóxicos de los “vagos” mediterráneos y germano-orientales se vino abajo. Ahora es lógico que se defiendan como gato panza arriba. Nos vendieron su Estado del Bienestar versión light subsidiado con una burbuja de deuda en la que nos creímos ricos porque nos prestaron billetes de 50 euros con los que podíamos comprar como si fueran de 100 porque luego les debíamos 200. Pero al final, hemos gastado los 50, debemos otros 50 a otro y 150 a los alemanes, y el resultado final es que no hay nada porque 50 solo pueden valer 50. Aun así, no creo que los alemanes sean los malos. Ellos quieren seguir defendiendo el modelo del Estado del Bienestar frente a quienes quieren aprovechar esta crisis para llevarse hasta el sofá de la abuela. El problema es que se están equivocando actuando como gendarmes económicos al destruir precisamente ese Bienestar en los países a los que mintieron al decirnos que podríamos vivir como alemanes con estructuras político-económicas endémicas y casi tercermundistas. Cuidado que luego Uganda se enfada si nos comparamos con ellos. Son los viajeros de primera clase de un Titanic al que pretenden reflotar en lugar de salvarse junto con el resto de pasajeros de tercera. Nosotros somos los de tercera, por si no quedaba claro.http://www.madriz.com/el-bueno-el-feo-y-el-aleman/

  5. El poder, sí, que todo lo ensucia. Alemania no se entera. No se puede exigir a un pueblo, que a costa de su supervivencia, pague una deuda execrable e injusta por los intereses de usura que se le aplican, y que es imposible de saldar. No somos tontos y sabemos con qué negras intenciones se presta el dinero a los paises con serios problemas. Es mas, en esas condiciones no se debe de aceptar ningún rescate ya que es una trampa para estrangular al país que necesita dinero. Además, este dinero lo prestan para que paguen a los bancos que les dieron el crédito inical que ahora los ahoga, y los rescates no han hecho sino ahondar mas el desastre financiero además de empobrecerlos, en una rueda infernal. Ese es el camino que nos queda por recorrer a los españoles. Mas pobres y mas ignorantes gracias a los recortes en educación.Saludos cordiales. Lucía.

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