Goebbels y el Real Madrid

 Llevo una serie de posts hablando del dominio asfixiante de los cínicos en España, ¿por qué, por qué, por qué?, como diría el inferfecto, porque España es un país que lleva el cinismo impreso en su propia naturaleza.

 Cinismo, dice la REAL ACADEMIA DE LA LENCUA, máxima autoridad en la materia: “

1. m. Desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables.
2. m. Impudencia, obscenidad descarada…
4. m. desus. Afectación de desaseo y grosería”.

 Parece como si los miembros de la Academia hubieran tenido delante de sí a fin de formular su dictamen a este tipo que llaman Mourinho y a todos los componentes del Real Madrid (en adelante RM).

 Su presidente, obviamente, el más cínico de todos los cínicos, ha patentado una frase para las presentaciones de los nuevos miembros de este club:“Fulanito”-dice-“ha nacido para estar, jugar o entrenar al Real Madrid”  y el jodido tipo, coño, dice toda la verdad, no conozco a nadie que haya llevado esa camiseta o haya trabajado para el RM que no sea un perfecto cínico de los pies a la cabeza, porque todos ellos no es que mientan como bellacos sino que creen sinceramente que la mentira es precisamente la verdad.

 O sea que todo madridista, para serlo, antes ha tenido que hacer el más concienzudo de los trabajos a fin de extirpar de sí mismo el menor atisbo de decencia, de honradez, para así poder decir las cosas que dice o hacer las cosas que hace sin que todo su ser, en un acto de rebeldía fisiológica, se manifieste en una náusea tan perpetua como incontenible, ante el asco que a sí mismo se produce.

 Veamos:

 Durante todo el pasado año, Mourinho y su formidable cohorte mediática, posiblemente la más eficiente del mundo, superando incluso a la que seguía los dictados de Goebbels durante el III Reich, se han dedicado a afirmar con toda la rotundidad del mundo:

 1º) que el Barça tenía tal ascendencia en la Federación Española de  Fútbol que ésta había adoctrinado convenientemente a todos los árbitros para que siempre actuaran a favor de éste y en contra del RM, y contra esta decisiva expresión de cinismo no valían los hechos de que:

  A) Toda, absolutamente toda la Federación, con su presidente a la cabeza, convenientemente atemorizado por las más salvajes campañas de prensa al efecto, no sólo estaba constituida en todos sus estamentos por antiguos jugadores o empleados del RM, sino que, además, los más significativos de sus Comités, el de árbitros y el de Competición, estaban ocupados ostensiblemente por socios de carnet del propio RM, o por árbitros de honda raigambre madridista, que siempre se habían significado, en sus feroces críticas, a todo lo que oliera a barcelonismo, por ejemplo, su director técnico, factotum de toda la actividad cotidiana que realiza el Comité de árbitros,  Manuel Díaz Vega, ha pasado la historia del arbitraje por sus continuas disputas con el más genuino de los representantes del Barça, Johan Cruyff, al que le llegó a decir públicamente, ante toda la prensa de España que se cagaba en los pantalones siempre que su equipo se enfrentaba al RM, lo que, a mi entender, supera incluso al hecho notorio, realizado ante las cámaras de la TV mundial, de que el propio presidente de la Federación, Villar, actuando en las filas del Atlético de Bilbao, abofeteara en el campo de juego y en un partido oficial, a dicho símbolo del Barça, el referido Cruyff;

 B) pero es que, además, una de las 1ªs cosas que hizo FP, al tomar posesión de su 2º mandato al frente del RM fue nombrar al ex árbitro Megía Dávila, madrileño y madridista, como árbitro de cámara del RM que se encarga, todos los dias de partido, de recibir al árbitro   y a sus ayudantes y agasarlos a cuerpo de Rey, lo que seguramente explica el maravilloso comportamiento que éstos siempre tienen con el RM;

 C) pero todo esto es “pecata minuta”, como dirían los cardenales romanos, lo realmente importante es que los 2 “grandes”, en el sentido de tamaño, no en la ética profesional, diarios deportivos nacionales, Marca y As, con más de 4 millones de compradores, unidos a las página deportivas de toda la prensa generalista nacional, emprendieron la más furibundas campaña en orden a demostrar que lo que sucedía era precisamente todo lo contrario: que todos los árbitros españoles, enfrentándose suicidamente a esta campaña goebbelsiana tan bien orquestaba y poniendo en riesgo no sólo sus vidas sino también la de todos sus familiares, todos los días de partido y en todos los partidos en que, de alguna manera, RM y Barça estuvieran implicados, actuaran suicida y enloquecidamente en contra de los intereses del equipo blanco y a favor del catalán;

 D) todo esto, como hemos dicho es la más completa exhibición de cinismo que nosotros, 83 años, hemos contemplado nunca, pero que, al lado de la llevada a cabo por Mourinho, es un juego infantil; Mourinho ha conseguido hacerse con el título extraoficial pero muy efectivo para sus intereses crematísticos de mejor entrenador del mundo porque a la fuerza futbolística de sus equipos, que siempre ha sido importante, ha unido una estrategia canallesca: realizar una campaña totalitaria y fascista en orden a amedrentar hasta el límite a todos cuantos de alguna manera intervengan en el desarrollo de esa competición o liga futbolística en la que sus equipos intervienen y que se concreta en los siguientes extremos:

 a) la intimidación hasta el máximo límite de todos cuantos de alguna manera tienen alguna intervención en dicha competición o liga: a’) ya sea desprestigiándolos profesionalmente, caso de Preciado, entrenador del Sporting, al que acusó de haberse vendido al Barça alineando para enfrentarse a él a los suplentes; b’) ya sea presionando a los árbitros hasta lo inconcebible, compareciendo en la Sala de prensa del RM armado con un informe tan exhasutivo sobre el arbitraje de un partido que comprendía, convenientemente numerados hasta veintitantos errores del árbitro dela contienda, confeccionado por ese árbitro de cámara madrileño y madridista, Megía Dávila, contratado al efecto para ello, lo que, además, fue aprovechado por este genio esencialmente maléfico, para lanzar una carga de profundidad contra el submarino Valdano que, poco después, terminaría con la expulsión de éste del organigrama madridista, en el que ocupaba ni más ni menos que el cargo de Director General Deportivo; no podemos dejar pasar esta ocasión para significar la importancia decisiva de esta actuación mourinhista: a’‘) de una parte, se cargaba a la única persona que no compartía su repugnante actuación al respecto; b’‘) de otra, volvía a advertir al estamento arbitral del peligro inminente que suponía, para su propia vida y la de sus familiares, no actuar de acuerdo con sus intereses, con los intereses del propio Mourinho, que no son, ni con mucho, los del RM, porque a éste no le interesa, en modo alguno, que el mundo entero compruebe, gracias a los sistemas de comunicación global, que este club, que siempre ha pretendido injustificadamente pasar por un paradigma del juego limpio a todos los niveles y del “savoir faire”, se vea relegado al submundo que representa todo el sistema superorganizado de canalladas que supone la actuación coordinada de Mourinho con los prebostes de la prensa nacionalista y madridista; c’‘) porque ésa es otra, toda la actuación propagandista del RM se halla encaminada a convencer a toda la ciudadanía española de que él representa la españolidad mientras el Barça sólo integra un independentismo rampante y barriobajero que aborrece a muerte las señas de identidad de todo lo español;

 E) de modo que tenemos a Mourinho, dominando exhaustivamente el panorama sociopolítico español, reuniendo bajo su tiránico mando a todo lo que se mueva en el panorama mediático y no sólo deportivo, de tal manera que, envalentonado, ya se atreve a todo: 1) critica abiertamente todo lo que hace su contrincante, Guardiola, pero eso sí, teniendo sumo cuidado en no nombrarlo personalmente; ve, comprueba exhaustivamente que el estamento arbitral cumple a rajatabla todos sus deseos, todas sus instrucciones, todos sus mandatos, pero no está conforme: estos jodidos rebeldes catalanes no acaban de sometérsele, los jodidos cobardes, porque estoy seguro de que íntimamente los desprecia por ver que son incapaces de defenderse utilizando los medios que él mismo emplea,  todavía se resisten únicamente en lo estrictamente deportivo y no inclinan la cerviz futbolisticamente hablando ante él, coño, pero qué jodidos son y qué rebeldes estos asquerosos individuos, que continuán ganándole a su equipo todos los partidos que directamente disputan, aun contando descaradamente con la más ignominiosa ayuda arbitral, de modo que cree llegado el momento de pasar a lo que seguramente él llamará la acción directa: en el más descarado de los comportamiento macarristas del mundo, como un auténtico chulo de putas, dentro de la senda marcada por madridistas señeros anteriores como el inefable Fernando Hierro, agrede sin ningún motivo físicamente al 2º entrenador del Barça, metiéndole el dedo en el ojo ostensible y jactanciosamente ni más ni menos que ante 400 millones de personas que veían el partido por la Tv;

 F) éste es seguramente el punto culminante de la actuación madridista que pone de manifiesto la absoluta verdad de todo lo que exponemos: si el madridismo fuera un sentimiento en modo alguno deportivo, si restara un atisbo de decencia entre sus dirigentes, Mourinho no hubiera vuelto a sentarse en el banquillo del RM y el club hubiera pedido perdón públicamente a toda la afición futbolística mundial por el pernicioso espectáculo ofrecido por el máximo de sus representantes, ya que ahora Mourinho ostenta también el cargo de su comunicador oficial;

 G) pero no lo ha hecho, todo lo contrario, en el máximo ejercicio de ese cinismo infinito que, desde siempre forma parte de la esencia del madridismo, comparece hoy ante los medios y dice:

 ‘El Barça ya critica al árbitro, al final somos todos iguales”

 Creo sinceramente que de todo lo que ha dicho y ha hecho este sujeto, esta afirmación es precisamente lo peor.

 Afirmar que un club que ha soportado en el más absoluto de los cobardes silencios, porque yo no estoy ni mucho menos conforme con dicha actitud, la más encarnizada de las persecuciones deportivas que ha conocido la historia, superior incluso, relativamente, a las llevadas a cabo por el tal Goebbels durante el III Reich, es lo más canallesco, lo más cínico que yo, en mis 83 años de presenciar ignominias he contemplado, estando seguro de que, por ello, algún día entrará a formar parte de la historia universal de la infamia.

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