El poder, un poco más sobre él.

    El Dragon Rapide en el Museo de Cuatro Vientos.

 Hablábamos en otro día de la invisibilidad como una de las características del auténtico poder. Que yo sepa nadie ha visto nunca a los miembros de la familia March, yo, por lo menos, nunca.

Y, sin embargo, fue un miembro de la misma quien envió a Canarias, donde estaba, prácticamente desterrado por el gobierno, el que luego sería invicto caudillo, el fatídico avión Dragon Rapide y se produjo una escalofriante matanza de más de un millón de muertos, algunos de los cuales siguen todavía sin enterrar dignamente en las cunetas de nuestras carreteras para vergüenza de todos nosotros, unos por acción y otros, por omisión.

 De modo que el poder real no lo tenía Franco, que sólo fue el mero instrumento sino unos acaudalados señores de las Baleares que dicen que se habían enriquecido gracias al contrabando.

 Pues, bien, esa misma familia, esos mismos hombres absolutamente desconocidos, eligieron, un día, para que administrara una parte ínfima de sus finanzas, las dedicadas a la construcción, a un nuevo e invicto caudillo, que entonces sólo era un ingeniero de caminos recién salido de la Escuela.

 ¿Quiere esto decir que Florentino, Pérez, por supuesto, el Ser Superior, Butragueño dixit, no es nadie que todo ese poder ilimitado que ostenta no es realmente suyo sino de unos desconocidos señores mallorquines? No, Florentino ya forma parte, por derecho propio,  por siempre y para siempre, de ese mismo poder de estos desconocidos señores baleares, lo que ocurre es que no sabemos ciertamente si Florentino es el único de los “hombres de paja” de estos señores. Imaginemos que hay, 10, 20, 30 florentinos pérez más, ¿cuánto de incalculable tiene el poder de estos señores?

 Porque estos señores, Florentino Pérez mediante, han llegado incluso a hacerse con Hochtief, la mayor de las constructoras alemanas y Alemania, señores, es ahora mismo no ya la locomotora de Europa, sino del mundo, ¿entonces, cuánto poder real reside ya en las manos de estos desconocidos señores?

 No lo sabemos, no lo sabremos nunca porque para eso se crearon las sociedades anónimas, para que no se supiera nunca quienes eran realmente los amos del mundo. Y estos señores baleares, sabiamente, como buenos poderosos que son, quieren mantenerse a ultranza en la  sombra.

Florentino, no, parece todo lo contrario, pero Florentino es un exhibicionista. Le gusta saborear el poder, ostentarlo, sentarse los días de partido en el centro del palco del Bernabeu, donde dicen las malas lenguas que se concentra todo el poder real de España, a degustar ese fluido que allí se respira, constituido por los efluvios de toda la canallesca ralea que ha conseguido de mala manera apoderarse de todos nosotros, porque somos todos nosotros los que sufrimos pasivamente todos y cada uno de los estigmas que esta mala gente ha impreso a este desdichado país, en el que cada día se hace mucho más difícil sobrevivir.

 Anoche, en un programa deportivo de radio, oí a un descerebrado hablar de Flo como de un auténtico dios y para él, para el descerebrado, lo es, porque no sólo representa sino que tiene en sus manos el poder suficiente y necesario para aplastar, para reventar, para hacer que expulsen sus hígados por la boca todos los que no reverencien al Real Madrid, esa especie de símbolo fálico de cuyo asqueroso fluido ellos se alimentan, sin percibir siquiera que es ese mismo Flo, a través de todas, absolutamente todas las empresas de España, que ya le pertenecen directa o indirectamente, el que está causando la ruina no sólo de él, que se dedica a repartir correspondencia comercial  en una Vespa, sino de todos esos hijos suyos que decía que estaban en el paro. 

 Y éste es el poder real, el auténtico poder de aquellos desconocidos señores baleares, que, cuando lo necesitan, incluso muñen una buena guerra, en España o en Irak, de la que, por supuesto obtienen pingües beneficios rebozados en sangre inocente de ancianos, mujeres y niños, pero que, por ahora, sólo por ahora, que conste, se conforman con situar en el paro a nuestros padres, a nuestros hijos, a nuestros hermanos, mientras nosotros babeamos con los goles de ese tal Cristiano Ronaldo que Flo fichó para que el descerebrado de la Vespa, en lugar de maldecir al supremo de los culpables de que su hijo y su hermano estén en el paro, lo bendiga como lo que realmente es, su puto Dios. Joel, qué asco, de país, hoy más que nunca puede decirse a gritos eso de que cada país tiene lo que realmente se merece.

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