Aguirre y Mourinho o la cólera de los dioses

No sé por qué hoy vamos a seguir escribiendo sobre el poder y es que es un tema que me apasiona.

El poder, si bien se piensa, tiene mucho que ver con Dios que, lo queramos o no, es el origen de todo poder.

Todo el mundo ejerce poder de alguna manera incluso ese mendigo que no tiene donde caerse muerto pero que lleva un perro atado con una soga. O sea que el pobre hombre no ha querido renunciar al ejercicio de ese pequeño poder.

Mi madre, la mejor persona que yo he conocido, también era ciertamente poderosa, tanto que me llevaba a la escuela de don Patricio a puro zapatillazo, o sea, que, en cierto modo, formaba parte, al menos para mí, de la cólera de Dios, y, además, me lo decía: “no hagas eso, porque es malo y Dios te va a castigar”, lo que no me dijo nunca es que era ella, precisamente, la que iba a concretar en mi caso, la formidable cólera de Dios.

Resumiendo: que Dios ejercita contra los malos, de alguna manera que, a veces, no parece demasiado clara, su magnífica cólera.

Quizá fue por eso que Herzog filmó esa maravillosa película que se tituló “Aguirre o la cólera de Dios”, en la que Dios se mostraba aún más colérico que en otras ocasiones.

Tratando de documentarnos adecuadamente, como siempre hacemos, hemos acudido a Wikipedia y, allí, hemos encontrado en la Revista de Filosofía de la Universidad Austral de Chile, un trabajo de Hernán Neira titulado EL INDIVIDUO INQUIETANTE EN LA PELÍCULA AGUIRRE, LA CÓLERA DE DIOS, DE WERNER HERZOG, en el que este estudioso, qué casualidad, parte para su análisis de 2 filósofos franceses a los que ayer hacíamos nosotros ligera mención, Sartre y Foucault:

“En las páginas siguientes, inspirados por el concepto sartreano de mirada (regard) y el concepto foucaultiano de panóptico (panoptique), analizamos el papel de la mirada y de la observación panóptica en la película Aguirre, la cólera de Dios, de Werner Herzog….”.

“La mirada (regard) adquirió estatuto filosófico completo con la obra de Sartre El ser y la nada (Lêtre et le néant). En este libro, el análisis de Sartre es fundamentalmente  metafísico. Su propósito es mostrar que en la vida cotidiana no se necesita probar, filosóficamente, la existencia de las otras personas, pues en la vida diaria el ser humano experimenta la existencia de los demás como algo cierto: “Es en la realidad cotidiana que el otro nos aparece y su probabilidad se refiere a la realidad cotidiana”.

“La experiencia de la existencia de los otros, de acuerdo con Sartre, es anterior a cualquier tipo de razonamiento. El ser humano descubre la existencia de los otros en dos etapas. La primera etapa tiene lugar
cuando alguien se da cuenta de que hay algo que es capaz de organizar el conjunto del mundo desde su propio punto de vista. La segunda tiene lugar cuando alguien se da cuenta de que es observado (regardé). Esto “indeterminado”, capaz de organizar el mundo desde su propio punto de vista, es un ser humano que también es capaz de transformar al ser humano observado en un objeto. Este análisis ya se ha transformado en clásico”.

Sartre que, además, de filósofo era un eximio escritor, plasmó su idea de que el infierno, o sea, el modo como Dios nos castiga son precisamente los otros, en su obra teatral “Huis Clos”, de la que yo les escribía ayer.

“La disciplina fabrica individuos; ella es la técnica específica de un poder que se dan los individuos a la vez como objetos y a la vez como instrumento de su ejercicio. No es un poder triunfante que, a partir de su propio exceso, pueda confiar en su capacidad; es un poder modesto, que sospecha, que funciona sobre el modo de la economía calculada, pero permanente. Modalidades modestas, procedimientos menores, si se les compara con los ritos majestuosos de la soberanía de los grandes aparatos del Estado”: Foucault.

Y esto, me preguntarán vdes., ¿qué tiene que ver con Aguirre y Mourinho? Y mi respuesta es: todo.

Aguirre y Mou no sólo miran a los otros sino que, además, los espían con una especie de panóptico, porque se consideran dueños absolutos de sus vidas y quieren castigar todo lo severamente que puedan sus desobediencias.

Fue precisamente el espionaje que Aguirre desató sobre algunos de sus compañeros de partido, lo que la enfrentó abruptamente con Manuel Cobo, vicealcalde madrileño, “alter ego” de Gallardón, el archienemigo de Aguirre, y el choque fue tan severo que Cobo no tuvo empacho alguno en decir, en el periódico de más tirada español, que tenía miedo, que temía no sólo por su vida sino también por la de sus hijos.

Ayer, todos los periódicos, en 1ª, nos daban la noticia, Cobo se había salido de una curva con su moto y estaba en una uvi inconsciente, con traumatismo craneoencefálico y respiración asistida.

Uno no quiere hacerlo pero, sin embargo, lo hace, se pregunta dónde y cómo aparcaba Cobo su moto. Ni por asomo queremos insinuar que alguien la manipulara con la criminal intención de provocar este accidente. Pero Cobo, que andaba temeroso de un atentado que acabara con él y con algunos de su familia, está ahora gravemente herido por un accidente de circulación en una cama de un hospital.

¿Es la cólera de Dios? Las maldiciones, a veces, son mucho más efectivas que la manipulación de los aparatos y Cobo tenía, lo sabemos, otros muchos enemigos además de Aguirre, pero de ahí a sostener que el accidente fue provocado hay un trecho tan grande que nosotros no vamos a andar.

El otro colérico individuo es Mourinho. Y también espía a sus subordinados porque éstos han cometido a veces, muy pocas, tanto es el terror que les inspira, el pecado no ya de desobedecerle sino de atreverse a tener vida propia.

De modo que el más insigne de sus pupilos, Casillas, que se equivocó flagrantemente el otro día diciendo que Cesc había exagerado su daño cuando le agredió tan alevosamente por la espalda Marcelo, luego, cuando vio por la tv la entrada en cuestión, se apresuró a llamar a sus amigos Xavi y Pujol, cocapitanes en su equipo y la selección, para excusarse.

Mourinho, utilizando a su favor la famosa cólera de Dios, le ha llamado al orden clamorosamente, y,  por 1ª vez, en años, ha dejado fuera de la alineación a Casillas en el partido más representativo de la institución y no conforme con eso ha atacado de raíz la posición de este hombre no ya fundamental sino incluso providencial en las alineaciones de su equipo: ha manifestado “urbi et orbe” que Casillas en modo alguno es insustituible y que deberemos de ir preparándonos para comprobar sus ausencias en sucesivas alineaciones.

4 comentarios en “Aguirre y Mourinho o la cólera de los dioses

  1. Son tal para cual. La Espe y el Mou digo. Ella misma lo dijo. "Yo soy muy de Mou". A lo mejor era sólo por puro populismo pero vamos, sus personalidades yo las veo muy coincidentes así que no me extraña que se sienta tan identificada. Y seguro que desde que el otro le metió el dedo en el ojo al del Barça todavía más. Aunque públicamente, como tantísimo hipócrita que censura dicha acción, una vez que esta, ha quedado demostrado vía imágenes que no fue una "polémica" entre dos sino el acto rabioso de un chiflado, pueda decir que no, en el fondo, y como rezaba aquella pancarta en el Bernabeu, ese dedo le señala el camino. Y más si es a un catalán.¿Y si toda esta polémica que está llevando a la propia selección española de fútbol al borde de la ruptura se hubiera visto exacerbada no por el entrenador del sagrado RM sino por el entrenador del Barça? Creo que hasta ya hubiera habido ruido de sables.

  2. La verdad, Fernando, es que me has coartado tannto que celebre tus escritos que voy a limitarme a decir que firmo íntegramente tu análisis, algunos aspectos del cual no se me habían ocurrido a mí y creo que son muy interesantes.Efectivamente, si lo del dedo y el ojo lo hace Guardiola ya habría una guerra civil con invasión previa de Barcelona.

  3. No era, en modo alguno, mi intención José. Hago mías las palabras que una vez le leí al amigo Bem y digo que no soy muy bueno gestionando los halagos. Evidentemente que mis humildes comentarios sean valorados por alguien de tu talla en la forma que lo haces supone una gran satisfacción para mí. Me dijeron una vez que mi presencia aquí se debía a que alimentaban mi ego y que, claro, todos nacemos con uno. Y eso es cierto aunque no la razón de dicha presencia. La hay, desde luego, y es tan egoísta como la primera, pero no esa.Abrazos,

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