¿El fin de la historia o, simplemente, la decadencia de Occidente?

    Hirosima y Nagasaki
 Hoy quiero escribir sobre 2 panfletos que, en su momento, tuvieron gran predicamento en la literatura política: La decadencia de occidente y El fin de la historia.

 En el 1º de ellos, Oswald Spengler, que no era tonto y estaba bien documentado, basándose en sus profundos estudios sobre Heráclito y Goethe, creó la doctrina del isomorfismo, y  se atrevió a predecir que Occidente, la civilización occidental decaería víctima del impulso isomorfista que rige inexorablemente el nacimiento, desarrollo, plenitud y muerte de todos los seres vivos, entre los cuales se hallan las propias civilizaciones.

Hay que reconocer que, luego, el empuje de los que, posteriormente, se llamaron los tigres asiáticos, desde el punto de vista estrictamente económico, le han dado la razón.

En cuanto al profesor Francis Fukuyama, su predicción, que partía de la ignorancia o de la hipocresía, todavía era más afortunada en su conjunto, porque la historia, en lo esencial, sólo nos narra los grandes acontecimientos políticos y en “El fin de la Historia y el último hombre (The End of History and the Last Man), Fukuyama expone una polémica tesis, la Historia, como lucha de ideologías ha terminado, con un mundo final basado en una democracia liberal que se ha impuesto finalmente tras el fin de la Guerra Fría.

Si se toma la altura suficiente, la tesis de Fukuyama parece aceptable, sobre todo si se parte de que el último de los acontecimientos decisivos de la humanidad tuvo lugar en Hirosima y Nagasaki, cuando el Enola Gay arrojó sendas bombas atómicas sobre estas dos ciudades japonesas, aquí, con este inhumano crimen de la más lesa de las humanidades, se acabó la historia para siempre porque si otros países poseedores de cabezas nucleares se decidieran algún día a utilizarlas también, entonces sí que sería realmente el fin de la historia puesto que el planeta Tierra se habría autoeliminado del universo. 

Pero la tesis de Fukuyama es una tesis política que sostiene ni más ni menos que el triunfo de la ideología ultraliberalista, neocapitalista y neocons no tiene vuelta de hoja, o sea, que es absolutamente definitivo porque más allá no existe otra cosa que el vacío.

Este profesor universitario o es el más completo de los ignorantes o el más perfecto de los cínicos porque ignora o hace como que ignora que la historia de las revoluciones científicas no tiene fin, en realidad, y que por mucho que les pese a él y Alain Finkielkrauf, autor de ese otro panfleto La derrota del pensamiento, el mundo no se va a acabar mañana ni pasado, por muchas cabezas atómicas que apoyen la civilización ultraliberal, porque si hay algo en el mundo que se haya probado ya científicamente es que esta doctrina socioeconómica y política es más falsa que Judas porque, parafraseando a Reagan y Thatcher, el liberalismo económico no sólo no es la solución sino precisamente el problema, o sea que más bien que en el final de la historia quizás nos hallemos en su principio puesto que se trata de encontrar un nuevo paradigma que sustituya a éste que ha superado todos los límites de la decadencia y que si sigue funcionando aún es por el imperio de las cañoneras usanianas que no se resignan a declinar un poder económico que hace ya algún tiempo que no detentan.

En realidad, la cuestión está mucho más clara de lo que le gustaría a Fukuyama: ¿es el auge, que parece imparable, de la economía china el principio de la vigencia de un nuevo paradigma,  en el que se mezclan, en una proporción que sólo ellos conocen, principios liberales como la utilización indispensable de los mercados con otros principios más indispensables todavía como es la necesaria regulación de los mismos para erradicar de ellos la economía ficticia y los tiburones financieros?

Yo no lo sé y creo que para ello doctores tiene la santa iglesia católica y económica, de lo que sí que estoy completamente seguro es de que si la teoría económica liberal, ultracapitalista y neocons se mantiene no es pos su bondad intrínseca como tal teoría sino por el imperio del garrote del Tío Sam, que, por ahora, se está limitando a mandar sus portaaviones y cañoneras adonde haga falta pero que, no lo dude nadie, si hace falta también enviará a sus nuevos Enola Gay, cargados con las bombas nucleares que sean necesarias  a allí donde haya que imponer una teoría sociopolítica que ya se ha demostrado que es radicalmente falsa pero que es precisamente aquélla en la que ellos, los Usa, siguen basando su dominio del mundo, lo que algunos llamamos el Imperio de la más completa iniquidad.


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