Dios ¿o el Diablo?

 A veces uno no tiene más remedio que oponerse a sus maestros aunque lo haga, es cierto, sin mucha convicción porque piensa que cuando Foucault afirmó que hay también poderes buenos debía de saber muy bien lo que decía.
Pero es que para mi el poder implica siempre el uso de una fuerza que tuerce el curso natural de los acontecimientos, ese orden del discurso de lo que tanto nos hablaba el maestro.
El orden del discurso, si no lo entendí mal, es la propia vida, que no es sino como el agua que corre desde la fuente a esa llanura en la que se remansa y fertiliza a las plantas. Y puede ser conducida, por la fuerza, adonde naturalmente nunca acabaría por ir. ¿Es bueno esto, entonces?
Ayer, escribíamos sobre el infierno, hoy vamos a intentar hacerlo sobre su jefe, el Diablo.
Si yo les digo a vdes. que cuando oí el discurso de investidura de Obama, en algunos pasajes, las lágrimas acudieron a mis ojos tal vez no se lo crean si ahora les digo que aquel mestizo de cabeza rapada y ojos penetrantes me parece el mismo Diablo.
Porque el Diablo es, y seguimos con la teología, el jefe que manda en el infierno y éste, decía yo ayer que, según Sartre, no es ni más ni menos que los otros.
Los otros somos v. y yo para todos los demás incluso para él, Obama, que mora en la Casa Blanca, o sea que v. y yo también formamos parte del infierno para Obama, que se irrita ostensiblemente cuando el Tea Party se opone a lo que él pretende.
Pero, ojo, que yo no estoy escribiendo que el Tea Party forme parte del bien que trata por todos los medios de oponerse al mal que representa el Diablo, Obama, sino tan sólo que el Diablo también sufre en su propia carne algo que desde luego puede considerarse un infierno.
Pero ¿por qué Obama es el Diablo? El Diablo, todo el mundo lo sabe, antes, fue Luz Bel, y aunque la luz no es siempre bella puesto que, a veces, incluso puede cegarnos, en un principio no cabe duda de que fue un bien hasta que alguien, a quien llamaron sabio, la descompuso en simple energía.
Y la energía es indudablemente poder y el poder etimológicamente es algo que fuerza las cosas. Y yo no quiero ser forzado a nada sino tan sólo, simplemente convencido.
Bin Laden era otro mismísimo demonio que sembraba odio y muerte por todo el mundo sólo por ambición de poder, pero no era, esto es indudable, el jefe del infierno, porque el jefe es aquel que ostenta el poder supremo, ése que incluso está por encima de algo tan espantoso como el asesinato.
En su despacho oval, el Diablo decide a quién se debe asesinar e incluso  monta la operación de tal modo que pueda ser contemplada en directo por los principales demonios, los otros asesinos.
Y al demonio menor, que habita en Pakistán, un heroico soldado le vuela la cabeza de un disparo porque la orden es de matar, no de capturar.
Pero ¿por qué el demonio asesinado era un demonio menor?, se me dirá.
Simplemente porque su poder era precisamente menor también.
El mestizo de la cabeza rapada y los ojos brillantes como de iluminado es mucho más poderoso que el satán beduino, tanto que le bastó asentir con su rapada cabeza para que el otro muriera como un perro, allí, tirado en el suelo de una modesta casa de un barrio pakistaní.
Ni siquiera es imaginable que todo hubiera podido ser a la inversa, que el dios rapado fuera asesinado allí, en el despacho oval, de la Casa Blanca, porque aquello es ahora el Cielo y al Paraíso sólo se tiene acceso si eres por lo menos uno de sus dioses.
De modo que Luzbel lo puede todo incluso tiene licencia para asesinar sin que nadie en el mundo pueda siquiera seriamente criticarle porque él, no es ya el Emperador sino el propio Dios y, como tal, puede decretar qué es el Bien y qué el Mal.
O sea que del infierno de ayer, aquel que nos mostraba seres humanos vivos pero calcinados por el peor de los fuegos, sabemos ya quién es el jefe y, por lo tanto, el Diablo, o sea, ni más ni menos que Luz Bel, aunque se haya conseguido el milagro de que sea casi negro, en el país de los más blancos.

El infierno. La patrística, Dante y Sartre; breves reflexiones teológicas

    Hirosima y Nagasaki
   Este post se ha inspirado en esa tremenda fotografía que ilustra mi trabajo del otro día, “¿El fin de la historia o, simplemente, la decadencia de Occidente?”, en la que se puede ver un montón de damnificados por las bombas atómicas caídas sobre Hirosima y Nagasaki,

El ojo humano tiene muy limitada su capacidad de percepción. Para intentar comprender la cantidad casi infinita de dolor que supuso aquel crimen, seguramente el mayor de todos los que ha cometido el hombre, hay que utilizar más la imaginación que la vista.

No obstante, el fotógrafo hizo muy bien su trabajo. Lo que nos muestra la fotografía es un amasijo de cuerpos humanos, echados unos sobre otros casi indistintamente de tal modo que no se distinguen bien sus respectivas individualidades, pero de los que emana, por una extraña capacidad de la instantánea, un inmenso sufrimiento humano como no lo ha hecho ninguna otra imagen captada o creada por el trabajo de otro hombre.

Es la mejor imagen que yo tengo del infierno .

Decía la patrística, sintéticamente, que el infierno es la reunión de todos los males sin mezcla de bien alguno. Creo.

Es imposible encontrar en la imagen de referencia algo que suponga ni un atisbo de bien, porque los 2 samaritanos que en ella se ven intentando mitigar de alguna forma tan ingente cantidad de dolor lo único que hacen es resaltar precisamente la infinitud de éste. De modo que me reafirmo en mi idea de que esta fotografía es la viva imagen del infierno.

Y aquí es cuando interviene una de las mejores cabezas que ha dado la historia del hombre, Sartre, que nos definió el infierno con una brevedad no por simple menos espantosa: el infierno son los otros.

Para ese montón de moribundos, hacinados de cualquier manera, sufriendo lo que ni siquiera se puede intentar describir, no cabe la menor duda de que el infierno fueron los otros, concretamente una serie de individuos que va desde el presidente de los Usa, un viejo camisero retirado, que dio la orden para que se llevara a cabo la peor de las masacres de la historia, a ese tipo que, como es lógico, acabó sus días en un sanatorio psiquiátrico, que pilotó el Enola Gay y apretó los botones para que se desataran las 2 peores muestras de lo que indudablemente es el infierno en la tierra.

De modo que un pacífico vendedor de camisas, Truman, y un piloto hasta entonces totalmente ignorado, ocuparon los tronos de Satanás y sus compinches y encendieron un fuego que será por siempre inacabable, que arderá mientras exista en esta canallesca esfera rodante alguien con un poco de sensibilidad.

Los otros, mucho cuidado con los otros, con ese amable individuo que decenas de años, bajó con nosotros, todos los días laborables, camino de su trabajo, en el ascensor, pero que, un día, llevado por su ambición de poder le hizo participar en unas elecciones a la presidencia de los Usa, que para su desgracia y la nuestra pero, sobre todo, para la de esos muñecos espantosamente rotos que ocuparán por siempre y para siempre esa horrible fotografía, ganó,  mucho cuidado, porque cada uno de ellos, si se le da la oportunidad, puede transformarse en un individuo que pase de jugar una famosa partida de dominó en un pueblo de España, a colaborar muy activamente para que cientos de Enola Gays vuelen, todos los días, sobre otro de esos países mártires que llenan la geografía universal, se llamen Irak, Libia o Afganistán.

De modo que la patrística se quedó corta con su aséptica definición, “mezcla de todos los males, sin mezcla de bien alguno”, porque las quemaduras atómicas o de las bombas de defragmentación y de fóstoro promueven un dolor que los padres de la Iglesia no pudieron imaginar nunca.

Por eso quizá es mejor la definición del hombre que, con pleno sentido, tuvo los reaños suficientes para rechazar el Nobel, “el infierno son los otros”, tesis expuesta en su obra teatral “Huis Clos”, que  yo me atreví a estrenar en España en pleno franquismo, hayan pasado parte de su vida vendiendo camisas o realizando inspecciones de Hacienda, pero escondiendo allá, en el fondo de sus retorcidas almas, la capacidad suficiente para desatar auténticos infiernos en la Tierra.

¿El fin de la historia o, simplemente, la decadencia de Occidente?

    Hirosima y Nagasaki
 Hoy quiero escribir sobre 2 panfletos que, en su momento, tuvieron gran predicamento en la literatura política: La decadencia de occidente y El fin de la historia.

 En el 1º de ellos, Oswald Spengler, que no era tonto y estaba bien documentado, basándose en sus profundos estudios sobre Heráclito y Goethe, creó la doctrina del isomorfismo, y  se atrevió a predecir que Occidente, la civilización occidental decaería víctima del impulso isomorfista que rige inexorablemente el nacimiento, desarrollo, plenitud y muerte de todos los seres vivos, entre los cuales se hallan las propias civilizaciones.

Hay que reconocer que, luego, el empuje de los que, posteriormente, se llamaron los tigres asiáticos, desde el punto de vista estrictamente económico, le han dado la razón.

En cuanto al profesor Francis Fukuyama, su predicción, que partía de la ignorancia o de la hipocresía, todavía era más afortunada en su conjunto, porque la historia, en lo esencial, sólo nos narra los grandes acontecimientos políticos y en “El fin de la Historia y el último hombre (The End of History and the Last Man), Fukuyama expone una polémica tesis, la Historia, como lucha de ideologías ha terminado, con un mundo final basado en una democracia liberal que se ha impuesto finalmente tras el fin de la Guerra Fría.

Si se toma la altura suficiente, la tesis de Fukuyama parece aceptable, sobre todo si se parte de que el último de los acontecimientos decisivos de la humanidad tuvo lugar en Hirosima y Nagasaki, cuando el Enola Gay arrojó sendas bombas atómicas sobre estas dos ciudades japonesas, aquí, con este inhumano crimen de la más lesa de las humanidades, se acabó la historia para siempre porque si otros países poseedores de cabezas nucleares se decidieran algún día a utilizarlas también, entonces sí que sería realmente el fin de la historia puesto que el planeta Tierra se habría autoeliminado del universo. 

Pero la tesis de Fukuyama es una tesis política que sostiene ni más ni menos que el triunfo de la ideología ultraliberalista, neocapitalista y neocons no tiene vuelta de hoja, o sea, que es absolutamente definitivo porque más allá no existe otra cosa que el vacío.

Este profesor universitario o es el más completo de los ignorantes o el más perfecto de los cínicos porque ignora o hace como que ignora que la historia de las revoluciones científicas no tiene fin, en realidad, y que por mucho que les pese a él y Alain Finkielkrauf, autor de ese otro panfleto La derrota del pensamiento, el mundo no se va a acabar mañana ni pasado, por muchas cabezas atómicas que apoyen la civilización ultraliberal, porque si hay algo en el mundo que se haya probado ya científicamente es que esta doctrina socioeconómica y política es más falsa que Judas porque, parafraseando a Reagan y Thatcher, el liberalismo económico no sólo no es la solución sino precisamente el problema, o sea que más bien que en el final de la historia quizás nos hallemos en su principio puesto que se trata de encontrar un nuevo paradigma que sustituya a éste que ha superado todos los límites de la decadencia y que si sigue funcionando aún es por el imperio de las cañoneras usanianas que no se resignan a declinar un poder económico que hace ya algún tiempo que no detentan.

En realidad, la cuestión está mucho más clara de lo que le gustaría a Fukuyama: ¿es el auge, que parece imparable, de la economía china el principio de la vigencia de un nuevo paradigma,  en el que se mezclan, en una proporción que sólo ellos conocen, principios liberales como la utilización indispensable de los mercados con otros principios más indispensables todavía como es la necesaria regulación de los mismos para erradicar de ellos la economía ficticia y los tiburones financieros?

Yo no lo sé y creo que para ello doctores tiene la santa iglesia católica y económica, de lo que sí que estoy completamente seguro es de que si la teoría económica liberal, ultracapitalista y neocons se mantiene no es pos su bondad intrínseca como tal teoría sino por el imperio del garrote del Tío Sam, que, por ahora, se está limitando a mandar sus portaaviones y cañoneras adonde haga falta pero que, no lo dude nadie, si hace falta también enviará a sus nuevos Enola Gay, cargados con las bombas nucleares que sean necesarias  a allí donde haya que imponer una teoría sociopolítica que ya se ha demostrado que es radicalmente falsa pero que es precisamente aquélla en la que ellos, los Usa, siguen basando su dominio del mundo, lo que algunos llamamos el Imperio de la más completa iniquidad.


PP y PSOE, golpe de Estado permanente (II)




Fraga a Herrero de Mignon y Roca Yunyent, cuando discutían sobre la Constitución: “la sabiduría de Franco sólo falla en una cosa y es que leía muy poco: en el mundo de hoy es imposible que subsista un régimen de partido único, es preciso que, como decía ese genial italiano, lo cambiemos todo para que todo siga igual, ¿por qué no vamos a tener nosotros una constitución como la tiene todo el mundo, todo seguirá  igual si la hacemos nosotros”.

Y la hicieron ellos, claro, y como coartada para que colara mejor dejaron que Solé Tura y Peces Barba formaran parte del equipo e incluso que de vez en cuanto dijeran algo.

Y la Constitución sustituyó a los Principios Generales del Movimiento de tal modo que ya pudo haber en España tantos partidos como en cualquier otro sitio civilizado, sólo que los partidos emergentes funcionarían de tal modo que todo parecería que había cambiado pero, en el fondo, todo seguiría igual, o sea, que seguirían mandando ellos porque los partidos de izquierda convenientemente penalizados a la hora del voto sólo serían partidos-coartada absolutamente marginales.

De modo que aquel canallesco régimen de partido único falleció de muerte natural a manos precisamente de los propios jerifaltes que lo constituían y fue sustituido pacíficamente por otro régimen en el que la Falange se dividió en 2: la de Adolfo Suàrez y la de Felipe González y lo hicieron tan bien que hasta ellos mismos se lo creyeron y a veces hasta discutían de verdad en el Congreso e incluso se insultaban pero la sangre nunca podía llegar al río porque todos ellos querían llegar pacíficamente al mismo sitio. Y llegaron.

Todo aquel ingente e indestructible aparato franquista no sólo quedó incólume sin que creció, se crearon las Autonomías para seguir enchufando a los hijos, hermanos, primos y demás familia que no pudieron colarse en la Administración central y los Fraga, Roca, Herrero “et alteri”  respiraron satisfechos porque parecía que todo había cambiado cuando en realidad todo seguía igual, gobernaban los mismos perros sólo que con distintos collares.

Si acaso, ahora, tenían una coartada más, cuando las Cortes se equivocaban y promulgaban una ley realmente progresista, la derecha superoficial, ahora mismo, Rajoy, la llevaba al Constitucional y se la cargaba, porque para eso habían hecho ellos ese engendro de Constitución, pero los tiempos evolucionan a marchas forzadas y la economía seguía imperturbable su camino imponiendo sus leyes, de modo que ahora mismo, también, la pulsión de la izquierda trata de mantener ese pequeño bienestar social que se les coló entre los dedos, y los gobernantes se ven obligados a aumentar el déficit para atender necesidades absolutamente imprescindibles de la pobre y hermosa gente que se muere realmente de hambre, es una brecha que no supieron prever aquellos genios constituyentes pero aquí están Rajoy y Zp para remediarlo: introducirán en el aborrecible texto un nuevo artículo que se cargará dicha posibilidad, de tal modo que ahora, cuando la gente se muera de hambre sólo habrá que enterrarla si no por otra cosa para que no huela mal.

Fraga, Herrero y Roca todavía viven. Estarán contentos. Porque todo parece que ha cambiado pero, en el fondo, todo sigue igual. Ronald Reagan, aquel pésimo actor que fue peor aún presidente de los Usa, dormirá su sueño eterno más tranquilo y la Thatcher, orgullosa, irá más contenta a la peluquería, porque su tesis de que el Estado no es la solución sino precisamente el problema se va imponiendo ya que aquí, al poco Estado que aún queda le han quitado una facultad más, la de utilizar el déficit para atender necesidades sociales imprescindible. Ahora, ya no podrán porque si alguno se atreve y lo hace el Rajoy de turno recurrirá al Constitucional y se cargará la ley.

Como es lógico, la izquierda oficial, IU, los sindicatos, el M15 y la DRY ha protestado enérgicamente, exigiendo que dicha modificación constitucional se haga mediante referendum. 

Esta pobre gente no ha aprendido, todavía, la lección, si la ley de reforma constitucional va a referendum, PP y PSOE ganarán, porque este pueblo infame que padecemos es de derechas de toda la vida y cuando parece que vota izquierda es porque se equivoca.

Heridos de muerte


Para los que hemos pasado gran parte de nuestra ajetreada vida en los ambientes judiciales, está claro que la peor situación de un litigante es aquélla en la que afirma continuamente la existencia de hechos de los que no es ya que no tiene ninguna prueba sino que, para su desgracia, todas las que hay están decididamente en su contra.

Ésta es la tragedia actual del Real Madrid, RM en lo sucesivo.

Frente a los terribles hechos que acaban de dar la vuelta al mundo, a través de las cámaras de Tv, hundiendo para siempre el ya poco prestigio que le quedaba, a estos descerebrados individuos que ahora lo dirigen(?) no se les ha ocurrido otra cosa que presentar ante el “Comité de competición” de la Federación Española de Fútbol, FEF,  una requisitoria pública, a través de una nota colgada en su web, para que este organismo unipersonal, ostentado, como casi todos los de la referida RFEF, por alguien con un pasado decididamente madridista, un ex socio del club, lleve a cabo una averiguación exhaustiva de los insultos, vejaciones y agresiones sufridas por los jugadores y técnicos del RM, en el expediente que acaba de abrir para sustanciar el incidente provocado por ese demente que es Morurinho cuando, 1º, intentó pisarle la cabeza a Fábregas mientras éste se hallaba todavía en el suelo como consecuencia de la terrible y alevosa entrada por detrás de Marcelo, y, 2º, anduvo tranquila, premeditada y ostensiblemente toda la distancia que implican las 2 áreas técnicas y el espacio que las separa, para llegar hasta Vilanova, el 2º de Gurdiola, y METERLE EL DEDO EN EL OJO DERECHO, a la vista de todo el mundo mundial.

El problema, digo, es que el RM no puede defenderse de sí mismo. El  RM, como demostramos el otro día, aquí mismo, es una institución declaradamente fascista y el fascismo se caracteriza, entre otras cosas, por la más firme persuasión de su total impunidad.

Para quien se considera a sí mismo como la máxima encarnación de los designios divinos no es sólo que todo le está permitido sino que todo lo que hace no es sino la propia realización de la justicia divina, ante la cual no cabe otra conducta que la de decir “amén”.

Pero como antes apuntábamos, el RM tiene el insalvable problema de la prueba de todo lo que dice: el mundo entero se ha llenado de vídeos, o sea de válidos documentos visuales filmados espontáneamente por videocámaras imparciales, en los que sus representantes actúan de la más deleznable de las maneras:

1º) no hace mucho, en territorio comanche, es decir en territorio enemigo, en pleno Camp Nou, ante casi 100 mil espectadores “enemigos” presentes físicamente “in situ”, el que seguramente es el más perfecto representante de la ideología madridista, Sergio Ramos, no tuvo la menor duda y comenzó a agredir a todo lo que se ponía por delante: Messi, como en un lance del juego, Puyol, Piqué, Xavi, etc. todo lo que se cruzaba en su camino, incluso al personal laboral del  Barça, porque él, Ramos, era un jugador del RM, o sea, del equipo designado por Dios para reinar deportivamente sobre la Tierra, y todo los demás no eran sino réprobos que sacrílegamente se oponían a este supremo designio divino de modo que cuando el los apartaba, con la mayor violencia del mundo, de su camino no hacía sino cumplir esa voluntad divina cuya intervención suplica siempre en los prolegómenos de los partidos internacionales cuando como el mejor de los angelitos mira suplicante al cielo. De modo que va a costarle mucho a quien lo intente convencer a nadie de que este angelito es un sumiso y pacífico muchacho capaz de soportar inalterable los insultos, las vejaciones y las agresiones de las que el RM habla en su nota de prensa, pidiendole justicia a Alfredo Flórez, que, como todos los componentes del organigrama de la FEF, ha sido antes algo madridista, en este caso sólo socio. Este angelito cuyos ojos suplicantes siempre miran candorosamente al cielo es el mismo sujeto que muestra olímpicamente su desprecio a Piqué porque responde en catalán a una pregunta que le hacen en dicho idioma y que, cuando se despide de una entrevista que le hacen en una revista señera del peor de los fascios, lo hace gritando el consabido lema de la grey fascista: “Arriba España”;

2º) pero este ángel de bondad palidece considerablemente si se le compara con el que hoy es su mentor, Mourinho, que absorbido el poco seso que tiene por su odio cartaginense a los romanos azulgranas que cometieron el supremo sacrilegio de no nombrarle entrenador prefiriendo a ese indocumentado de Guardiola, ha declarado guerra a muerte a los azulgrana y les exige a sus jugadores que se dejen de esas pamplinas de jugar al fútbol y actúen como auténticos hombres, yendo descaradamente, frente a todo el universo que lo contempla incrédulo, a la caza y sacrificio del enemigo, y para que no duden ni un instante les predica con el ejemplo, pareciéndole poco la entrada por detrás de Marcelo a Cesc, se lanza decididamente a pisarle a éste la cabeza mientras está todavía en el suelo y, después, marcha pausadamente hasta el área técnica del Barça y le mete ostensiblemente, para que todo el mundo lo pueda ver, un dedo en el ojo a ese pusilánime de Vilanova, que, por no hablar, no quiere burro, y, después, este tipo que acusa a los demás de hipócritas por que no tienen su insoportable cinismo, no sólo niega la cobarde agresión, que ha visto el mundo entero, sino que afirma no conocer al tal Pito, y que, en todo caso, confiando en la impunidad que le han asegurado que va a tener siempre, mientras milite en el RM, que se lo demuestren para eso está por ahí, el 4º árbitro.

Todo esto, para desgracia del RM, se realiza ante miles de cámaras de todo el mundo que esperan ansiosamente noticias para saciar el morboso apetito de los espectadores de Tv que, ahora, tienen la más completa información gráfica ya indeleble para siempre,  sobre qué es, una institución decididamente fascista, y como actúa, fascisticamente en consecuencia, el que yo nunca he comprendido por qué se empeña en autodefinirse como un club señor, sabiendo como sabe que es precisamente todo lo contrario.

Herido de muerte. El RM está herido de muerte y lo sabe porque tontos no son. Soberbios, ególatras, decididamente fascistas, pero tontos, no.

Saben que ya hay constancia documental inapelable y universal de cómo son y cómo las gastan, que el mundo entero ha comprobado asombrado lo que son y han sido capaces siempre, pero ahora, al fin, todo el mundo sabe lo que nosotros pregonábamos insistentemente: el RM es la vergüenza del fútbol universal, no ha hecho nunca, nunca, nunca, otra cosas que ejercer la piratería futbolística, practicando a rajatabla todas y cada una de los técnicas fascistas que propugnara el maestro de todos los fascistas, Goebbels, hasta ahora mismo en que las tvs de todo el mundo lo han desenmascarado al fin para siempre.

Ahora todo el mundo sabe quién es el RM y no sólo como actúa ahora, época en la que el mundo parece libre, en su parte occidental, de los fascismos, sino también cómo actuó siempre, cuando su principal valedor no era ni más ni menos que el 3º de los grandes fascistas que asoló a Europa, el invicto caudillo, criminal y genocida, que eligió para su propaganda goebbelsiana a esa criatura suya esencialmente representativa del peor de los fascismos.

Madridismo y marxismo La tragedia de ser madridista y de izquierdas.


Hay notables izquierdistas que se confiesan al mismo tiempo madridistas y la pregunta se impone: ¿es posible ser, al propio tiempo, marxista y madridista?

Para ser marxista hay que ser inteligente, para comprender que todo es economía en cuanto ésta es la ciencia de la elección, la que nos enseña en cada momento a elegir entre varias opciones aquella que más conviene a nuestras necesidades.

Si uno vive para elegir siempre la mejor opción en orden a nuestras propias necesidades, imaginemosnos lo que debe de sufrir un marxista eligiendo futbolísticamente la durísima opción de dar todo su apoyo a un club de fútbol como el Real Madrid.

La tragedia es tan grande que ha obligado a alguien tan inteligente como Jorge Valdano a formular una teoría insuficientemente justificatoria, la de que el fútbol es un estado de ánimo, un sentimiento.

Valdano sabe que es absolutamente injustificable ser de izquierdas y del Real Madrid, porque este club es la más perfecta encarnación del ultracapitalismo liberalista neocons, de tal manera que si hubiera que elegir universalmente una institución que ejemplificara lo que es tal ideología, o sea, la esencia de la ultraderecha económica, ésta sería precisamente el Real Madrid, porque ninguna otra como ella ha asumido las tesis de poner en práctica un capitalismo rampante que todo lo avasalla, que no sólo no respeta las parcelas de las demás instituciones futbolísticas sino que hace mofa y befa de todas ellas, aplastándolas, destruyéndolas.

Se hizo famosa la escena que cotidianamente se representaba en los lujosos despachos del Bernabéu, Lorenzo Sanz, su hombre de confianza, Juan Noséqué y el inefable Jesús Gil, jugándose los cuartos al póker y Sanz pagándole sus deudas al atlético con vales porque en la caja del Madrid no había más que telarañas. El Madrid debía  tanto dinero que la situación era ya insostenible y no había otra solución que convertirlo en Sociedad anónima.

Pero, entonces, apareció el Ser Superior, un ser superior es alguien que todo lo que toca lo transforma en oro, o mejor aún, es un tipo que convierte el aire, el puro vacío en oro.

El RM, contablemente, no existe, es un ente fantasmagórico ya que la deuda que acumula es realmente incalculable e insalvable por los medios admitidos por las leyes contables pero dos de los hombres más astutos que ha dado España hicieron el milagro no ya de los panes y los peces sino otro mucho mayor aún: el de transformar una entidad en quiebra irremediable en un emporio gigantesco capaz de comprar todo lo que se mueva en el terreno futbolístico.

Esa es la gran mentira de nuestro país si uno oye a madridistas descerebrados como Roncero, Guasch y Rincón, no hay nada en el orbe futbolístico que el Madrid no pueda comprar, es una desmesurada ostentación de la que hacen gala constantemente.

Pero es absolutamente verdad. Porque el RM no es un club de fútbol ni siquiera una institución deportiva, según ellos, la más grande que nunca habrá en este desdichado país, el RM no es ni más ni menos que España.

Efectivamente, por eso yo, el otro día, escribía por aquí que el madridismo no es sino un fascismo, en tanto en cuanto es una institución totalitaria que comprende todas las esencias de un país. En tanto en cuanto nada ni nadie puede sensatamente enfrentársele porque se enfocarán contra el que ose hacer tal cosa todas las fuerzas vivas de la nación. 

Apoyándonos en Wikipedia, enumerábamos las características del fascismo: “plantea una sumisión de la razón a la voluntad y la acción”, si Mou le mete el dedo en un ojo a Vilanova, está bien hecho porque eso es defender el madridismo, dicen los madridistas y, como todo el mundo sabe, el fin justifica los medios; “un nacionalismo fuertemente identitario”: el RM es España y todos los que se le oponen son sencillamente antiespañoles; “con componentes victimistas”: al RM se le persigue dentro y fuera de España precisamente por su excelencia sencillamente insuperable que sólo puede ser vencida mediante la confabulación del mundo entero y la consiguiente conspiración; “que conduce a la violencia contra los que se definen como enemigos por un eficaz aparato de propaganda”: y no estamos hablando sólo de esa violencia verbal absolutamente insuperable del As, Marca y, en general, toda la prensa española, sino también de la física, todo el madridismo defiende que su equipo utilice como el elemento más común de su actuación en los terrenos de juego de una violencia física insuperable; “un componente social interclasista, y una negación a ubicarse en el espectro político (izquierdas o derechas)”: el RM no es de izquierdas ni de derechas porque, sencillamente, es de todos, ya que todos los españoles de ley están y así se sienten representados por el RM; “lo que no impide que habitualmente la historiografía y la ciencia política sitúen al fascismo”, o sea, al madridismo, “en la extrema derecha y le relacionen con la plutocracia”.

De esta manera, identificando al RM no ya sólo con la nación sino también con el Estado español, antaño, Bernabéu y, hogaño, el Ser Superior han conseguido plenamente lo que se proponían: que la nación casi en su totalidad, con excepciones que no hacen sino confirmar la regla general, se configure como esencialmente madridista, de tal manera que se propugna que a España si se la conoce en todo el mundo es gracia al RM: fascismo identitario puro y duro.

Así las cosas, cada vez que el RM sufre algún problema, ya sea económico ya sea deportivo, el país entero cierra filas detrás de él y hace lo que haya que hacer para resolverlo. Si se trata de aportar dinero para que fiche a un jugador que no se puede fichar por su inalcanzable precio, sobre todo para un club que confiesa deber mil millones de euros, todas las entidades bancarias del país se muestran dispuestas a aportar a fondo perdido el dinero que sea necesario.

Y el RM ficha, y ficha, y ficha, incansablemente, sin reparar en precios porque el fondo económico de que dispone es inagotable puesto que se trata de toda la capacidad económica de todo el país, por eso todos los madridistas que intervienen en las tertulias radiofónicas hace una insultante ostentación de su absoluto poderío económico.

Es por eso que Valdano, que tiene todos los motivos del mundo para saber todo esto porque ha formado parte ya 2 veces del entramado directivo madridista, no tuvo más remedio, en su intento de conciliar su izquierdismo con su madridismo,  de inventarse aquello tan bonito de que el fútbol es un estado de ánimo.

 Si el fútbol no es más que una especie de nonchalance, en el fútbol todo está permitido hasta que los más feroces izquierdistas, partidarios del más puro de los marxismos sean esencialmente madridistas porque sobre los sentimientos no se puede mandar, en todo caso, es posible silenciarlos de tal modo que nadie tenga presente cuando uno evangeliza sobre marxismo que ese uno es el más grande  de todos los madridistas, de tal manera que jamás, jamás, jamás, teniendo por finalidad vital, como parece que la tiene, la de comentar todo lo que sucede en el mundo, jamás, jamás, jamás, mencione nunca al RM. ¿Por qué, por qué, por qué? Como inquiriría el que ahora es el más madridista de todos, Mourinho.

Y ahora he dejado de escribir sobre Valdano y lo estoy haciendo de La Repu, La Repu es, quizá, el personaje más respetado del chat de Saco, “Fuego amigo”, porque reúne en su persona una serie de características absolutamente increíbles: es un héroe en lo fisiológico, esto es indiscutible, porque además de ser diabético, está transplantado de hígado, por lo que debe de inyectarse por lo menos 2 veces diarias, insulina e inmunosupresores; y, sin embargo, quizá sea el hombre más activo de toda la izquierda nacional puesto que va frenéticamente de un sitio a otro en donde se produce alguna manifestación importante de la izquierda, desde las asambleas del M15 de su barrio a la reunión conmemorativa del asesinato de las 13 rosas en las tapias de un cementerio madrileño.

Pero lo que a mí me subyuga de la personalidad de La Repu es que personifica algo que teóricamente es absolutamente imposible: la convivencia en una misma cabeza y en un mismo corazón de 2 sentimientos absolutamente incompatibles: el marxismo y el madridismo.

De todas las personas que yo he conocido en mi vida, La Repu es el más marxista de todos. Siempre tiene a Marx en los dedos y éstos sobre el teclado del ordenador para escribir de marxismo, pero jamás, jamás, jamás, lo hace de madridismo, siendo como es el más feroz también de los madridistas, tanto que es precisamente ese clamoroso silencio el que más habla de su incondicional madridismo.

¿Por qué nunca, nunca, nunca, La Repu escribe sobre el madridismo? Porque sabe que no puede hacerlo sin tener que renunciar a esa que parece su pasión en esta vida, el marxismo.

Porque marxismo y madridismo son tan incompatibles como el agua y el fuego, como Dios y el Diablo, como el Ser y la Nada.

Porque el madridismo o no es nada o es la más perfecta encarnación del ultracapitalismo liberalista ultraderechista neocons que ha conseguido, al fin, el milagro que esta ideología repugnante perseguía: mover todas los inversiones reales del mundo sin tener ni un sólo euro o dólar que las respalde, especulación pura y dura, capitalismo financiero puro y duro, con todas las entidades financieras del país sosteniendo a una entidad que desde el punto de vista contable ni siquiera existe porque está quebrada. Caput, finita.

Derecha e izquierda (I), Crítica de la razón pura.

Si se me permite, voy a utilizar como subtítulo de este post, el sagrado referente kantiano de “Crítica de la razón teórica”, porque voy a intentar exponer, aquí y ahora, el que es mi pensamiento sociopolítico teórico para, luego, en posts sucesivos, concretar las aplicaciones pràcticas del mismo en una especie, pues, de “Crítica de la razón práctica”, salvadas, claro está, las siderales distancias.

Como mi concepto de la izquierda creo que todavía no está universalmente aceptado e incluso habrá quien sostenga que proclamar la verdad y promover la justicia es posible que sea también preocupación de la derecha, voy a remitirme al DRAL para ilustrar este post.

Izquierda: “11. f. Conjunto de personas que profesan ideas reformistas o, en general, no conservadoras”.

Y derecha: “26. f. Conjunto de personas que profesan ideas conservadoras”.

Como concepto simple es completamente inoperante ya que todo el mundo es reformista o conservador en relación a determinados problemas, por ejemplo, la pena de muerte, que yo creo que es admitida ya por muy pocos ciudadanos cuya vida cultural no se haya desarrollado en un ambiente en que dicha aberrante sanción  haya sido admitida tradicionalmente.

O sea, que es preciso, en orden a una definición de izquierda y derecha, dar un paso más y relacionar ambos conceptos con la posición que se adopte en relación con el gobierno de la “res publica”: si uno es partidario de que gobiernen los que ya detentan el poder real, o sea, el económico, es de derechas o, si por el contrario, pretende subvertir dicho orden sustituyéndolo por otro en el que la economía se supedite a la mejor convivencia social de tal modo que todos tengan acceso a la riqueza de las naciones de una manera no sólo generalizada sino proporcional a su esfuerzo, es de izquierdas.

En mi esfuerzo por simplificar esta idea para hacerla más asequible, yo daba un paso más y afirmaba que la izquierda se caracteriza por la proclamación de dicha verdad política y por su posterior trabajo para que esta justicia que hemos dado en llamar social se imponga.

Ahora, sí, ahora, sí que estoy de acuerdo con la definición de izquierda y derecha: si uno sostiene como verdad indiscutible que todo ciudadano, por el mero hecho de haber sido arrojado a este puñetero mundo, tiene los mismos derechos y deberes que los demás y está dispuesto, además, a luchar hasta la muerte por conseguir que esta verdad no sólo se admita sino que se imponga, este individuo, que puede parecer un iluso, no cabe duda de que es de izquierdas.

En cambio, si el individuo propugna que la única verdad es que el mundo y la vida son como son y que él, particularmente, no tiene la culpa de que sean así, o sea, que, como el doctor Pangloss, piensa que el mundo está muy bien hecho y que, por lo tanto, es mejor no tocarlo, y, por supuesto, también está dispuesto a dar la vida por conservar este estado de cosas, este individuo, que no tiene nada de iluso, es de derechas de toda la vida, tanto como también es esencialmente injusto porque propugna que un estado de injusticia tal se mantenga incluso si es necesario mediante los pertinentes elementos de coacción.

Es por eso que, simplificando al máximo, siempre he sostenido que la izquierda es la defensa de la verdad: todos no sólo somos iguales sino que además tenemos los mismos derechos sobre la famosa riqueza de las naciones sin que pueda admitirse, por ningún pretexto ni en ningún caso, la apropiación exclusiva de los medios de producción, y esta verdad es de tal naturaleza y tiene tanto derecho a su vigencia que debe de ser perseguida por todos los medios a nuestro alcance hasta su total consecución. Y esto es lo que yo llamo la promoción de la justicia, que he definido miles de veces, con Ulpiano, como dar a cada uno lo que por naturaleza es suyo.

Entonces, habrá quien me oponga que un concepto tal es hoy día, en el complicadísimo mundo que nos rodea, no sólo imposible sino también inconveniente, que hacer titulares de todo el patrimonio productivo nacional a todos los ciudadanos que habitan el país no sólo no es posible por las dificultades jurídicas que comporta sino porque implicaría, además, una insalvable dificultad práctica, al suponer un  notable impedimento para que las empresas funcionaran con la imprescindible libertad.

Y, aparentemente, tendrían razón si los ciudadanos de izquierda pretendiéramos hacer valer nuestro derecho a reclamar en cualquier momento la cuota parte que nos corresponde de la riqueza nacional.

No, no es eso, no es eso, como diría nuestro Ortega, se trata únicamente de que en todas las leyes sociales que regulen la prestación de los trabajos de ejecución y dirección se parta siempre del concepto de la igualdad inalienable desde el punto de vista de la dignidad humana de empresarios y trabajadores, de tal manera que así  como las leyes consideran intocable el derecho de propiedad material de los bienes no sólo de consumo sino también de producción, establezcan como premisa incuestionable el derecho de los trabajadores a la participación en el producto del trabajo de cualesquiera de las maneras que, en cada caso, sean posibles,  mediante la atribución de acciones u obligaciones o de cualquier otro modo de acceso a la participación directa no sólo en los beneficios sino también en la propiedad de las empresas, pero, sobre todo, estableciendo el derecho absolutamente inalienable de que la renta nacional se distribuya entre todos los ciudadanos mediante las más adecuadas generación y distribución de los impuestos, o sea, todo lo contrario de lo que constituye el postulado esencial de la derecha actual que preconiza la desaparición total del Estado con su insustituible función de recaudar y distribuir de la manera más equitativa posible la renta nacional.

O sea, que la mentira de que el Estado no es la solución sino el problema es la base de la derecha y la organización de toda la sociedad con el propósito de hurtar a las clases trabajadoras su necesaria participación en la renta nacional a través de la función impositiva estatal, es el modo absolutamente injusto de conseguir, como ya lo está haciendo, este propósito.