Un caudillo mundial está anunciando su llegada o el Dios que viene.


Los pensadores alcanzan la categoría de genios cuando llegan a conclusiones tan universales que sus postulados o proposiciones se cumplen eternamente.

La descripción de las formas del gobierno humano y su necesaria sucesión a través de los tiempos no sólo es el fruto de la minuciosa observación de los fenómenos históricos sino también de la particular inteligencia de hombres como Aristóteles, dotados del genio necesario y suficiente para descubrir lo que está oculto en la esencia de los fenómenos que analiza.

Aristóteles no habló ni escribió, que yo sepa, de los mercados, pero sí que lo hizo y abundantemente de que cada una de las formas de gobierno lleva ínsita en si misma el germen de la siguiente, de que es la descomposición inherente a todo lo humano lo que provoca el particular agotamiento de cada uno de los sistemas y la consiguiente dehiscencia.

Aristóteles consideraba 3 formas originales de gobierno cuya corrupción originaba otras 3 formas espurias: monarquía, aristocracia y democracia y sus secuelas o corrupciones tiranía, oligarquía y demagogia.

Simplificando radicalmente, el problema que tenemos ahora es averiguar en cuál de estas formas de gobierno nos hallamos, por qué y adónde nos lleva ese impulso histórico que ha hecho a algunos de los más grandes filósofos de la historia  llegar a la conclusión de que nos dirigimos a un final no deseado de los tiempos (“La decadencia de Occidente”, Oswald Spengler y “La derrota del pensamiento” de Alain  Finkielkraut).

Antes, debemos de establecer una premisa que no goza precisamente de la cualidad de indiscutible pero que a nosotros nos parece cierta: los grupos humanos, incluido el que constituye la humanidad, gozan de  una vida propia que se somete a los más diversos avatares pero que tiene una línea de persistencia individual, exactamente la misma que la de cualquier otro organismo vivo.

La humanidad, el universo, el mundo, como quiera llamársele, experimenta una vida tan propia como la de cada uno de nosotros lo que ocurre es que ésta se desenvuelve con la casi infinita lentitud de los fenómenos universales.

Por supuesto, que hay una biología natural de la humanidad, del mundo, del universo de acuerdo con la propia esencia de los fenómenos naturales, pero también existe la que podríamos denominar biografía política universal que no es otra que la historia de la especie humana sobre la Tierra.

Hay simplicísimos autores que han proclamado ya a los 4 vientos que nuestra evolución histórica ha concluido, porque nuestra organización sociopolítica no puede ir más allá, o sea, porque se ha culminado ya el proceso de desarrollo humano.

Hay una motivación histórica para este falso diagnóstico: la aparición de un fenómeno sociológico que hasta ahora no se había presentado tan claramente: la globalización.

A partir de ahora, si somos lógicos, no podemos hablar de fenómenos nacionales circunscritos a los límites concretos de los distintos Estados sino que nos hallamos en presencia de un fenómeno universal, que comprende a todo la humanidad, de modo que los diversos Estados que componen hoy el mundo se han visto reducidos, en su protagonismo histórico, a una situación semejante a la que antes tenían las regiones o provincias en las distintas naciones.

Y esto se halla plenamente ratificado por la actual crisis sistémica que asola al mundo, que no es sino una más de las crisis históricas, lo que nos lleva a concluir que estas crisis lo son de crecimiento o de desarrollo pero también son el anuncio de una crisis total final.

La cuestión que nos ha impulsado a escribir todo esto es: ¿nos hallamos, como decía Fukuyama, ante el final de la historia, sólo que dándole a la pregunta otro sentido completamente distinto, nos hallamos en la antesala del fin del mundo, o sólo se trata de una crisis más?

Y, aquí, es cuando viene a cuento la invocación inicial a Aristóteles: ¿se trata únicamente de un cambio en la forma deL gobierno mundial de modo que la democracia que nos dirigía ya está siendo sustituida por la simple y pura demagogia del gobierno profundamente antidemocrático de los mercados y los especuladores, que sólo buscan el dominio oligárquico del universo y que sólo pueden ser derrotados por la abrupta aparición de ese tirano tradicional que se ofrece como el salvador de estas crisis ficticias que ahora nos asolan y que, según él, el tirano, sólo pueden resolverse verdaderamente con una mano firme que gobierne el mundo, llámese Hitler o como quiera que se llame ese nuevo caudillo que todavía no ha dado la cara?

Mercados, su gobierno del mundo y de las naciones o una democracia más falsa que Judas.

Hoy, me gustaría escribir un poco sobre los mercados pero no sé si sabré hacerlo.

Como por arte de birlibirloque se han convertido en tótem y tabú. Tótem en cuanto son los dioses indiscutibles no sólo de la economía sino también de la política y tabú en tanto en cuanto no se puede siquiera pensar en tocarlos, algo así como decía Juan Ramón Jiménez de la rosa: “no la toquéis que así es la rosa”.

¿Por qué los mercados se han convertido en el tótem de la economía y de la política?

Porque a todos los políticos del mundo les han faltado los cojones (perdón, pero creo que es la manera más enérgica de decirlo) necesarios para hacer lo que había que hacer: mandar la economía a hacer puñetas y dedicarse a lo que es objetivo prioritario de su profesión: hacer política.

-“Pero”-se me dirá-“¿es que se ha vuelto v. loco, no era v. riguroso partidario de la idea marxista de que todo es economía, entonces, cómo quiere ahora cargarse o, por lo menos, supeditar esta insigne ciencia a esa bazofia que es la política?”.

Y en mi vida me he visto en tal aprieto.

Efectivamente, amigos, todo, todo es economía y más que nada la política porque no se trata de otra cosa que de mantener las necesidades elementales de todos los ciudadanos cubiertas.

Pero sucede que precisamente los políticos, cuanto más importantes, peor, nos están engañando a todos como a chinos: lo que están haciendo, en realidad, no es preocuparse de los intereses primarios, elementales, de los ciudadanos sino de los intereses nada primarios ni elementales de los grandes emporios financieros.

Y esto nos lo están diciendo a gritos los pocos economistas honrados que aún quedan por el mundo: “manden ustedes a la mierda a las grandes empresas y a los Bancos, que se pudran y que se hundan en su propia mierda y dediquense a proteger y ayudar a las pymes y a los autónomos que son realmente los que crean empleo y, así, creando empleo, aumentarán las posibilidades de que crezca también el consumo de las clases trabajadores lo que redundarà en el aumento de toda la producción y así hasta los jodidos empresarios y los canallescos Bancos acabarán también ganando dinero, pero no lo harán ellos solos como está sucediendo ahora”.

“Esta es una época interesante, y lo digo en el peor sentido de la palabra. Ahora mismo, estamos viendo no una sino dos crisis inminentes, cada una de las cuales podría provocar un desastre mundial. En Estados Unidos, los fanáticos de derechas del Congreso pueden bloquear un necesario aumento del tope de la deuda, lo que posiblemente haría estragos en los mercados financieros mundiales. Mientras tanto, si el plan que acaban de pactar los jefes de Estado europeos no logra calmar los mercados, podríamos ver un efecto dominó por todo el sur de Europa, lo cual también haría estragos en los mercados financieros mundiales”. ( Paul Krugman, ELPAÍS.com. Sábado, 23/7/2011. TRIBUNA: La crisis del euro – La factura del sector privado).


-“Pues en última instancia, el giro estratégico adoptado por el Gobierno implica dejar de gobernar al servicio de los ciudadanos para pasar a plegarse al poder inapelable de los mercados. Sin embargo, en esto Zapatero no es el único culpable, pues los demás gobernantes han hecho lo mismo. Casi todos han renunciado a su soberanía ejercida en representación de sus electores para pasar a obedecer los dictados de una nueva soberanía supraestatal que emerge del llamado consenso de los mercados, según se puede comprobar estos días con la crisis europea de la deuda soberana……Semejante modelo de financiación pública con cargo a deuda, y ya no con cargo a impuestos, pareció funcionar en un comienzo con gran eficacia política, pues deparó grandes rendimientos electorales sobornando a las clases medias con paulatinas rebajas de la presión fiscal. Pero el tiempo ha revelado que se trató de un regalo envenenado, pues la financiación pública con cargo a deuda externa pronto empezó a generar graves efectos perversos, en cuanto el endeudamiento público creció lo suficiente como para formar una burbuja especulativa de realimentación circular que pasó a quedar fuera de control. Es lo que ha ocurrido desde 2010, cuando la burbuja de la deuda soberana de las democracias occidentales ha terminado por estallar, colocando a los Estados deudores bajo el poder fáctico de los mercados acreedores.-
La secretaria de Estado, Hillary Clinton, ante su incapacidad de presionar al régimen chino que atesora la mayor parte de los bonos de la deuda estadounidense, lo expresó muy bien: “¿Cómo negocias con mano dura con tu banquero?”. Y si la hiperpotencia resulta impotente para ejercer su poder ante su principal acreedor externo, ¿qué margen les queda a las demás potencias de rango medio endeudadas hasta las cejas, lo que las deja inermes en manos de unos mercados financieros que no vacilan en dictarles sus propias reglas acreedoras? Todo ello sin que los ciudadanos puedan oponer resistencia, pues la voz y el voto de la soberanía popular se revelan impotentes ante el poder soberano de los prestamistas externos. De ahí que hoy la democracia se gobierne en respuesta no a las demandas ciudadanas sino a las demandas de los mercados”. ( ENRIQUE GIL CALVO 21/07/2011. ELPAÍS.com).

Bono, Felipe, Carlos Slim, la Ser, El País y, otra vez, Carnicero



“Anónimo dijo…

!por favor¡ vengo leyendo sus comentarios desde hace muy poco, me gustan, son de una persona capaz de vivir segun sus ideas (no digo que lo haga, no le conozco ni conozco su entorno). Pero su defensa de la izquierda “oficial” se pasa ya: Un PSOE donde Bono recrimina a no se quien por no usar corbata, larga un discurso sobre la guerra civil diciendo que todos son ugualmente culpables, se divorcia ….. a pesar de ser catolico practicante y a continuacion ¿o a priori? se arrejunta con una jovenzuela, ¿Que le diferencia de tantos y tantos del PP?. Un PSOE donde hay rumores de que felipe gonzalez, alias morritos, (minusculas intencionadas), se plantea abandonar -De momento ya ha dicho que “gusta lo que pasa”- ¿Tal vez le parece tibia la represion economica contra los pobres? Despues de todo trabaja para una de las mayores fortunas del mundo. 
La Ser, el pais, de izquierdas ¿? ¿Carnicero reconcomido por la venganza? No lo se, pero esta claro que es de los pocos que habla sin pelos en la lengua y sin grilletes ideologicos: Si el PSOE lo esta haciendo asi de mal pues fuera, a la m…. Y otros tomaran (tomaremos su relevo).
Despues de todo los partidos politicos tambien mueren.

21 de julio de 2011 19:56″.

Ante todo, doblemente gracias: 1º) por leerme, que, para mí, es mucho, sólo escribo aquí para eso; 2º) por decir que le gustan mis comentarios porque son de una persona capaz de vivir según sus ideas; y, después, paso a contestar a todo lo que me dice:

A) le disculpo plenamente el error que comete diciendo que yo hago una defensa de la izquierda “oficial”, porque v. mismo lo dice: me viene leyendo desde hace muy poco; si me leyera desde hace más tiempo sabría:

a) que yo no defiendo nunca la izquierda ésa que v. llama “oficial” no por nada, porque considero que no es izquierda; insisto: izquierda es amar por encima de todo la verdad y defender la justicia hasta el último aliento y eso no lo hace, ni por asomo, la izquierda oficial que es el Psoe, como v., con toda la razón del mundo dice; y cita v., con pleno acierto, a una serie de señores que tienen de izquierda lo que yo de santo: 

a’) para mí, Bono, yo no sé si allá, en su fuero interno, es socialista de verdad, creo que no, pero lo que sí que sé con toda certeza es que no se comporta como si lo fuera; un tío que se somete incondicionalmente a los dictados de su Iglesia, olvidando la clásica norma de al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, no merece, para mí, el menor respeto; creo efectivamente, como v., que podía muy bien militar perfectamente en el PP, o sea, en román paladino, que de izquierda nada, porque miente cuando se declara de izquierdas y es esencialmente injusto cuando se pone de parte de la ultraderecha en el asunto de la guerra civil española; 

b’) felipe gonzalez, como v. lo escribe, otra vez vuelvo a coincidir con v. pero con muy distintos motivos: González nunca fue de izquierda, quizá porque no podía serlo, su extracción social no lo facilitaba, su formación universitaria, menos, le ocurrió que quería hacer carrera política y eso era mucho más fácil hacerlo desde la izquierda del espectro político; la izquierda, de verdad, y ahora sé que empiezan nuestras discrepancias, suele estar en el marxismo y, como v. sabe, el tal González no sólo abjuró de éste sino que afirmó cosas tan peregrinas para un izquierdista como aquella de gato blanco, gato negro, es igual, lo importante es que cace ratones, esto, sr. mío, es liberalismo puro y duro, o sea, capitalismo rampante y le debió de gustar mucho a su gran amigo Carlos Slim, que dicen que es el hombre más rico del mundo, otra concordancia, amigo; como parece que por leerme desde hace poco tiempo no lo sabe, González es una de mis víctimas favoritas; 

c’) la Ser y El País, no pueden ser de izquierdas porque no los dejarían ser así sus propietarios, es una de mis bazas favoritas, la prensa es imposible que sea de izquierdas porque para publicar un periódico o lanzar al aire una emisora, y yo lo sé muy bien porque colaboré activísimamente en que saliera a las ondas la Cope de Alicante, tienes que tener el riñón muy bien cubierto y el que lo tiene es imposible metafísicamente que sea de izquierdas porque le hubiera sido difícil, si no imposible, enriquecerse tanto;

d’) sí, creo sinceramente que Carnicero no ha podido asimilar la “traición” de la que hasta ese maldito instante había sido su propia gente y está reconcomido, como v. dice, por su afán de venganza, no sé si es que le leo mal a v. pero eso es incluso lo que yo deduzco de lo que v. mismo dice: “No lo sé, pero está claro que es de los pocos que habla sin pelos en la lengua y sin grilletes ideológicos: Si el PSOE lo está haciendo así de mal pues fuera, a la mierda, y otros tomarán, tomaremos , dice v. su relevo. Después de todo, los partidos políticos también mueren”.


 Le aseguro, amigo, que su defensa de Carnicero es absolutamente mortal: según v., Carnicero, no sólo rechaza, que lo hace indudablemente, al Psoe sino que abraza francamente al PP, que también lo hace, en mi concepto, por mucho que quiera seguir cubriéndose con una bandera de la izquierda, pero lo que no puede hacer este viejo y decepcionante periodista es atacar al que se pelea a muerte con el PP y decir que no quiere ayudar a éste a que gane la pelea; mire, yo aborrezco al Psoe seguramente mucho más que v., pero no cometeré nunca el error táctico en el que parece que quiere refugiarse Carnicero: hablando en término del más riguroso de los posibilismos, aquí, en España, sólo hay realmente una lucha real, la del PP contra el Psoe, y todas las personas con sentido de la realidad tienen que decidirse a ponerse de parte de uno o de otro y no vale que Carnicero, como yo decía en el post que motivó su magnifico comentario, haga lo que Beltrán Duguesclín, que ayudó eficazmente a que ganara el que no debía y trató vanamente de disculparse diciendo aquello tan bonito de “ni quito ni pongo Rey, sólo ayudo a mi señor”, porque lo que aquel formidable hipócrita estaba haciendo realmente era poniendo Rey al que él precisamente quería poner; exactamente igual que ahora hace Carnicero, con sus críticas a Rubalcaba, intentar ayudar a ganar las próximas elecciones que son vitales para todos nosotros, a Rajoy, lo que debiera de repugnarle esencialmente si de verdad, como dice falazmente, continuara siendo de izquierdas, que no lo es porque está mintiendo y porque comete una injusticia con los débiles sociales ayudando a que gane la derecha.

Repítole las gracias, amigo anónimo, 

Carnicero.

Carnicero, dice en su blog, 20 de julio, 2.011:

Sigo teniendo mi corazón y mi pensamiento en la izquierda de mi pecho. Mi sangre cada vez es más roja y se bombea con más fuerza.
Soy un hombre poderoso, porque tengo este Blog del que no me puede echar nadie. Aquí mandan mis lectores. Aquí no hay favores que pagar. Mis páginas están abiertas al debate social, están a disposición de los marchantes del 15-M por las carreteras de España.
Desde aquí invito a los organizadores a que publiquen una crónica con la frecuencia que quieran en las páginas de esta, mi casa, que pasa a ser la de ellos también.
Los que tratan de desacreditarme diciendo que pronto acabaré en las páginas y las ondas de la extrema derecha, no me conocen.
Yo estoy en mi sitio. No me he movido de la izquierda en donde he recorrido mi vida. Y no lo voy a hacer ni por rencor, ni por revancha.
Quien esté esperando para ver un giro a la derecha en mi compromiso intelectual que se busque una hamaca cómoda para pasar la eternidad.
He estado orgullos de trabajar 17 años en la Cadena Ser. Siempre en libertad; la he ejercido con tanto ahínco que me han acabado echando. Pero este es el principio de una aventura apasionante en donde ligero del equipaje, con muy poco dinero, me voy a dejar la piel en la democracia 2.0. Codo con codo con quienes tienen todavía menos que yo.
Porque el socialismo en libertad no entiende de chanchullos, amiguismos, componendas y entendimiento con el poder.
Seguiremos informando como siempre”.


Carnicero es un magnífico ejemplo para explicar lo que yo entiendo por izquierda. Lo he dicho ya muchas veces: izquierda es la pasión por la verdad y el servicio indeclinable a la justicia.


Carnicero fue un hombre de izquierdas, servía a la verdad y luchaba duramente porque triunfara la justicia hasta que, un día, a Zp se le ocurrió la maldita idea de que podría muy bien ser el director de ese periódico que estaban proyectando en el psoe, Público.

Zp, como todo hijo de vecino es una máquina de cometer errores, las cosas no se dice que se van a hacer, se hacen. Fue un error decirle a Carnicero que lo iban a hacer director de Publico y, luego, no hacerlo simplemente porque creyeron que iba a ser mejor otra de las alternativas.

Digo que fue un error porque aquel paso en falso echó a perder a un tipo que hasta entonces fue un magnífico hombre de izquierdas. Los hombres tenemos esa máquina que es el cerebro pero también esa puñetera víscera que es el corazón.

A Carnicero le encantó la posibilidad de ser, al fin, director de un periódico,  por eso se sintió tan frustrado cuando el asunto no cuajó. Y, en su corazón, esa maldita víscera, penetró el resentimiento, contra Zp, contra el Psoe.

Fue entonces cuando la puñetera máquina que es mi cerebro me avisó de que algo le estaba sucediendo a Carnicero y lo dije en un post que colgué por aquí y que titulé: “¿qué le pasa a Carnicero?”. O algo así, ya saben que siempre cito de memoria.

Ahora, ya lo sabemos todos porque él se ha encargado de decírnoslo.Zp había cometido el error de decirle que pensaba en él como director de Público pero, al final, por lo que fuera, no lo hizo y Carnicero, cegado por lo que sentía su corazón, pasó de ser un hombre de izquierdas a un tipo de derechas.

Un tipo de izquierdas, como no, hubiera tenido los redaños suficientes para seguir siéndolo. Hubiera dicho: “coño, una mata que no ha echado frutos”, hubiera admitido que aquellos que habían pensado en él para dirigir el citado diario tenían también el derecho a dejar de hacerlo, pero no, permitió que su pobre corazón dirigiera sus sentimientos y comenzó a luchar contra Zp, en todas las tertulias de la Ser en las que yo le oí participar y motivó aquella reflexión mía.

Cuando Carnicero se dejó llevar por sus sentimientos y no por la razón dejó de ser de izquierdas porque traicionó a la verdad, cuando no admitió que Zp, que tuvo el derecho de pensar en él para dirigir Público, tenía también todo el derecho del mundo a cambiar de opinión. Murió en aquel momento una de las causas que tipifica a un hombre de izquierda, el servicio a la verdad.

Pero, en ese camino de desafección a la izquierda, Carnicero todavía dio un paso más: cometió la injusticia de comenzar a trabajar en contra de lo que siempre había creído, que las ideas de izquierda gobernaran su mundo, el mundo en el que él vivía.

Todo lo demás ha venido rodado: su tarea cotidiana de demolición de todo lo que oliera a psoe se ha hecho tan ostensible, tan evidente que todo el mundo acabó percatándose de que ya no servía a la verdad ni era justo con lo que estaba ocurriendo en el panorama político nacional.

Y los que, dentro del organigrama de la Ser, tienen por función cuidar de que las personas que trabajan para ella guarden, dentro de lo posible, la ecuanimidad y no actúen por el más cerrado de los sentimientos, no tuvieron más remedio que prescindir de sus servicios, lo que ha motivado que Carnicero les dé definitivamente la razón: se ha revuelto como una fiera y se ha puesto a morder con instinto realmente asesino a quienes durante 17 años le ofrecieron sus micrófonos para que dijera cuanto se le antojara.

Y ya, este antiguo hombre de izquierdas, ha perdido totalmente los estribos y ataca ciegamente a todos los que fueron los suyos: la Ser sólo fue buena mientras él estuvo allí pero  ahora, que prescinde de él, es una puñetera mierda seca pinchada en un palo, que sirve ciega y estúpidamente los bastardos intereses del partido que él defendió hasta que cometieron el error de decirle que habían pensado en él para que dirigiera el periódico que trataban de lanzar.

Para mí, todo esto es una verdadera lástima, porque Carnicero fue un hombre absolutamente válido mientras logró que su cerebro se impusiera a su corazón, mientras dejó que la lógica del pensamiento se impusiera al resentimiento que nuestro corazón intenta tantas veces imponer cuando los otros se comportan en contra de nuestros puñeteros intereses, de modo que ha acabado como aquel otro puñetero Beltrán Duguesclín, cuando dijo aquello de “ni quito ni pongo Rey, sólo ayudo a mi señor”. 

Duguesclín, entonces, tampoco se comportó como un hombre de izquierdas ya que debió de haberse detenido a pensar quién tenía razón en aquella mortal pelea, antes de ayudar a uno de los contendientes. 

Sobre la moralidad de la derecha.

Por mi extracción social, por mi formación y por mi actividad profesional yo soy una contradicción con patas.

Soy el hijo mayor varón de un tipo al que en su pueblo, Mula, Murcia, llamaban “El conde” no sólo por su aspecto físico sino también por la elegancia de su comportamiento en todos los órdenes. Dueño de una inmensa cultura poseía la mejor biblioteca de la provincia. No tenía una profesión en el sentido rigurosamente técnico de la palabra, pero todo lo que de intelectual o artístico se hacía en el pueblo llevaba su rúbrica, de modo que era al propio tiempo el entrenador del equipo de fútbol y el director de todas las funciones de teatro que allí se montaban. Para mí que era un auténtico genio precursor de muchas de las actitudes que hoy son patrimonio común de la gente, sobre todo en el aspecto moral y de las costumbres. Nunca fue monógamo y cambiaba de mujer con la misma frecuencia que yo de traje, o sea, una vez al año, por lo menos, cuando se me rompía.

De aquella formidable biblioteca yo leí varias veces los libros que me interesaban, de modo que no tuve más remedio que ser de izquierdas, porque la izquierda tiene sus fuentes en la cultura secular, en ese poso de sapiencia que tiene la historia de la auténtica cultura.

Hay una corriente de pensamiento por ahí que critica severamente posturas como la mía que sostienen que no se pude ser buena persona y de derechas.

En mi època de madurez, yo era, aquí, en esta ciudad en la que vivo, Cartagena, director de la Telefónica, Decano de los Procuradores de los tribunales, a la vez que realmente llevaba el despacho de abogados de más trabajo de la ciudad. 

Estaba, pues, condenado a convivir  con gentes como el Capitán General de la Zona Marítima del Mediterráneo, el Gobernador Militar, el alcalde, el Comisario de Policia, el Magistrado Decanoy todas las fuerzas vivas de la ciudad, que según algunos fue la cuna del Opus Dei y Fuerza Nueva de la Región.

O sea que durante 30 años de mi vida, cené todos los sábados, con toda esta gente y sus correspondientes esposas que, entre paréntesis, eran y son mucho más reaccionarias que sus maridos.

No se lo deseo a nadie. Todos los sábados, durante los peores años de mi vida, durante 30 años, tuve que soportar horribles sobremesas nocturnas con espantosas discusiones políticas con lo peor o lo mejor, según se mire, de una clase política representativa de lo que es España.

Cuento todo esto intentando demostrar que sé perfectamente lo que digo cuando afirmo que no es cierto eso que se dice frecuentemente de que hay buenas personas que son de derechas.

Cuando se afirma esto se confunde el buen comportamiento social aparente de las personas con lo que es el fondo ético de lo que realmente piensan.

No se puede ser buena persona cuando se piensa que uno tiene derecho a todo por haber nacido en una determinada clase social, haber cursado estudios superiores y consecuentemente haberse colocado en los mejores puestos de una sociedad que, como ya he dicho en otras ocasiones, se halla absolutamente podrida.

Está claro que esta gente no mata y  no roba, porque no tiene necesidad de hacerlo normalmente pero cuando lo tiene que hacer, porque las circunstancias lo exigen, lo hace, con la mayor naturalidad porque piensa sinceramente que España es suya.

Los casos de los Fabra, Camps, Trillo, Rato, Zaplana y Aznar no son la excepción sino la regla entre ellos, están absolutamente convencidos que esa situación de privilegio inmoral de la que gozan no es tal sino la lógica consecuencia de ser ellos lo que son y como son.

Y sus seguidores no sólo no se asquean de sus conductas sino que por el contrario las divinizan.

Entonces, ¿cómo se puede decir que hay gente decente, honrada, buena gente que son de derechas?

Es una imposibilidad metafísica que una buena persona admire a Aznar como el hombre más importante de su vida política, un tipo que llevó la guerra y la muerte de ancianos, mujeres y niños inocentes a un país como Irak sólo por intereses bastardos de índole económica, que ha culminado su carrera moral siendo miembro del Consejo de administración de las empresas periodísticas de Murdoch, este tipo que ahora está siendo sometido a investigación por el Parlamento británico por haber cometido toda clase de las peores tropelías en el funcionamiento de los medios de comunicación de los que es propietario y que aprovecha dichos medios para echar toda la tierra encima que puede sobre el país del que fue presidente durante 8 años.

Si v. habla con una persona de derechas sobre Aznar, le dirá que sí, que, efectivamente, en estos casos, se equivocó, se sigue equivocando,  pero que en cambio….

En cambio, ¿qué, podemos dividir a las personas en compartimentos estancos, en los que una mano no sabe realmente lo que hace la otra?

La derecha, por lo menos, la que yo conozco, se debate sobre nadando en un inmenso mar de inmoralidades de las que no se puede salvar a nadie.

Liberalismo "versus" comunismo, de los derechos adquiridos por el mero nacimiento como el origen de todos los males.



 “Fernando Mora dijo…
Según estoy leyendo, el liberalismo emprendió esta cruzada al, dando por enterrada la ideología comunista, es la islamista la única que queda que puede enfrentar su triunfo en las conciencias del ser humano y por ende en la sociedad. Por eso se la ataca con el poder militar que la primera tiene.

18 de julio de 2011 22:59″.

Hay personas que tienen un instinto infalible para encontrar el centro neurálgico de las cosas. Una de ellas es F. Mora, el puñetero pone siempre el dedo en plena llaga, de tal modo que a mí, por lo menos, me conduce en volandas adonde llevo toda mi vida queriendo ir. 

Porque lo que yo he tratado, y trato, siempre es de acabar comprendiendo cómo y por qué el mundo funciona así y creo que este “outsider” me ha llevado de la mano al corazón del problema cuando me ha   planteado, los últimos días, con una machacona insistencia que volviera a releer aquel post que escribí un día bajo el título del “liberalismo es el nuevo fascismo”, o así.

Como hemos visto, la última o la penúltima cosa que me ha dicho Mora es que los usa creen que el islamismo es su máximo enemigo. Yo no lo creo así.

No creo que el liberalismo usaniano piense que su principal enemigo a batir sea el islamismo.

Más bien, se me antoja que el grano en el culo que padecen se llama China y los países emergentes, cuya base iniciática es precisamente el marxismo.  

Lo que ocurre con esto es algo parecido a lo que me sucede a mí con el chat de saco. Los de Saco se han conjurado para ni siquiera nombrarme porque consideran que ésta es la mejor manera de silenciarme.

Todo los fieles seguidores de Goebbels, príncipe de los fascistas, han asumido como el más efectivo de sus principios el de la reducción del enemigo principal al más absoluto de los silencios, de este modo, en lugar de seguir admitiendo no ya sólo como el principal enemigo de su liberalismo capitalista imperialista al marxismo que, además, es su enemigo natural: liberalismo=libertad económica absoluta “versus” marxismo=sometimiento inexorable de toda actividad a la economía, quieren enfrentar, fraudulentamente, a sus bases al antagonismo contra un tigre de papel, el islamismo.

El islamismo no tiene ninguna base científica, es decir que, desde el punto de vista lógico, ni siquiera existe, es sólo una superstición más y, como tal, pertenece al dominio de lo irracional y no preocupa demasiado a los estudiosos defensores del liberalismo, aparte de una simple cuestión de policía, que tiene por objeto prevenir nuevos atentados como los de la torres gemelas.

Fuera de esto, no es un fenómeno siquiera considerable, es decir que sea digno siquiera de tenerse en cuenta desde la perspectiva del enfoque general de la política decisiva del futuro.

Entonces, desde un punto de vista rigurosamente  goebbelsiano de la cuestión, no sólo no es un fenómeno a silenciar como la plena y excluyente vigencia del marxismo chino, sino precisamente todo lo contrario: se trata de un fantoche a agitar ante los aturdidos ojos de los ingenuos espectadores para que sigan pensando que ése es realmente el enemigo, una superstición como ya hemos dicho, esquivando así la consideración del enemigo auténtico, del enemigo real, ése que les está ganando la batalla a una velocidad mucho mayor de la que ellos, los Usa, preveían.

Ahí es donde está su auténtico problema, si el liberalismo es su palabra mágica, su tótem, el marxismo-comunismo es su moloch,  lo que al final de la historia, si es que la historia puede tener final, prevalecerá es esa idea incrustada para siempre en el fondo del corazón del hombre, de que todos somos iguales y tenemos los mismos derechos por el mero hecho de haber nacido sobre la misma Tierra, que no es un sitio diferente para cada uno sino el mismo y puñetero sitio por mucho que les pese a los canallescos usurpadores.

E igual como todos los hijos que nacen en una misma familia tienen igualdad de derechos en los países debidamente civilizados, todo los hijos nacidos en esta inmensa familia que constituye la humanidad tienen igualdad de derechos y cualquier situación que contradiga este elemental principio  no sólo es injusto por naturaleza sino también abominable.

Así de sencillas son las cosas.

Pero entonces ¿qué es lo que falla?

La idea política que impera en el mundo. Una serie de canallas intelectuales ha empeñado toda su vida en implantar una teoría política no solo malvada sino también aberrante.

Ahora, la llaman liberalismo pero antes ha tenido infinitos nombres: soberanía, de soberano o rey, derecho de propiedad, de propietario, derecho de conquista, derecho de apropiación, derecho de ocupación originaria, derecho de descubrimiento, derecho de invención o de propiedad intelectual, etc. todos ellos, como se ve, basados en una concepción del hombre y de la vida esencialmente egoísta que ha tendido siempre a sobreproteger al individuo en contra del verdadero ser social, el hombre concebido sobre todo en aras de los otros, o sea de la alteridad  frente al más asqueroso de los egoísmos.

El problema, el auténtico, el verdadero problema que tiene, ha tenido y tendrá la humanidad es precisamente éste: desmontar de una puñetera vez esa nefasta idea de que el hombre, en sí mismo, en su egoísmo perverso,  es el eje alrededor del cual debe de girar todo, cuando es precisamente al revés, son “los otros”, ésos que se oponen radicalmente al “yo” los que realmente deben de ser protegidos frente a éste.

Lo común frente a lo único. Lo social frente al monstruoso y canallesco imperio del yoismo, la victoria del socialismo frente al egoísmo liberalizante que no es sino el más falso de los  señuelos para imponer la más absoluta esclavitud.

Esto es precisamente lo que me asombra más de este asunto, como siglos y siglos de oscurantismo, de perversión no sólo de las ideas sino de todo el lenguaje nos ha llevado a que nos hablen de liberar al hombre los que sólo quieren esclavizarlo cada día más.

Y, así, hemos tenido que soportar, y soportamos, pero de qué modo, que nos hablen de libertad tipos como Aguirre y  Rajoy, que no son sino la mejor reproducción de la Thatcher y el Reagan, gente que se opone con todas sus fuerzas a que todos los hombres seamos iguales, que es la única manera de que todos los hombres, a la vez, seamos libres, porque tengamos las mismas y reales oportunidades de abrirnos paso en esa encarnizada lucha que es la vida, sin que las condiciones familiares o sociales privilegien o favorezcan a unos sobre los otros por el mero hecho de la familia o del grupo social en el que han nacido.



La nuevas Cruzadas.

                                                                     Max Weber


Esta mañana, apenas me he despertado, me ha venido a la cabeza una vieja palabra: cruzadas. Y, a su amparo, me han llegado  los recuerdos de Corea y Vietnam, pero también los actuales de Irak, Afganistán, Egipto, Yemen, Libia y Siria.

¿Es una coincidencia? Todos estos países, bajo regímenes políticos distintos, tienen un fondo común, su concepto religioso de la vida es distinto al nuestro.

¿Es eso lo que ha motivado sus respectivas invasiones? Y me adelanto a las protestas: “Ojo, que a Egipto, Yemen, Libia y Siria no se las ha invadido”. ¿No?

Hay muchas formas de invasión y desde Lampedusa, al que no me cansaré nunca de citar, la táctica invasora ¿o invasiva? de Occidente ha cambiado mucho ya que se trata, ante todo, de que no se note, de que no sea demasiado evidente que tras esos inocentes juegos de guerra modernos, se halla nuestra puñetera civilización, que, por favor, no tratemos de ocultarlo, se basa en un concepto de la vida cristiano, por oposición a islamista.

Y un puñetero materialista, olvidándose muy oportunamente de Marx, me dirá también: “coño, pero a quien se le ocurre ahora hablar de religión cuando de lo que se trata es de economía, coño, otra vez, es la maldita economía, estúpìdo”.

Y yo, quizá, trate de defender mi postura, recurriendo al maestro  Weber, que nos enseñó que, tras las distintas aventuras políticoeconomicas de los anglosajones y de los latinos, estaban sus respectivas religiones, la protestante y la católica, para fundamentar sus distintas evoluciones históricas.

O sea que los más sabios que en el mundo han sido nos dicen que “ojo, religión y economía no sólo han estado sino que estarán siempre indisolublemente imbricadas en el fondo de las motivaciones de las grandes revoluciones históricas”. 

Y una de ellas, por ahora, la última, es este feroz viento huracanado y revolucionario que asola el mundo y que, qué casualidad, resulta que sopla más donde más interesa a los Usa que sople.

Y no nos olvidemos tampoco de que ese hombre genial, que puso en marcha la penúltima revolución conservadora con la ayuda poderosísima de las mejores armas de destrucción masiva, escribo  del 2º de los Bush, hablaba continuamente de que lo suyo era una misión divina, y no digamos nada de su acólito predilecto, Aznar, está completamente convencido de que lo suyo es consecuencia de un mandamiento que se basa en el Camino de monseñor Escrivá y en esa feroz secta cristiana los legionarios de Cristo que, con tanta fe, profesa su mujer y ya se sabe que dos, si duermen sobre el mismo colchón, acaban siendo de la misma opinión, sin que sea necesario recurrir a aquellos extraños compañeros de cama de los que nos hablaba el inefable Fraga, que también tiene mucho que decir al respecto.

El caso es que la religión nadie ha dicho todavía que sea el auténtico motivo de estas última invasiones que esa marioneta trágica de la Onu, como es lógico, se ha ocupado de bendecir vergonzantemente.

Pero haberlas, haylas. Si no a las claras, si en el fondo. 

Porque, para mí, que, qué le voy a hacer, si además de haber nacido en el Mediterráneo, soy marxista, todo esto que reluce bajo el sol, no es más que una puñetera superestructura económica y la economía, como nos enseñó, ya lo he dicho, el maestro Weber, se halla poderosamente influenciada por la religión, que no es sino una peculiarísima manera de concebir el mundo y la vida, de modo que, al fin, además del oro negro, en el fondo de todas estas luchas que nos asolan, se halla también una diferente concepción de la vida y, no lo olvidemos, también de la muerte, porque muertes, además de petroleo,  hay por esos desdichados países que parecen dejados de la mano de  sus dioses, llámense Alá o Jesucristo, hay a montones.