Democracia (I). Fondo y forma.

Como decíamos ayer, la democracia no es más que una FORMA de gobierno, entre otras varias, y, para mí, no es cierta la afirmación de Churchill de que es la mejor de todas ellas.

Aquí, casi estoy a punto de citar la famosa frase de Teng Xiao Ping, “gato blanco, gato negro es igual, lo importante es que cace ratones”.

A mí, ni a nadie, me aprovecha mucho que los EE. UU. y Gran Bretaña sean 2 antiquísimas y famosas democracias formales, si su actuación interna y externa, como poderes fácticos, no me satisface en lo más mínimo.

Ya sé que hay países mucho peores que estos 2, por supuesto, pero eso no supone, ni mucho menos, que ellos sean buenos.

Un país es bueno si permite una vida confortable a TODOS sus ciudadanos porque soy de los que opinan que lo que es un país realmente se refiere a la totalidad de sus habitantes y no de unos pocos, o de unos muchos, porque algunos gobernantes manejan  los países que gobiernan como si estuvieran haciendo un cocktail, más o menos, o sea que van añadiendo ingredientes a la bebida hasta que el brebaje resulta agradable para el mayor porcentaje de clientes, pero ésta no es la cuestión, porque la vida de los seres humanos es un asunto muy serio, de tal manera que, para mí, la felicidad o la enfermedad, el infortunio, la desgracia, la miseria y la muerte de un sólo hombre es mucho, muchísimo, es una tragedia de proporciones enormes, porque sé, lo he aprendido duramente, a lo largo de todos estos 82 años, que la vida de cada uno de nosotros es un verdadero mundo, con horas y horas de dolor y de llanto, porque, para la mayor parte de nosotros, como decía ese genio de Gil de Biedma, la vida va en serio.

O sea que yo no estoy dispuesto a consentir que venga un tipo al que se lo regalan todo,  incluso los trajes y los zapatos, y me diga que debo perdonarle sus felonías porque a él le votan incondicionalmente la mayoría de los habitantes de una Comunidad, o sea porque él, encarna con su conducta, lo que realmente desea un pueblo que lo elige DEMOCRATICAMENTE, una y otra vez,  porque entonces yo escupo sobre una FORMA DE GOBIERNO que permite una cosa así.

De modo que, como acabo de demostrar, la democracia no lo santifica todo y no debemos, pues, sacralizarla.

Siento mucho salirme tanto del tiesto pero creo que la democracia no es sino una forma más de llegar al gobierno de un país, de alcanzar  el poder, estoy dispuesto incluso a admitir que tal vez sea el sistema más justo si no se dispone ya de otro anterior que haya demostrado fehacientemente que los que gobiernan son los que realmente lo merecen porque lo arrostraron todo, incluso la posibilidad de morir, en el intento, para librar al pueblo del dominio de un tirano, entonces, se supone, que gente así, que lo dieron, en teoría, todo, incluso su vida, tienen por lo menos, la honradez suficiente para desempeñar con honestidad el gobierno del pueblo por el que tanto arriesgaron. Sólo les falta la suerte suficiente para acertar en la elección de los que van a ser sus colaboradores.

De la misma manera, como tan bien sabemos nosotros, los españoles, que un tipo gane, una tras otra, todas las elecciones que se convoquen para el gobierno de su país, no significa necesariamente el acierto de sus electores sino que ha sabido mover adecuadamente los hilos de la trama, ayudado, en la mayor parte de los casos, por esos plutócratas que aspiran a seguir manejando el cotarro y que lo han dotado de los medios económicos suficientes para que su campaña electoral haya sido la mejor.
Entonces, ¿son la suerte, la pillería o el dinero, las bases de la democracia, debe descansar en ellos la justificación del gobierno de una nación?

Si se me respondiera que sí, yo diría que tal método de alcanzar el poder político no sólo es realmente malo sino deleznable, pero estoy absolutamente convencido de que no es así, de que se trata sólo de un método más de obtener el poder para gobernar un país, pero que, en modo alguno, asegura que esto se vaya a hacer adecuadamente.

Porque una cosa es cómo se gobierna, por el pueblo, con el pueblo y para el pueblo, según la magnífica definición del gobierno democrático que realizara Lincoln, y otra, muy distinta, puede ser la de cómo se consiguió dicho poder.

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