El poder, o sea, el Real Madrid contra un simple equipo de provincias que, para defender a la suya, dice que es más que un club (I)


Un día le leí a ese genio gitano y comunista que, a pesar de ello, escribe en El Mundo, algo más o menos así: al tío que ha cumplido bien los 80 años todo lo que se le puede hacer es acariciarle suavemente los cojones. Si no es literalmente así, poco debe faltarle.


Yo que no tengo la categoría intelectual de Raúl del Pozo y que escribo, para mi desgracia también, mucho peor que él, digo más o menos lo mismo cuando afirmo, como ahora lo hago, que mis 82 años, luchados palmo a palmo, contra una vida muy dura, no han pasado en balde, de modo que puede también decirse que si no todas me las sé ya casi todas.

Antes de la final de la Copa del Rey, escribí que el Barça soporta una conspiración judeomasónica de la que ya le hubiera gustado disponer a Franco, cuando se quejaba del duro cerco al que le sometían los jodidos comunistas y otras gentes de malvivir.

En realidad, yo creo, con toda la firmeza que pueda darse en este mundo, que todo lo que gana el Barça, jugando al fútbol, es un auténtico milagro porque, en realidad, con quien menos se la está jugando es con el Real Madrid, el Madrid es tan sólo la punta de lanza, el ariete, el alfil, en la inmensa jugada de ajedrez que es esta puñetera España que padecemos, porque el Barça representa a la nación, región, país o lo que quiera llamársele que le hace una seria competencia al centralismo madrileño, que no madridista.

Lo que estoy tratando de escribir es que, en este desdichadísimo país, nada sucede porque sí, que todo está muy premeditado desde las más altas instancias que, por supuesto, no se hallan en La Moncloa sino en otras mansiones mucho menos famosas y preclaras.

No sé si ustedes estarán de acuerdo conmigo, pero España no sólo es ese Madrid que sale todos los días en los telediarios de todas las tvs sino ese otro mucho más oscuro, o nada diáfano, que no sólo procura  sino que también consigue que nadie realmente sepa quién es porque ni siquiera esos sres. March,  que se esconden detrás de Florentino, que lo lanzaron a la fama y al poder, a ese poder que  ellos saben muy bien que no deben de aparentar nunca porque casi los inutilizaría y no podrían volver a hacer aquello que hicieron en el momento absolutamente necesario, cuando las fuerzas vivas de una izquierda que realmente quería hacer la revolución desde arriba, asumió un poder que apenas si lo retuvieron un segundo, porque el padre de estos March le preguntó a Franco: “¿qué necesita v. para echar a esta chusma republicana del Gobierno?” y Franco le dijo que un avión que lo trajera de Canarias, en donde estaba desterrado como capitán general, a la península, donde en un momento organizaría la sublevación militar, y el avión, Dragón Rapide, salió para las Afortunades y Franco vino, vio y venció, como un César cualquiera y todo lo demás ya los sabemos los que somos viejos, 40 interminables años de sumisión y vergüenza, hasta que el tirano murió en la cama, porque en este país, en contra de lo que se dice, hay una mayoría de canallas.

De modo que no es casualidad que Franco se llame ahora Florentino y que el Dragón Rapide haya sido sustituido por el Real Madrid, porque los protagonistas reales siguen siendo los mismos, como se dice en esos juicios norteamericanos que vemos en las pantallas cinematográficas: “el pueblo de los EE.UU. contra Juan Sintierra”, o sea, “el pueblo español, lo que todavía queda decente del pueblo español, contra la horda nazifranquistafascista de la ultraderecha más canallesca del mundo, que en este momento va a estar representada por……………..”. Y comienza el espectáculo.

Decía yo, ayer o antes de ayer o el otro día, que todo lo que en España signifique auténtico poder o está en el Consejo General del Poder Judicial o en la Real  Federación Española de Fútbol, que son las últimas instancias del poder real porque, marionetas aparte, ellos son los que mandan realmente aquí, en este asqueroso país de todos nuestros pecados, como se encargó muy bien de recordarle el magistrado Dívar, presidente no sólo del CGPJ sino también y como consecuencia del Tribunal Supremo, a un diputado del PP que le dijo, en tono despectivo, que todo aquel follón se había montado por la puñetera firma de un juez:

-No desprecie v. la firma de un juez, porque con ella y por ella v. puede ir a la cárcel para toda su vida o perder todo lo que tiene hasta el último céntimo.

A mí, la situación me recordó a aquella otra en que un fulano le preguntó al Cardenal Cisneros, que no era ni mucho menos el Rey, cuáles eran sus poderes y el Cardenal le contestó abriéndole la ventana que daba a un patio en el que se hallaban un montón de cañones preparados para disparar:

-Éstos son mis poderes.

Hoy, el Cardenal Cisneros es Florentino Pérez y sus cañones están en el Santiago Bernabéu y apuntan todos hacia Barcelona, la única región, nación o país, junto a Euskalerría que podría vivir sola, como una más, en el concierto de las naciones europeas, de tal modo que Madrid, el poder de Madrid, que nadie sabe realmente quién lo tiene, dónde está y quién es aunque algunos ingenuamente lo identifiquen con Botín o los propios March, pero que yo les juro a ustedes que éstos no son ni más que menos que Florentino y que el pode real yo, por lo menos, no sé quién es ni dónde está pero que está ahí, diciendo lo que hay que hacer y cómo, se lo juro a vdes. que está ahí, donde tiene que estar, en la sombra, en la oscuridad, en el anonimato para que nadie pueda, entre otras cosas, atentar contra él.

De modo que los árbitros de fútbol, Florentino y el propio Madrid no son sino las pobres marionetas del teatrillo, que siempre harán lo que no tienen otro remedio que hacer porque, si no, los cañones de verdad saldrán del patio de los Cardenales Cisneros y la metralla volverá a caer sobre el pueblo como ahora está cayendo en las plazas y calles del Norte de África porque alguien se ha resistido a hacer lo que un tipo en un rascacielos de Nueva York o de Londres ordenó, por teléfono, que se hiciera.

De modo que es verdad eso que, el otro día, se atrevió a decir Guardiola pero que no creo que vuelva a repetir nunca: “es que Madrid tiene mucho poder”, lo que no quiso decir, lo que no se atrevió a decir, lo que es seguro que no va a decir nunca es que el poder ha dicho que hay que destruir todo signo de apoyo a la reivindicación de Cataluña como pueblo, país, región o nación libre, que no pueda prosperar siquiera en las mentes catalanas eso que está escrito en el Camp  Nou, con letras que yo no me atrevo a decir que son de sangre: “el Barca es más que un club”.

De modo que yo también creo, como Florentino, que el Madrid va a volver a ocupar la cima del fútbol del mundo porque ese milagro actual que representa el Barça sólo es un milagro y los milagros son, por esencia y definición, intrínsecamente perecederos.

4 comentarios en “El poder, o sea, el Real Madrid contra un simple equipo de provincias que, para defender a la suya, dice que es más que un club (I)

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