La propiedad y la sucesión hereditaria, debate sobre sus orígenes

Forzado por la crítica que mi anónimo contrincante hace del post que esta mañana colgué aquí, voy a introducir, sobre la marcha, algunos razonamientos que tal vez hagan más comprensible lo que intentaba decir:
Comentando mi post “Gadafi y los otros” del día de ayer
Anónimo “Anónimo dijo…

Sinceramente, me parece un análisis un poco simple de los acontecimientos ocurridos en este último medio siglo en la zona. Cabría esperar un análisis más profundo porque, ni las sociedades árabes son culturalmente atrasadas como usted se cree ni enfoca el problema con la suficiente luz para ver que lo que se esconde detrás de esas luchas no es sino, la lucha de clases. Pero allá usted. Un saludo.
26 de febrero de 2011 16:30
Anonimo  dijo…
Soy el mismo de antes. Hay un párrafo en el que dice: “Para abolir la propiedad privada y derogar las leyes sucesorias hay que tener el más omnimodo de los poderes porque el instinto posesivo y el de familia, el de la sangre, son los más poderosos porque no son sino emanación del instinto de conservación.” Eso que dice es no ver la realidad de las cosas; decir que la propiedad privada y las leyes sucesorias dimanan de la sangre o del instinto de conservación es ser un idealista e ir contra la historia. No ver que la propiedad y las leyes sucesorias provienen de unos determinados sistemas políticos, económicos y sociales; que existe una mutua relación entre ellos y que todos esos aspectos interactúan en una diléctica histórica, que no pertenecen a ningún instinto de conservación ni son naturales. Y usted traslada conceptos de origen social a inserciones de la naturaleza humana, tal cual hacen los capitalistas. Como rezaba la constitución francesa de 1791, en su artículo 17, considera la pripiedad como un derecho inviolable y sagrado, como dimanante de la naturaleza humana. Y esa es la mayor declaración de idealismo que he visto, capaz de convertir la palabra (idea) en carne (materia, historia, realidad). Por eso le dije una vez que usted es un cura y que no ha acabado de comprender el marxismo como guía, la dialéctica como método, y el materialismo histórico como interpretación de la realidad de los hechos que esconden los acontecimientos históricos actuales y pasados. No comprende el marxismo y se ve incapaz de operar alejándose de las instituciones jurídicas a las que todavía les tiene apego y de las que bebió largos años. Esas instituciones y normas que conforman el ordenamiento jurídico con el que usted opera y trasplanta a la realidad no es sino, o, no responde sino a una sociedad organizada de forma clasista bajo el dominio del liberalismo y la forma de producción a la que este sirve ideológicamente de base y justificación. Y así, podría seguir con otros párrafos de su exordio que parece querer decir todo lo contrario de lo que usted dice ser… De verdad, se lo digo desde el mejor de los consejos y sin ninguna animosidad personal hacia usted pero sí hacia lo que escribe, que queda ahí, para confusión de todo el que lo lea. Reformule su escrito desde la óptica del materialismo histórico, si es capaz… Un saludo.
26 de febrero de 2011 17:03
Anonimo dijo…
Ah, otra cosa, esas categorías históricas ya fueron desentrañas por Engels en su “Origen de la familia, de la propiedad privada y el estado”, pero si le menciono el libro luego no me diga que soy dogmático. Allí podrá leer como en base a los estudios de Morgan se podía ver como la familia y los vínculos de sangre son anteriores a la familia actual y a las leyes sucesorias; por tanto, no me venga diciendo que son inherentes a la naturaleza humana. Son instituciones históricas producto de la lucha de clases. Un saludo.
26 de febrero de 2011 17:09″.
Mi querido amigo anónimo de las 16′ 30:

Decía  yo el otro día a propósito de no sé qué: ¿quién, si yo gritara, me escucharía, entre las jerarquías de los ángeles?, caray, y ése “quién” eres precisamente tú, y qué contestación, ni más ni menos que la que me hubieran hecho los dos grandes, Marx y Engels.

Y que conste que con esto no estoy quitándote ni un miligramo de contundencia y originalidad a tu alegato.

Efectivamente, marxismo puro, o, mejor, el más puro de los marxismos. Pero yo no voy a replicarte, en primer lugar, aquello de qué fue antes el huevo o la gallina, porque sólo sería un subterfugio, lo que sí te digo es que ese jaque mate que tú pretendes dar afirmando que lo que yo digo de que el instinto de propiedad y el sucesorio son dos instintos naturales derivados a su vez del de conservación no lo son así sino tan sólo el consecuente correlato de la lucha de clases.

Y yo contesto, con la misma contundencia tuya, rotundamente, no.

La gallina fue antes que el huevo, y que conste que las ciencias naturales no son, ni mucho menos, mi fuerte.

Creo que en la evolución de las especies, la gallina surgió de la naturaleza como tal animal y que, luego, el huevo, el huevo de la tal gallina,  no fue más que una simple emanación de su modo natural de reproducirse.

Si eso es así, y yo creo que lo es, no cabe duda de que antes que ser social el puñetero hombre fue un animal vivo, un ser vivo que tuvo que aprender a vivir, primero, individualmente, y luego como ser eminentemente social, tal como apuntilló Aristóteles.

Pero como todo ser vivo se halla sometido al más exigente de los principios naturales, sobrevivir, un instinto tan poderoso, que arrastra y se lleva por delante a toda otra aspiración humana. Tú, amigo anónimo, serás todo lo marxista que quieras, pero si algo o alguien te impide la respiración, cumplirás a rajatabla con el principio “primum vivere, deinde filosofare”, sin lugar a dudas, le darás el más firme de los manotazos a lo que te impide respirar y, luego, te pondrás a pensar qué ha pasado y por qué, o sea que, primero, te comportarás como un animal y, luego, como lo que eres, un magnífico filósofo.

Lo primero que hizo el hombre, también sin ninguna duda, fue apropiarse de todo lo que necesitaba de la naturaleza y almacenarlo y delimitarlo, marcando su territorio de alguna manera, como hacen los más primarios animales, y así nos hallamos frente a la propiedad individual, pero también quiso, y luchó por ello, que el fruto de sus esfuerzos y trabajos no se fuera al otro mundo con él, e hizo todo lo posible, con el consentimiento cómplice de sus congéneres, para que lo que había recogido de la madre naturaleza y el huerto primigenio, que había constituido con tanto y tan denodado esfuerzo, fueran patrimonio de su familia, de aquella parte de su familia que le sobrevivía.

Así es, anónimo, cómo veo yo la aparición en la historia del ser humano de esas 2 instituciones fundamentales, los derechos de propiedad y de sucesión.

Y, ahora, la herejía, me importa un bledo lo que digan al respecto Marx y Engels si alguien no me lo expone, no dogmáticamente, sino por medio de un acto tan reflexivo, por lo menos, como el mío anterior, porque yo no estoy aquí, ni ahora ni nunca, para repetir como un papagayo textos sagrados de los Padres de la Iglesia marxista, sino, en todo caso, para leerlos, intentar comprenderlos y hacerlos míos o rechazarlos, pero, de momento, yo soy sólo yo y mis jodidas circunstancias, o sea todo lo que he podido aprender aplicando mi inteligencia a los problemas que la vida me ha ido presentando y, un día, me hallé con que muchas de las conclusiones a las que yo había llegado razonando estaban ya expuestas, magistralmente, por una serie de personas que habían dado en llamarse marxistas y me dije, coño, pues resulta que yo soy marxista también, y sin saberlo, pero ahora parece que no, que sólo soy pobre párroco que predica a sus aburridos feligreses, pues, muy bien, pero da la casualidad de que ese párroco soy yo y que mi aproximación a la verdad tengo que hacerla, primero, con mis propios medios, porque, si no, no sería más que un papagayo, como decía antes, y después con esa ayuda descomunal, maravillosa, inconmensurable de   los grandes sabios que, antes de mí, se preocuparon de analizar los mismos problemas que yo.

Pero lo que no voy a hacer nunca, porque no me lo permite mi propio  razonamiento, mi propio enfrentamiento discursivo con la realidad, eso que los jodidos filósofos han dado en llamar conocer o saber, es asimilar rutinariamente lo que otros me digan, por mucha autoridad intelectual o moral que tengan, porque a mí me han arrojado “in media res” para que asimile la realidad por mi propia cuenta y el marxismo no es más que una parte de esa puñetera realidad.

De modo que, para mí, la gallina fue antes que el huevo, porque el huevo sólo pudo formarse dentro de la gallina, o sea que la realidad primigenia, original, fueron las instituciones naturales, porque iban ínsitas en la propia constitución del hombre como animal, de la propiedad y de la herencia y posteriormente, este mismo hombre, tuvo que enfrentarse con la valoración ética y jurídica, social y política  de las mismas, y de ahí surgieron las ideas sociales y políticas, todas las científicas al fin y al cabo, que nos conformaron como ese “zoon politikon” de que nos hablara el maestro de maestros, pero todo esto, evidentemente para mí, es el huevo, una construcción, si no metafísica, sí que filosófica sobre la realidad, una elaboración más o menos científica.

O sea, amigo anónimo, que no soy yo, precisamente, el idealista, o sea, el párroco, sino tú, que, partiendo de las ideas paridas por esas mentes geniales de los padres del marxismo, tratas, “a posteriori”, de reordenar la realidad con arreglo a las grandes directrices de los más  grandes de todos los maestros.

O sea que el materialismo dialéctico no fue antes que el hombre, creo yo, por definición, y que los conceptos de clase social y lucha de clases tampoco.

 Yo creo firmemente en dichos conceptos que, a lo peor, no he asimilado muy bien del todo, en tu concepto, pero la ciencia marxista no me ciega hasta tal punto mi intelecto para que yo siga pensando, con tu permiso, desde luego, que el hombre fue mucho antes que todas las ideas, que fueron saliendo poco a poco de su cerebro, conforme él fue enfrentándose con una realidad que le superaba para no dejarse arrollar por ella.


[Inciso que introduzco intentando explicar mejor mi pensamiento: Sólo cuando nuestra especie creció de tal  modo que  ya no hubo en el mundo tierra para todos, algo así como en esas películas del Oeste en el que los granjeros llegaban y parcelaban trozos de tierra vírgenes para explotarlas en exclusiva, sólo cuando los frutos de la tierra no se produjeron espontáneamente y en cantidad suficiente para todos, se planteó el problema social de si era justo que unos poseyeran en exclusiva una tierra que, en su origen, era y debe ser de propiedad común, así como que los frutos de la misma pertenecieran exclusivamente también a unos detentadores de los mismos, basándose en argumentos jurídicos tan febles como que la primacía de su ocupación o el trabajo realizado por ellos para su mejor explotación justificaban su apropiación exclusiva y excluyente, y todavía más aún, cuando con la aparición de la industrialización del trabajo, ahora, sí, aparecieron, como elementos absolutamente diferentes, empresarios y trabajadores, y, subsiguientemente también, las clases sociales. En este preciso momento histórico, el derecho debió de cambiar y seguramente cambió. Y no lo hizo “per se” y espontáneamente sino por medio de luchas y revoluciones que trataron de subvertir un orden que era evidentemente injusto. Pero, repito, esto no ocurrió en el principio de los tiempos, cuando el hombre apenas si había aparecido en el mundo y había tierra inexplotada para todos. Fin del inciso.]

Y esto yo no sé si será o no marxista pero es como yo lo veo, con todo el respeto no sólo para Marx y Engels, sino también para ti, desde luego.

Un fuerte abrazo, compañero, y perdona a este profundo ignorante del mejor de los marxismos.

Gadafi y los otros

En las fotos, el yerno de Aznar y su íntimo amigo el hijo de Gadafi, la espada del Islam

Cuando los dioses quieren perder, hundir a alguien, primero, lo emborrachan de poder, lo ciegan con un exceso de autoridad.

Esta sería la desgarradora lectura de los últimos acontecimiento en el Norte de Africa.

Pero ¿hay dioses verdaderamente o son ellos, precisamente, estos pequeños homúnculos los que se han creido que eran dioses?

Porque lo tremendo de todos ellos, si nos detenemos a pensarlo, es que los tres empezaron a aproximarse al poder por la izquierda, dos incluso llegaron a presidir, o casi, internacionales socialistas y el otro llegó a realizar, o inspirar, atentados furibundos contra la omnipresente derecha, Lokerbie, pero, entonces, ¿qué es lo que pasa con la izquierda, cuando llega al poder?

Y ya estoy leyendo a esos magníficos comentaristas de la izquierda diciendo que no es izquierda todo lo que reluce, no son de izquierdas todos los que lo dicen, y es verdad, si lo sabré yo.

Gamal abdel Nasser fue un atractivo señuelo para los que querían realizar una revolución socialista panarábica. Ahí es nada, extraer a unos pueblos, a unas tribus, perdidas esntre las arenas de los desiertos, sumidas en la incultura y en una fe tan irracional como apocaliptica y llevarlos en volandas hasta el socialismo por la potencia de las armas.

N-1, todos estos caudillos árabes intentaron una revolución armada iniciada y desarrollada desde el ejército pero no supieron comprender que el ejercito es la antítesis del socialismo, el socialismo, en el fondo es el más feroz de los ataques contra el poder, pero esto no es más que una simple teoría, porque, en la práctica, al socialismo, puro y duro, no se puede llegar sino es a través del más estricto de los poderes puesto que ataca de raíz las bases de una organización social que hace miles de años que adquirió carta de naturaleza.

Para abolir la propiedad privada y derogar las leyes sucesorias hay que tener el más omnimodo de los poderes porque el instinto posesivo y el de familia, el de la sangre, son los más poderosos porque no son sino emanación del instinto de conservación.

De modo que estos hombres iniciaron su andadura política tratando sinceramente de hacer mucho mejor la situación de sus pueblos y acabaron todos ellos, sin exclusión, convertidos en auténticos tiranos y practicando, a muerte, lo que en principio quisieron combatir, la codicia y el nepotismo.

Resulta incluso ridículo de tan significativo que todos ellos hayan intentado crear sus propias dinastías. Al propio tiempo que invertían sus más acendrados instintos, el antisionismo, y mitificaban su propia personalidad, intentando alcanzar un status  casi divino.

El más representativo, en este aspecto, es, sin duda, Gadafi, al que ser jefe de gobierno le pareció tan poco que se situó por encima incluso del poder político, adoptando un lugar cuasi estratosférico porque, como ha dicho él mismo, contra él no pueden haber revueltas porque él no manda, se halla fuera del Estado y, por tanto, lejos de las querellas políticas, dígase si es posible una posición más cercana a la divivinidad.

Pero estos dioses africanos han resultado ser demasiado carnales.Se hallaban, o se hallan, poseídos por la más feroz sensualidad, no sólo querían mandar sino también poseer, éste de la posesión es probablemente el instinto supremo puesto que lleva implícito también el instinto de la destrucción, ya no sólo la ajena sino también la propia, de modo que todos ellos han sentido la irresistible tentación de destruir lo que pensaban que habían creado, un Estado socialista, cuando era fundamentalmente autocrático.

Gadafi, singularmente, incluso creó una guardia de corps femenina constituida por 200 mujeres que además de ir insuperablemente armadas ¡eran, o son, porque todavía deben de andar por ahí, vírgenes! Y aquí interviene la curiosidad insobornable de Jardiel que preguntaba, con toda la razón del mundo, si alguna vez ha habido realmente mujeres vírgenes.

 Pero el hecho ineluctable es que Gadafi, todavía, está ahí. Es el más dictador de todos los dictadores, recuerda incluso a Hitler y no sólo por su ralo bigote, sino además por esa su insuperable manía de disfrazarse.

Ahora, se ha disfrazado de Dios y ha declarado la guerra a muerte a su propio pueblo, pero ¿se puede luchar realmente contra el pueblo, sea propio o ajeno?

El pueblo es el pueblo es el pueblo es. Y todo lo demás son puñetas.

Si el pueblo quiere realmente una cosa, la hace.

Un juicio al Tribunal Supremo

El País.

TRIBUNA: CARLOS JIMÉNEZ VILLAREJO

Un juicio al Tribunal Supremo

CARLOS JIMÉNEZ VILLAREJO 23/02/2011
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Se aproxima el juicio oral contra el juez Garzón y conviene recordar que el Gobierno español está pendiente de responder al requerimiento de la justicia argentina acerca de “si efectivamente se está investigando la existencia de un plan sistemático generalizado y deliberado de aterrorizar a los españoles partidarios de la forma representativa de gobierno, a través de su eliminación física, llevado a cabo en el periodo comprendido entre el 17 de julio de 1936 y el 15 de junio de 1977”. Evidentemente, la respuesta es la persecución penal del juez Garzón por el Tribunal Supremo (TS) bajo el impulso de los herederos del franquismo, precisamente por haber practicado, como estaba legalmente obligado a hacer, unas diligencias preliminares para esclarecer aquel plan y algunas de sus consecuencias, como las desapariciones forzadas y el secuestro de niños.

      La noticia en otros webs

      Este organismo ya ha errado al impedir investigar los crímenes de Franco y procesar en su lugar a Garzón
      El TS deniega justicia y quebranta el derecho internacional
      El TS debe saber que cuando inicie el juicio al juez Garzón, la conducta del propio TS también será sometida a juicio por los ciudadanos y la sociedad democrática. El pueblo le exigirá que obre con auténtica independencia -al margen de cualquier forma de jerarquización y corporativismo-, con imparcialidad -ya puesta en duda por uno de los jueces de propio Tribunal-, con buena fe, con fiabilidad y con acierto; porque todo ello está en duda desde que en abril de 2009 comenzó el proceso. Y de modo acorde con la Constitución y los valores democráticos, lo que en este caso representa, frente a lo que no han hecho hasta ahora, la rigurosa aplicación de los tratados internacionales respecto de los Crímenes contra la Humanidad.
      El TS debe saber que estará bajo la mirada muda, doliente y desesperanzada de los familiares de las víctimas de la dictadura y de estas mismas. La mirada, entre otras, de los familiares de las 192.684 personas que, según las autoridades franquistas, murieron, la mayor parte de ellas fusiladas, en las cárceles entre 1939 y 1944; de los 1.717 fusilados en el Camp de la Bota de Barcelona entre 1939 y 1952, o de los 6.748 condenados por el Tribunal de Orden Público. Familiares y víctimas que contemplan, incrédulas, la total impunidad del pasado totalitario de España mientras desde otro país nos piden cuentas.
      Y todos los ciudadanos que van a observar y valorar al TS durante el juicio al juez Garzón no olvidan que, objetivamente, el juez Varela y el TS han tomado posiciones, manifiestamente erróneas, para impedir la persecución del genocidio franquista y justificar así la persecución del juez Garzón.
      Así lo acredita el reiterado rechazo a la perseguibilidad de dicho genocidio, consecuencia de la oposición por el TS a admitir los conceptos básicos que sustentan el Derecho Penal Internacional y justifican la persecución de dichos crímenes. Conceptos yaexistentes en la Cláusula Martens de la Convención de La Haya de 1907 y que, tras la derrota del nazismo, estuvieron presentes en el Estatuto del Tribunal de Núremberg, en el Convenio de Roma de 1950 y en los Pactos de Nueva York de 1966, que obligan a su persecución si los hechos “en el momento de cometerse fueran delictivos según los principios generales del derecho reconocidos por la comunidad internacional”.
      La dictadura franquista, intentando aproximarse a la comunidad internacional, asumió algunos de estos Principios incumpliéndolos reiteradamente. El dictador, en 1952, ratificó los Convenios de Ginebra de 1948 sobre la protección de prisioneros y civiles durante los conflictos armados, nacionales e internacionales, que prohibían “las condenas dictadas y las ejecuciones efectuadas sin previo juicio por un tribunal regularmente constituido y dotado de las garantías judiciales reconocidas como indispensables por los pueblos civilizados” (BOE de 26/8, 2/9 y 5/9 de 1952).
      El juicio popular al TS tiene diversos fundamentos. Primero y principal, la decisión de admitir a trámite la querella de la organización ultraderechista Manos Limpias, que atribuía al juez Garzón la comisión de un delito de prevaricación, resolución que, según un organismo del Memorial Democratic de Catalunya, expresaba que aún pervivían en el TS “decisiones marcadas por un sesgo ideológico franquista” y “generaba una duda razonable sobre la imparcialidad del alto tribunal”.
      Y porque el TS ha quebrantado el derecho internacional que regula las obligaciones de los Estados ante las desapariciones forzadas, ha reforzado la impunidad de dichas conductas y ha incumplido el deber de todo tribunal de proteger a las víctimas y proporcionarles la satisfacción adecuada a la gravedad de los delitos que se cometieron contra ellas y sus familiares.
      El proceso penal contra el juez Garzón expresa, asimismo, la quiebra del principio de la independencia judicial y la crimi-nalización de la libre interpretación de las leyes, además, de un preocupante posicionamiento del Poder Judicial dentro de la “lógica de los Estados”, “la lógica hobbesiana del poder” frente a la “lógica de las víctimas”, abriendo una gran brecha en la confianza de los ciudadanos en los jueces que deberían tutelar y amparar sus derechos.
      El transcurso del tiempo ha acrecentado la gravedad del problema que motivó las denuncias a finales de 2006. A finales de 2008, las cifras de desaparecidos ya llegaban a los 152.237. Y, según el informe más reciente de la Oficina para la Atención de las Víctimas de la Guerra Civil y la Dictadura, del Ministerio de Justicia, actualmente existen 1.097 fosas pendientes de actuación.
      Ante esta terrible realidad, las “Asociaciones (denunciantes) para la Recuperación de la Memoria Histórica no pretenden solo identificar a los abuelos asesinados por el franquismo y darles una sepultura digna. De paso, quiéranlo o no, están haciendo un juicio político al franquismo, a la transición y a la democracia que, sucesivamente, ocultó, se desinteresó o tardó en entender el alcance de la responsabilidad en una democracia” (Reyes Mate). Y es por ello que el proceso contra el juez Garzón debe ser analizado como un juicio político al TS, que emprendió la persecución del único juez que se ha atrevido a calificar como criminales a quienes inspiraron y ejecutaron el golpe militar de 1936 y la subsiguiente política de exterminio, así definida por ellos mismos.
      En consecuencia, como dijeron tres magistrados de la Audiencia Nacional, “la investigación a la que tienen derecho las víctimas según el derecho internacional, ha sido clausurada”.
      Ello se ha traducido en una constante denegación de justicia, y de vulneración por el TS de los derechos constitucionales de las víctimas a la jurisdicción, a un proceso debido y a la tutela judicial. No ha habido víctimas más maltratadas, más olvidadas, más “invisibilizadas”.
      Así lo expresa el rechazo del TS a las pretensiones procesales de dichas asociaciones, rechazo que tiene su máxima expresión cuando les reprocha de forma ofensiva “un manifiesto abuso de derecho”, exigiéndoles que se “abstengan de perturbar la jurisdicción del Tribunal Supremo”. ¡Qué muestra de arrogancia, que contrasta con la magnanimidad y benevolencia que han mostrado hacia la representación de la extrema derecha en dicho proceso!
      Ante esta dramática situación, esperamos, pese a todo, que la sentencia respecto del juez Garzón sea la constatación de que, como dijo el jurista Ferrajoli, es verdad que: “¡Hay jueces en Berlín!”, en el sentido de que “debe haber un juez independiente que intervenga para reparar las injusticias sufridas y para tutelar los derechos de un individuo”, en este caso de dicho juez. Y que la sociedad pueda emitir al fin y al cabo un veredicto favorable al TS.
      Carlos Jiménez Villarejo fue fiscal de Anticorrupción.

      Miguel Hernández, Rilke y la patología del lenguaje

      El lenguaje siempre ha sido mentiroso porque el hombre, por naturaleza no soporta la verdad.

      No es ya sólo que mintamos despiertos es que lo hacemos incluso cuando dormimos, todos los sueños no son más que la expresión de nuestros deseos frustrados y, aunque en ellos tiende a abrirse paso una importante cantidad de verdad, el peso de la restricción mental sigue actuando poderosamente.

      Pero ¿por qué mentimos tan continuamente? Porque la verdad pura y dura nos resulta absolutamente insoportable. Yo no puedo decirle a mi  mujer que me gustaría engañarla con su mejor amiga. Ni a mi amigo que, si se descuida, me tiraré a la suya.  Ni a mi hermano que, si puedo, lo engañaré con la herencia. Ni al jefe que procuraré hacerlo en mi trabajo, aplicándome sólo lo imprescindible para que no se note. Ni a mi compañero de faena retirando el hombro todo lo que pueda. Ni a mí mismo, en fin, cuando hago como que no sé que soy esta puñetera mierda mentirosa.

      Pero no es un problema individual que nos afecte sólo a nosotros y al pequeño círculo que nos rodea, la mentira es total, es falso que el mundo sea tal como lo vemos, ahora, asentimos a eso de que la Tierra es redonda y de que está un poco achatada por los polos y ensanchada por el ecuador, pero esto será así ¿hasta cuándo? Porque los nuevos físicos dicen que el espacio es curvo y han encontrado una nueva dimensión que yo no sé siquiera cómo se llama.

      O sea que el lenguaje de la ciencia no es más que una mentira temporal que sustituye a otra mentira que ya ni siquiera existe en el tiempo ni en los libros, en cualquier caso, me niego terminantemente a seguir a los científicos porque nos han llevado al borde del holocausto nuclear.

      Rechazo con la misma energía la labor de los santos porque han situado su objetivo en el más allá.

      Sólo nos quedan los poetas porque intentan penetrar en el corazón de todos los hombres y allí, sí, allí, dormida, esperando que alguien la despierte, se encuentra la verdad, esa verdad que hace que nuestros ojos se llenen de lágrimas.

      Y, entre éstos, tengo 2 favoritos: Rainer María Rilke y Miguel Hernández.

      Rilke tal vez sea el poeta prototípico de los clásicos, tan es así que eligió como causa de su muerte el pinchazo de la espina de una rosa.

      Miguel  es el ejemplo de los poetas telúricos y como tal tenía que morir asesinado de mala manera.

      Porque mientras aquél se refugiaba en hermosos palacios, bajo la protección de exquisitas mujeres, éste pastoreaba cabras en la huerta oriholana.

      Rilke, en sus Elegías de Duíno,  escribió aquello de “¿quién, si yo gritara me escucharía entre las jerarquías de los ángeles”, mientras que Miguel decía “me llamo barro aunque miguel me llame, barro es mi profesión y mi destino que mancha con su lengua cuanto lame” pero aquél no estaba tan lejos de la realidad cuando escribía que todo ángel  es terrible, casi en el mismo tono que Miguel exclamaba “no cesará este rayo que me habita el corazón”, pero mientras el alemán, en sus elegías, sobrenadaba el mundo, Miguel, en la elegía a su amigo Sijé, dijo que “quería  escarbar la tierra con los dientes,  apartar la tierra, parte a parte, a dentelladas secas y calientes. Quiero minar la tierra hasta encontrarte y besarte la noble calavera y desamordazarte y regresarte”. 

      Y yo sostengo la peregrina teoría de que el grito del exquisito  Rilke fue oído mejor que por nadie por aquel tipo de apariencia rústica que escribió aquello de:

         Por una senda van los hortelanos,
      que es la sagrada hora del regreso,
      con la sangre injuriada por el peso
      de inviernos, primaveras y veranos.

      Vienen de los esfuerzos sobrehumanos
      y van a la canción, y van al beso,
      y van dejando por el aire impreso
      un olor de herramientas y de manos.

      “Por la sangre injuriada por el peso de inviernos, primaveras y verano, vienen de los esfuerzos sobrehumanos y van dejando por el aire impreso un olor de herramientas y de manos”.

      Esto, que podría trasladarse muy bien a la salida de una fábrica, él, Miguel, vivía y trabajaba en otro sitio, en otro ambiente, es una verdad como un castillo, “un olor de herramientas y de manos”. Juro por todos mis muertos que yo he sentido ese olor  cada vez que he ido a trabajar donde trabajan ellos, los obreros, y es el olor más noble de la Tierra.

      La prensa canallesca, otra vez más


      Prensa=periodismo=1. m. Captación y tratamiento, escrito, oral, visual o gráfico, de la información en cualquiera de sus formas y variedades.
      Información= Comunicación o adquisición de conocimientos que permiten ampliar o precisar los que se poseen sobre una materia determinada.= adquisición de conocimientos=saber=conocimiento de la verdad=verdad=concordancia de la idea que tenemos o se nos transmite con la realidad de las cosas.

       O sea que la prensa es uno de los medios que los ciudadanos utilizamos para llegar al conocimiento de la verdad, de la realidad de las cosas.

      Este concepto no es sino la expresión sucesiva de los diversos conceptos que el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, DRAL, expone de los significados de cada una de los términos que componen la definición de la palabra “prensa”.

      Lo que hemos hecho, pues, no ha sido sino una especie de razonamiento o deducción matemática de un concepto básico, esencial, para el trabajo que nos proponemos.

      De él deducimos que la prensa es el testigo cotidiano al que acudimos para enterarnos de lo que sucede en el mundo en que vivimos.

      Y otra vez no tenemos más remedio que acudir al DRAL: testigo=1. com. Persona que da testimonio de algo, o lo atestigua. 2. com. Persona que presencia o adquiere directo y verdadero conocimiento de algo.3. m. Cosa, aunque sea inanimada, por la cual se arguye o infiere la verdad de un hecho.

      O sea, resumiendo, que la prensa es aquella institución social que tiene como función informarnos de la verdad, en calidad de testigo. Ni más ni menos que eso.

      O sea que la prensa y nuestro propio entendimiento, nuestra inteligencia, son los encargados de tenernos al corriente de lo que realmente sucede en el mundo.

      De modo que la necesidad de que la prensa sea veraz es condición indispensable de su verdadera esencia, de tal modo que puede afirmarse radicalmente que la prensa que no es veraz no es prensa.

      -Bueno-dirá Relaño Goebbels, director del diario deportivo As-a mí, plin, yo duermo en pikolín.

      O dicho de otra manera a este rey del cinismo desinformativo le da igual el concepto que de él se tenga, para él, para un desaprensivo como él, lo importante es que le dejen seguir cazando ratones, los ratones que a él y a su empresa, Prisa, que se lo consiente, le interesan.

      Y lo que a él y a su empresa, Prisa, le interesa es vender el mayor número de ejemplares de su  periódico, como sea, si, para ello, tiene que mentir descaradamente, le da igual, porque él lo que hace es dirigir un negocio, en modo alguno un medio de información legal y veraz. Si las estadísticas dicen que, en España, la mayoría de los aficionados al fútbol son madridistas, la cosa estriba en decirles a esos aficionados lo que ellos quieren leer, que es, en este momento en que vivimos, que el Barça no es, ni mucho menos, superior al Madrid.

      El problema, el gravísimo problema, el problema que está infectando decisiva y definitivamente la convivencia nacional hasta el punto de que la está haciendo imposible es que esto del As y la información deportiva no es sino una concreción específica de todo lo que está ocurriendo en la prensa nacional.

      En España, no existe realmente prensa, en el concepto que expusimos al inicio de este trabajo, sino una serie de panfletos periódicos que se dirigen precisamente a una labor concienzuda de desinformación de la sociedad.

      Dice una frase que se ha hecho célebre a pesar de su radical falsedad: la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero.

      El hombre de la calle, el ciudadano medio, ése que trabaja cotidianamente para lograr su sustento, no tiene tiempo ni medios de asomarse a la Red de redes, internet, y cotejar todo lo que se dice en los diversos medios de comunicación del mundo y comparándolos unos con otros intentar aproximarse a lo que realmente es la verdad.

      Tiene forzosamente que asomarse al mundo por medio de los instrumentos que una sociedad, radicalmente falsaria, absolutamente podrida, pone a su alcance, de tal modo que concluye padeciendo la peor de las desinformaciones. Y este hecho, tan extendido como lamentable, se halla fundamentalmente agravado por lo que se ha dado en denominar el prestigio de la letra impresa, ahora incrementado por el de las imágenes de televisión, de tal modo que es un verdadero milagro si el hombre de la calle, el ciudadano normal, acaba bien informado.

      Aparte otros influjos, muy consistentes, como la concurrencia en cada caso de los espurios intereses personales, ésta es la causa principal de que el voto de la mayoría de los españoles, por poner un ejemplo, se incline decididamente a favor de aquellos que son precisamente los culpables de su lamentable situación.

      Y, entonces, me dirán ustedes ¿qué es lo que se puede hacer? Y estoy tentado de responderles: nada, pero no lo hago, porque sí que se puede hacer algo.

      En los procedimientos judiciales, al testigo falso, se le denuncia como tal, se prueba su falsedad y se solicita de los órganos judiciales las penas que castigan el falso testimonio, que son realmente graves.

      En el periodismo, juega a favor de la prensa canallesca, que es prácticamente toda, porque en esa disputa por la venta diaria de ejemplares el que no se prostituye totalmente acaba desapareciendo, el principio universal de los derechos humanos de la libertad de expresión, que estos venales profesionales se pasan cotidianamente por el forro de sus atributos, como hoy precisamente hemos visto en el referido As, que ha recurrido a borrar, mediante, el photoshot u otro procedimiento semejante, la imagen física del jugador del Bilbao que evitaba que el del Barça, que centraba en el primer gol de éste, se hallase en fuera de juego, y lo ha hecho, y no es la 1ª vez, con el mayor de los descaros, la solución contra este fraude quizá fuera que todos, absolutamente todos los partidarios del equipo así estafado por un medio de información se dirigieran al órgano ministerial correspondiente solicitando la apertura del pertinente expediente administrativo para sancionar a un medio de comunicación que no cumple con la 1ª de las reglas del juego, dar una información veraz.

       Pero no lo harán. Y lo que ha hecho ese canallesco libelo que es As quedará impune. Como quedarán también impunes todos esos otros como La Razón, Abc, El Mundo, La Gaceta, etc., incluyendo, claro está a El País, que pertenece a la misma empresa que el susodicho As y que contempla impasible como su hijo, otrora menor, falta a la verdad continua y habitualmente.

      El error, el gran error de la izquierda


      ¿Por qué la izquierda se equivoca siempre en todo lo que hace?

      Porque tiene miedo, un miedo insuperable que le ciega la razón, a la derecha, teme que ésta le esté tendiendo otra trampa más y ésa es precisamente la trampa que la derecha le tiende, la del miedo.

      Hace ya tanto tiempo que la izquierda no es sincera que yo ni siquiera me acuerdo de la última vez que actuó con sinceridad, dando la cara, diciendo lo que piensa.

      La derecha no quiere que Eta deje las armas mientras gobierna esta izquierda de pega que es el Psoe y está haciendo todo lo que puede para conseguirlo y yo creo, sinceramente, que lo conseguirá porque el partido en el gobierno teme más que al diablo a lo que diga al respecto la derecha y ésta dice, Mayor Oreja mediante, que está negociando otra vez con Eta a hurtadillas y el Psoe trata frenéticamente de demostrar que no es así y, entonces, va y cae en esa vieja trampa para enanos que le tiende siempre la derecha: no va a dejar que se apruebe Sortu, ese nuevo partido político que se ha sacado de la manga la izquierda abertzale para acudir a las próximas elecciones locales.

      Y, ante esta entrada de la que se autodenomina izquierda de lleno en la trampa, la que sí que es verdad que es la derecha, no, la ultraderecha, se apresura a darle palmaditas en la espalda y a felicitarla llegando incluso, en el colmo del cinismo, a que un tío como  Trillo les diga “claro que sí, muchachos, nosotros sabemos que tenéis razón, que nuestro Mayor Oreja se equivoca, que no estáis negociando con Eta por debajo de la mesa” y la falsa izquierda que es el Psoe respira y se tranquiliza y le entrega blandamente a su enemigo la victoria que éste se proponía conseguir como fuera, si era preciso, a sangre y fuego, echándole a los carcas de toda condición a la calle, porque éstos, obedeciendo a su líder máximo, Aznar, han perdido ya toda clase de complejos y se han convertido todos ellos en furibundos pancarteros.

      O sea que Sortu no va a ser legalizada, o sea que el Psoe no piensa darle a Eta ninguna clase de facilidad para que deje las armas, que, asustado por las voces de ventrílocuo de Mayor Oreja, se pone a las órdenes incondicionales de Rajoy y de ese pequeño Maquiavelo de vía estrecha que es el mayor de los cínicos de este mundo, el supernumerario del Opus, Trillo, y le ofrece, en bandeja de plata a la ultraderecha, el máximo triunfo de la falsa democracia española: conseguir bajo su mandato la rendición incondicional de Eta.

      ¿Cómo no van a ir por delante, muy por delante en las encuestas de intención de voto, estos alegres muchachos de la ultraderecha, si tienen completamente acongojada a la sedicente izquierda que nos ha tocado padecer, que ha consentido, sin combatir, que triunfe la tesis de que la culpa de la crisis la tienen ellos, los de la izquierda, porque no aceptaron a tiempo las cerradas tesis ultraliberales de la peor de las ultraderechas, las de los Usa, que propugnaban que, para que continuara aquella formidable racha económica que convertía en oro todo lo que tocaba, de modo que toda la arena de las playas de esta casi isla que es nuestra piel de toro se transformaba, por arte del birlibirloque aznarista, en un inacabable suelo urbanizable, generando la más grande de las burbujas inmobiliarias del mundo, sólo había que seguir construyendo casas que ya no tenían otros compradores que los propios albañiles que las construían pero que no podrían acabar de pagarlas nunca porque serían despedidos cuando las hipotecas subprime nos estallaran en pleno rostro, originando así esa espiral diabólica que ha llevado al mundo entero a la mayor crisis económica de la historia, provocada por esa pescadilla infernal que se muerde continuamente la cola: construyo para los que construyen que a su vez compran para que los ciegos empresarios del peor de los capitalismos salvajes puedan seguir construyendo lo que ya nadie puede comprar porque las empresas que empleaban a los compradores han quebrado y han echado a la puta calle a todos sus trabajadores, con lo que se fue a la mierda este cuento de la buena pipa?
      Y, mientras, el genio de los genios, Rubalcaba, el tío más inteligente del mundo, sigue haciéndole el juego sucio a sus más feroces enemigos que dicen que es el culpable de aquella traición del Faisán, en la que un miembro de la policía advirtíó a Eta de una redada que se preparaba en su contra, o sea que encima de cornudo apaleado: “pon a Eta contra las cuerdas, hasta el punto de que ya no tenga otra opción que rendirse pero ojo, no te equivoques, no vayas a hacer algo que favorezca, ahora que gobernáis vosotros, la entrega de las armas porque entonces nos echaremos sobre vosotros con toda nuestra furia, de tal modo que llegaréis a desear no haber nacido, tenéis que dejarlo todo a punto de caramelo para que el próximo año, cuando ya gobernemos nosotros, podamos recibir el bárbaro homenaje de su rendición con armas y bagajes mientras vosotros miráis a través de las ventanas, como triunfamos nosotros, gilipollas, que sois unos perfectos gilipollas, y, además, os creéis que sois los reyes del mambo, si seréis tontos, coño”.

      La berlusconización de la política española (II)

         


      Rajoy y Ferderico Trillo

      A primera vista, parece improcedente comparar a Rajoy, un tipo de indiscutible perfil bajo, no hay que olvidar que el gran Peridis lo dibuja siempre, en El País, acostado en su cama,  con un tío de un perfil tan activamente acusado como Berlusconi, pero las diferencias sólo son de carácter.

      En cuanto a sus respectivas éticas, o mejor escrito, falta de ética, el perfil de ambos personajes es el mismo.

      Decíamos ayer que los parámetros esenciales de la actuación política de Berlusconi eran:

      “1-la asunción de un descarado cinismo que se enfrenta a la opinión pública completamente convencido de que su dominio absoluto de los medios de comunicación no dejará que éstos actúen nunca en su detrimento;

      2-la más completa desmoralización de la práctica política que se pone al servicio de los intereses personales propios de la clase gobernante hasta un punto no conseguido nunca hasta ahora:”.

      Que el PP, partido que preside Rajoy, domina “velis nolis”, todos los medios de comunicación españoles menos Público, respecto al cual no lo hace en absoluto, y El País, cuya tendencia a una pretendida imparcialidad ha comenzado a resquebrajarse desde su cuasi adquisición total por una grupo usaniano, todos, absolutamente todos los demás medios de comunicación se hallan dominados plenamente por el partido de la ultraderecha.

      En estas condiciones, si Rajoy no asombra al mundo, organizando orgías y bacanales en las fincas privadas de estos plenipotenciarios sátrapas, es porque tales fiestas no le van en absoluto, dado su peculiar carácter, pero de lo que no puede quedar duda alguna es de que todo lo demás que perpetra Berlusconi lo hace también el ínclito pontevedrés, unido al italiano por ese puente de oro que representa su jefe ideológicopolítico que es el que le designó con su dedo para la presidencia que ostenta, Aznar.

      Si Berlusconi niega la luz del sol, a cada momento, diciendo que los jueces le persiguen, no menos hace nuestro Rajoy, bien directamente, bien a través de sus voces oficiales la Cospedal y la Santamaría, bien por ese demoníaco individuo con el cinismo suficiente para decir que Pérez Rubalcaba debe asumir las consecuencias políticas, o sea, dimitir, tal como hizo aquel ministro de justicia que se atrevió a cazar sin licencia, de los actos realizados por sus subordinados, en el caso Faisán, en virtud del inexorable principio jurídicopolítico de la “culpa in vigilando”, mientras que él, Trillo, no sólo no ha dimitido nunca de ningún cargo por haberse producido durante su mandato como ministro de Defensa el más denigrante de todos los episodios políticos de la reciente historia de nuestro país, el desastre del Yak 42, que condujo no sólo a la muerte, por su tacaña racanería de tolerar que se contratasen durante su mandato los peores aviones del mundo para el traslado de nuestras tropas, a unos 70 militares de toda graduación, sino que, después, con las prisas que le metía su jefe, Aznar, que pretendía acabar cuanto antes con aquel maldito asunto, cometió la sin par iniquidad de ordenar al jefe de los peritos que envió a Turquía para el reconocimiento y repatriación de todos ellos, que se liara la manta a la cabeza y sorteara a boleo tales identificaciones y se trajera los cadáveres de unos compañero de armas suyos, Trillo es también de profesión militar, en una vergonzosa mezcolanza de cuerpos destrozados, placas identificatorias trastrocadas, como luego se demostró tan cumplidamente que los jueces españoles, esos jueces que honran con su deferencia tan entrañable a la ultraderecha española, no tuvieron más remedio que condenar a pena de cárcel al general que Trillo envió, con sus órdenes más tajantes, a perpetrar uno de los episodios políticamente más repugnantes de toda la historia internacional de la infamia.

      Pues, bien, estos 2 tipos, Rajoy y Trillo, son los que claman en toda su prensa servil y canallesca, pidiendo la dimisión del ministro de Interior español actual, Rajoy también ocupó este ministerio y sabe perfectamente de qué va la cosa, por unos pretendidos hechos delictivos que un subordinado suyo presuntamente cometió en un caso judicial sobre el que todavía no sólo no se ha pronunciado sentencia condenatoria alguna sino que se halla en plena fase de instrucción por el tribunal competente, que, por cierto, ha rechazado, hace apenas unos días, la declaración del Secretario de Estado de dicho ministerio por considerarla absolutamente improcedente.

      O sea que tanto Rajoy, ex ministro de Interior, como su incondicional subordinado, Trillo, ex ministro de Defensa, durante el caso Yack 42, practican la táctica berlusconiana de mentir cínicamente, con todo el descaro del mundo, sobre una realidad inexistente mientras que hacen como que nunca rompieron un plato durante sus respectivas estancias al frente de ministerios en los que se cometieron los peores abusos de la historia universal de la infamia.

      O sea, berlusconismo puro y duro. Para que la identidad sea total, sólo faltan las “velinas” pero es que el uso y abuso de tales mozas se lo tiene prohibido a uno, Rajoy, su manera de ser y al otro, Trillo, su condición de miembro supernumerario del Opus Dei.

      La sociedad podrida


      Ultimamente, he escrito una serie de posts que mucho me temo que hayan podido transmitir una idea de mi pensamiento político esencial que no está en absoluto de acuerdo con la realidad. Para deshacer ese equívoco, si lo hubiere, me permito la libertad de traer a aquí un comentario que escribí  hace ya algún tiempo y que publiqué en el chat de Saco y que no sé si también lo incluí aquí.


      #156 Comentario por eutiquio1.=12/06/2010 @ 10:18

      La sociedad podrida

      Siempre he creído que la figura de Felipe González estaba esencialmente sobrevalorada, a pesar de que, después de su derrocamiento, ha gozado de una intangibilidad tan unánime que resultaba altamente sospechosa.

      Vuelvo, una vez más, a la terrible frase de Lampedusa: es preciso que todo cambie para que todo siga igual, es el culmen del pragmatismo de la ultraderecha y consagra la que es inteligentísima táctica del pensamiento reaccionario que parece que va a imperar ya para siempre en el mundo: la historia de la humanidad se concreta en períodos de regresismo seguidos de otros de progresismo siendo éstos últimos cada vez más breves y menos intensos porque el pensamiento reaccionario ha conseguido la primacía en las élites gracias a lo que se ha dado en llamar la traición de los intelectuales.

      Por su nacimiento, dentro de una familia esencialmente burguesa, propietaria de una vaquería en Sevilla, por su formación universitaria, estudios de Derecho en aquella universidad, por su profesión, abogado laboralista, por su concepción del mundo y de la vida heredada de los que fueron sus maestros en la Facultad, Felipe es el típico producto de las élites falsamente progresistas de una derecha inteligente que se preocupaba, sobre todo, de cumplir la máxima de Lampedusa: con la extensión inevitable de la cultura de masas, gracias a la imposición de la instrucción pública, la derecha tenía que irse acomodando a las exigencias de una mayor apertura social, acomodación que se concretaba en la aparición de falsos partidos de izquierda que lo primero que hacían era abjurar del maxismo.

      El marxismo, acabamos de decirlo hace unos días, es, sobre todo, un sistema, un método de análisis de la realidad y trata de comprender los acontecimientos históricos a la luz de las circunstancias económicas que concurren en cada caso, partiendo de lo que, para él, es una premisa indiscutible: la economía es el substrato esencial de toda actividad humana, de tal manera que todo lo demás no son sino superestructuras económicas.

      Esta verdad elemental e indiscutible fue echada a un lado por González, en su famosa abjuración del marxismo y en ella se halla el principio del fin de todo lo que la izquierda ha intentado desde entonces, porque fue y es esencialmente definitivo preferir morir apuñalado en el metro de Nueva York que de hambre en Moscú, o sea, preferir la libertad mafiosa representada esencialmente por la facilidad liberal para todo incluso para el crimen a la disciplina social que implican todos los procesos auténticamente revolucionarios en orden a la consecución de la igualdad social, que no puede conseguirse nunca sin una lucha cerrada en la que es indispensable no sólo la complicidad del Estado sino su participación activa, todo lo contrario de lo que preconizaban esos 2 baluartes históricos de la auténtica libertad, Reagan y Tatcher, cuando afirmaron la que se considera máxima esencial de todo auténtico liberalismo: el Estado no es la solución, es el problema. Y así de aquellos polvos hemos llegado a estos lodos, de modo que no hay por qué quejarse.

      No se puede adoptar el apotegma de Mao: gato negro, gato blanco es igual, lo importantes es que cace ratones porque, entonces, se está desmoralizando toda la actividad política y éste es el principio esencial de la ultraderecha y su asunción por cualquier ideología izquierdista implica, por consiguiente, su propia desnaturalización.

      De ahí que, desde entonces, la lucha por el poder en nuestra desdichada sociedad no se dé entre izquierda y derecha sino entre facciones inasumidas de una misma derecha que esgrime ante cualquier intento de progreso efectivo de la sociedad ese arma irrebatible de que es el más radical ultraliberalismo del mercado el faro indiscutible para la navegación política.

      Porque es hora ya de que nos despojemos de las máscaras. Una ideología que admita como principio inalienable de su actuación política que el mercado es el tótem y tabú de toda su actuación política es esencialmente de derechas y todas ésas medidas que suponen la moderación de dicho principio no son sino parches o remiendos de una mentalidad esencialmente regresiva.

      Es por eso que se ha impuesto sin ninguna clase de trabas la sociedad que propugnaba Popper pero que yo no me atrevería nunca a llamar abierta sino íntegramente podrida porque supone que los valores humanos se han supeditado de tal manera a los puramente instrumentales del mercado que el mundo entero se manifiesta como un ente podrido en el que los valores que antaño fueron esencia de la humanidad ahora no es que no sean admitidos sino que son perseguidos con verdadera saña.

      De aquí los golpes de muerte que la revolución conservadora está asestando a los últimos vestigios que restan en el mundo a lo que se denominó Welfare State, Estado de bienestar, y que, según Wikipedia, es un gobierno donde el Estado desempeña un papel clave en la protección y promoción de los derechos económicos y el bienestar social de sus ciudadanos. Se basa en los principios de igualdad de oportunidades, la distribución equitativa de la riqueza, y la responsabilidad pública para quienes no pueden acogerse a las normas mínimas para disponer de lo necesario para una vida que merezca realmente este nombre.

      La berlusconización de la política española

      Si tratamos de establecer cuáles son los parámetros que constituyen el eje de la actuación política de Berlusconi los podemos sintetizar de esta manera:


      1-la asunción de un descarado cinismo que se enfrenta a la opinión pública completamente convencido de que su dominio absoluto de los medios de comunicación no dejará que éstos actúen nunca en su detrimento;

      2-la más completa desmoralización de la práctica política que se pone al servicio de los intereses personales propios de la clase gobernante hasta un punto no conseguido nunca hasta ahora:

      1-A) todos los diarios italianos, menos uno o dos, son dominados férreamente por este nuevo y ferocísimo Mussolini que no tiene reparo alguno en utilizarlos a su favor silenciando todo lo que pudiera significar una crítica por mínima que sea y propalando una serie de encomiásticas expresiones que carecen absolutamente del menor fundamento;

      1-B) todas las emisoras de TV, menos la Rai estatal, le pertenecen y todas ellas realizan una labor de ocultamiento de lo peyorativo y ensalzamiento de lo inexistente respecto a su propietario que supera incluso, si es que ellos es posible, esa asquerosa sumisión a los intereses del PP que sufre la televisión oficial valenciana.
      Es exactamente igual a lo que ocurre en España, con la sola diferencia de que aquí, la personalidad de Berlusconi aparece desdoblada y por comunidades autónomas, dado el sistema de su organización política territorial.

      Así, en la comunidad valenciana, por ejemplarizar, Berlusconi sería una síntesis de dos especímenes políticos claramente estereotipados: Camps y González Pons.

      CAMPS: es la persona que asume la gestión de la insuperable corrupción que representa toda la actuación política del PP:

      A) contaminación hasta la total podredumbre de la función pública, que alcanza parámetros incluso superiores a los de Berlusconi en Italia, dado que el nivel cultural del ciudadano valenciano es muy inferior al de su homólogo italiano, hasta el punto de que toda la actividad política se concreta en una especie de “do ut des”=”te doy EQUIS para que tú me des a mí lo que yo necesito de la Administración publica para obtener el máximo beneficio para mis empresas a cargo o en perjuicio de los intereses de los ciudadanos de  esta comunidad que, en el colmo del borreguismo, encima aplaudirán el expolio que continuamente les hacemos;

      Un inciso para comentar la increíble ceguera política de una ciudadanía que parece, una de dos:

      1-o completamente ciega ante el abuso que supone que el dinero obtenido de sus impuestos sea malversado en favor de los que ya lo tienen por castigo, lo que provoca inexorablemente el enriquecimiento delictivo, injusto y vertiginoso de su clase política al  propio tiempo que su empobrecimiento como ciudadanos, que pierden a raudales calidad o sufren incluso la supresión de los servicios públicos a los que, como tales, son acreedores;

      2-o completamente corrupta, incluso más aún que sus propios administradores públicos, porque no sólo consiente sino que aplaude, celebra y garantiza con su voto la perpetuación de este estado de cosas.

      GONZALEZ PONS:

      Encarna la función que el Conde Ciano realizó para su suegro Mussolini y la de Goebbels respecto a Hitler, sólo que con más descarado cinismo aún, puesto que llega a decir cosas tales como que ellos, los del PP, representan al partido que defiende a los trabajadores cuando son la bota claveteada que oprime sus gargantas contra el suelo, los que pretenden dar el último golpe mortal a lo que resta del Estado de bienestar en este desdichado país nuestro en el que concurren las 2 más grandes desgracias que pueden afligir a un pueblo: la coincidencia de un partido dotado del mayor de los cinismos posible y de la peor de las ideologías y un pueblo totalmente desorientado y pervertido por el uso  y abuso de unos medios de comunicación que han vendido íntegramente su alma al peor de los demonios: el capitalismo.

      Que su Dios, ese dios que encarnan la Conferencia episcopal española y el Vaticano, nos coja confesados.

      Miguel Hernández sigue perseguido después de muerto

      Llevo toda la vida sumido en un problema atroz.


      De una parte, sé que, sin justicia, la vida sería totalmente imposible, pero también sé que es peligrosísimo, tal vez suicida, otorgar a un hombre el poder de juzgar a otro hombre, porque éste es un ser de una pieza, un todo orgánico, incapaz de actuar por partes, de tal modo que cuando hace algo, todo él, desde sus más bajas tripas en plena digestión hasta la química que hace funcionar su cerebro está implicada en su acción.

      Por eso escribía hace muy poco que un juez, si es un hombre como debe de ser, es una tragedia con piernas y hubo algunos a los que esta definición mía no les gustó nada.

      Vayamos, pues, por partes.

      Si es metafísicamente imposible que el hombre sea total, plenamente imparcial, ¿debemos consiguientemente abolir la posibilidad de que se ponga en práctica una justicia humana?

      Debo de confesar que a mí, particularmente me repatea lo más bajo de mi anatomía, oír a sesudos tertulianos de las mejores emisoras radiofónicas, llenárseles la boca al proclamar que lo ha dicho la justicia y ya basta.

      Yo he vivido por, para y de la justicia durante 40 larguísimos años de mi vida. Y os aseguro que, tal vez, sea la más dura de las formas de vivir porque participas de una manera más o menos decisiva en que sentencias como la de Miguel Hernández concluyan determinados juicios.

      De modo que alguno de esos tertulianos podría revolverse contra mí, gritando, como ya lo hizo algún otro de los que andan en estos blogs: “Oiga y ¿usted por qué siguió participando en los juicios si comprobó que algunos de ellos no eran sino la perpetración de una total injusticia a sabiendas, no es ése el concepto de prevaricación?”.

      De manera que no tengo otro remedio que volver al principio. Seguramente es por desconocimiento de la materia pero no acepto la postura anarquista porque creo que el derecho es tan necesario para la vida del hombre como el aire que respira y el agua que bebe, sin derecho, el mundo entero desaparecería en un instante. El derecho es lo que me permite a mí, en este mismo instante estar aquí, escribiendo todo esto en mi ordenador, sin que nadie me lo impida, y el derecho será también el que me permita, mañana, cuando amanezca, que vaya  a comprar el pan, en paz, a la panadería de la esquina. El derecho es lo que impide que unos ocupas vengan esta noche a mi casa y me expulsen de ella, en fin….

      Pero también el derecho es ese arma terrible que condena a muerte, ¡a muerte! a un hombre por una acción que ha cometido, sea la que fuere, que permite que el más grande de todos los poetas en lengua española fuera torturado de la peor de la maneras hasta su muerte.

      Ah, el derecho. “Rigth” en inglés, “directus” en latín, recto en español. Cuántas canalladas, cuántos crímenes se cometen todos los días en tu nombre y, sin embargo, deberíamos de ser todos muy conscientes de que se cometerían muchos más si no existieran esos órganos uni o pluripersonales encargados por los Estados de administrar justicia. 

      ¿Entonces? Decía, creo yo que decía, el que es el maestro de todos mis maestros, que “en un término medio, reside la virtud”, y la justicia, a no dudarlo, es una virtud.

      Hay que admitir, no tenemos más remedio que hacerlo, es una más de nuestras terribles servidumbres, que un hombre sea juez de otro hombre que puede ser el hijo de su peor enemigo, o el mejor poeta de todos los que se produjeron nunca en la izquierda, siendo el juez partidario acérrimo de la peor de las derechas.

      Miguel Hernández nunca hizo otra cosa que no fuera pastorear cabras y escribir los mejores poemas que yo he leído, poemas que surgieron de su pecho impregnados de su profunda ideología de hombre del pueblo, lo que tenía que molestar hasta el tuétano a todos esos otros tipos para los que el pueblo es la chusma, la plebe, el populacho, la canalla que huele a sudor y a ajo. Y, además, el jodido tío se empeñó en algo que hasta él estaba prohibido y que, después de él, un montón de jodidos pusilánimes quieren que siga prohibido:escribir con el corazón sobre todas la injusticias vitales, naturales Y SOCIALES que el hombre sufre en el discurrir que constituye su vida.

      Por eso, unos tipos que NO eran jueces que, tal vez, ni siquiera eran militares pero sí que eran unos perfectos canallas, lo condenaron a muerte por seguir siendo fiel a algo que ellos, precisamente ellos, habían traicionado, la lealtad al gobierno que el pueblo había elegido por mayoría en las urnas.

      Y, ahora, complazco a mi querido comentarista que me pide en mi blog un juicio técnico sobre esta indecente NO sentencia.

      Lo que un infame tribunal militar dictó contra Miguel no es una sentencia porque ésta es la declaración que un juez o tribunal COMPETENTE hace sobre un disputa jurisdiccional que se le propone.

      Un tribunal militar no era competente para juzgar a Miguel porque éste no era personal militar sino civil pero es que, además, un tribunal constituido bajo un régimen que se sustentaba en una rebelión armada contra un gobierno legalmente constituido no era tampoco legítimamente un tribunal de modo que en la llamada sentencia coincidídan por lo menos 2 motivos que provocaban su nulidad radical o de pleno derecho:

      1-la incompetencia plena del órgano pretendidamente jurisdiccional

      2-la falta de competencia objetiva por razón de la materia porque Miguel no era militar ni los hechos por los que pretendidamente se le juzgaban tampoco estaban sujetos a esta especialísima jurisdicción.

      Tal vez, sea por este razonamiento por lo que el TS se ha salido por la tangente y ha esquivado pronunciarse sobre el recurso de revisión que ha planteado la familia, apoyándose en la pretendida efectividad de la  llamada Ley de la Memoria Histórica.

      Pero como dijo el más genial de nuestros filósofos que, además, era torero, lo que no puede ser no puede ser y además es imposible.

      Si uno de los pedimentos del suplico de la demanda de revisión de los familiares estaba fundamentalmente dirigido a pedir se borren del registro de sentencias ésta por la que se declara un montón de indignidades como cometidas por Miguel, el referido tribunal debió de hacer  una de 3:

      1-o, al denegar su propia competencia por mor de la antes citada ley que le impide, como dicen que le impedía a Garzón, entrar a conocer del asunto, indicar qué órgano tiene a su juicio dicha competencia,

      2-o, admitiendo su propia competencia dictar un fallo aplicando dicha ley y ordenando borrar de su Registro de sentencias la que condenaba a Miguel,

      3) o enumerar clara y detalladamente los motivos legales que le impedían entrar a conocer del asunto.

      Como no conozco ni el texto de la sentencia que condena a Miguel, ni el recurso de revisión de la misma presentado por los familiares de éste ni el texto de la resolución de la Sala de lo Militar del TS, todo lo que he expuesto no son más que unas reflexiones generalísimas a vuela pluma sobre el tema que un amabilísimo comentarista de mi blog me ha propuesto.